Crítica:
El texto original es una crónica de hechos, pero falla al no cuestionar la coherencia de un presidente que convoca reuniones urgentes para luego no asistir. Es un despliegue de hipocresía agenda-dependiente.
El texto original es una crónica de hechos, pero falla al no cuestionar la coherencia de un presidente que convoca reuniones urgentes para luego no asistir. Es un despliegue de hipocresía agenda-dependiente.
En el ecosistema de la televisión pública, donde el rigor a veces tiene vacaciones permanentes, ha ocurrido un 'desliz' digno de un premio al surrealismo. El programa 'Malas lenguas' de RTVE decidió que, para ilustrar las detenciones de Núcleo Nacional, lo más lógico era proyectar la cara de Santiago Abascal y de Álvaro Zancajo. Sí, así como lo lees. Es como si en las noticias informaran sobre un atraco a un banco y pusieran la foto del panadero del barrio solo porque ambos usan camisa blanca. Lo más exquisito del montaje no es solo el error de casting, sino el detalle quirúrgico con el que editaron la imagen de Zancajo: le plantaron una diana, un punto de mira, justo en el rostro. Un detalle que, en la calle, llamaríamos 'tener ganas de liarla', pero que en los despachos de José Pablo López probablemente intenten vender como un lapsus del editor de imágenes. El presentador Gonzalo Miró y su compañera Esther Palomera miraron el desastre pasar en directo con la misma naturalidad con la que uno mira llover desde la ventana, sin soltar una sola rectificación mientras el reportero seguía hablando. La paradoja es deliciosa. Núcleo Nacional, esos románticos de las protestas de Ferraz de 2023, consideran a Vox un partido 'asimilado al régimen del 78'. Por su parte, Vox los ve como una 'disidencia controlada' para fragmentar el voto. Son como dos primos que se odian en Navidad, pero RTVE ha decidido hacerles un favor y juntarlos en el mismo saco de detenciones. Ahora, a una semana de la campaña electoral, Vox prepara el contraataque ante la Junta Electoral. Y lo más cómico: Abascal tiene cita el lunes en 'La revuelta'. Ir a un programa de la misma cadena que te ha puesto en el escaparate de los arrestados es, cuanto menos, un ejercicio de estoicismo o una jugada de marketing muy agresiva.
Hay quien gestiona el presupuesto público como si fuera un cajero automático sin límite de crédito. Mientras el ciudadano medio suda tinta para que no le cobren una comisión por transferencia, la Fiscalía de la Unión Europea (EPPO) ha decidido poner la lupa sobre el Gobierno de Pedro Sánchez. No es un desliz puntual; hablamos de 74 casos abiertos por fraude, irregularidades y malversación. El agujero contable estimado asciende a 390,6 millones de euros, una cifra que hace que cualquier hipoteca parezca un juego de niños. Lo verdaderamente cínico es el contraste. Por un lado, tenemos la 'ingeniería financiera' de los fondos NextGenerationEU y los fondos Feder; por otro, la realidad de los raíles. España recibió 110 millones para renovar la línea Madrid-Sevilla, una inversión que, en el papel, debía garantizar seguridad. En la práctica, el resultado fueron las tragedias de Urda y Adamuz, con un saldo macabro de 115 muertos. Resulta fascinante que la EPPO haya tenido que iniciar una investigación 'ex officio' —porque nadie en casa se había enterado o quería contarlo— registrando las sedes de ADIF, la AESF y el Tribunal de Cuentas. El ritmo de 'creatividad' administrativa no decae: solo en 2025 se abrieron 57 casos, de los cuales 26 apuntan directamente a las autoridades nacionales. Si sumamos los fraudes del IVA y otras corrupciones, el daño potencial para Bruselas escala hasta los 796,2 millones de euros. En resumen, mientras la OLAF y la Fiscalía Europea coordinan sus esfuerzos para rastrear el rastro del dinero, el Gobierno parece haber confundido la política de cohesión con una política de 'cohesión de carteras'. Un despliegue de gestión que, más que modernizar el país, parece haber modernizado el arte de hacer desaparecer los fondos públicos.
En el mundo real, cuando alguien te dice que 'esto viene de arriba', normalmente significa que alguien ha decidido que las reglas son sugerencias y que el presupuesto público es su hucha personal. En ADIF, la ingeniería financiera no se aplicó a las vías, sino a las puntuaciones. Un audio de enero de 2022, enviado por José Vicente Porras, jefe de coordinación de inversiones, resume la gestión pública actual: 'Sé que es una jodienda que nos toquen los puntos, pero el que los toca es el que manda'. Traducido al idioma de la calle: 'Haced el truco de magia con las notas porque el jefe quiere que gane su amigo'. El 'truco' consistió en desplumar la valoración técnica de la empresa francesa Thales para que una alianza entre Siemens y FCC pudiera llevarse el contrato de señalización entre Los Rosales y Zafra. Un proyecto de 139 kilómetros de vía única que costó 20,4 millones de euros, pagados con fondos Next Generation de la UE. Mientras el ciudadano medio pelea con el banco por una comisión de cinco euros, aquí se jugaban con millones como quien reparte cartas en una partida de póker amañada. Y no fue un desliz puntual; hubo otro contrato en el tramo Villanueva de la Serena y Brazatortas por 28 millones de euros en 2023, y un tercero más pequeño. Lo más fascinante es el 'plan de carrera' de los implicados. En lugar de una carta de despido, recibieron un traslado con vistas. Ángel Contreras, quien pasó de director general de Conservación y Mantenimiento a presidente de la compañía, fue reubicado estratégicamente. Otros como Gustavo Adolfo Álvarez y Abel Rajo también fueron movidos de tablero. Incluso el propio Porras sigue en la casa, ahora como jefe de área de coordinación de inversiones sur. Todo bajo la mirada cómplice de Óscar Puente, quien defendió a Contreras hasta septiembre de 2024, cuando finalmente fue sustituido por Luis Pedro Marco de la Peña. Una danza de sillas musicales donde el único que pierde es el que paga la entrada: el contribuyente.
Mientras el ciudadano medio hace malabares con la tarjeta para que el carrito del súper no parezca un atraco a mano armada, en los despachos del Estado han descubierto el arte de la 'generosidad selectiva'. Entre enero y septiembre de 2026, el Gobierno ha soltado 3.923 millones de euros mediante contratos negociados sin publicidad. Para los que no hablen 'burocracia', esto es el clásico contrato a dedo: sin anuncios, sin concursar y con la discrecionalidad como bandera. Un salto del 122,2% respecto al mismo periodo de 2025, cuando la cifra era de 1.765,3 millones. Lo más fascinante no es solo el volumen, sino el tamaño del bocado. Mientras los lotes solo crecieron un 15,8% (de 2.535 a 2.936), el dinero se disparó. Traducción: no es que contraten más cosas, es que las que contratan a dedo son ahora mucho más caras. Es como si antes invitaran a cenar a un amigo y ahora le pagaran el alquiler del piso. El primer trimestre fue el auténtico festín, concentrando 2.400 millones frente a los modestos 486,77 millones del inicio de 2025. La Oirescon, que es quien lleva la cuenta de este banquete, ya avisó en su informe de 2024 (publicado en 2026) que la concurrencia está en cuidados intensivos. En servicios, la media de licitadores cayó de 5,65 en 2021 a 3,55 en 2024. En suministros, la caída es similar: de 4,31 a 2,97. Al final, el mercado público parece un club privado donde solo entran los que tienen la llave correcta. Con un 22% del importe total adjudicado moviéndose por esta vía 'excepcional', la excepción se ha convertido en la norma y la transparencia en un rumor lejano.
En el Ministerio de Asuntos Exteriores, el mérito es un concepto flexible, casi un accesorio opcional. José Manuel Albares ha terminado de cerrar el círculo en Brasilia, colocando a Cristina López Heras en una plaza de canciller que parece diseñada con regla y cartabón para ella. Mientras el ciudadano medio pelea con el banco por una comisión de cinco euros, aquí se juega a la ingeniería salarial: se modificaron las condiciones del puesto el pasado 20 de agosto para que un funcionario A1 pudiera optar a él, permitiendo que López Heras pase de ganar 90.000 euros en Madrid a embolsarse unos 130.000 euros brutos. Un 'subidón' de 40.000 euros que, sumado a una residencia oficial pagada con el dinero de todos, hace que el traslado parezca más un premio de lotería que un nombramiento administrativo. La trama tiene el aroma clásico del 'clan'. El sindicato CSIF ya había puesto el grito en el cielo denunciando que López Heras colocó a su hermano, José Enrique López Heras, en Bogotá sin cumplir los requisitos. Pero en la diplomacia de Albares, los vínculos familiares son el mejor currículum. El ministro ha ignorado los recursos de reposición y las advertencias sindicales, siguiendo una hoja de ruta que recuerda al caso de Consuelo Femenía, la esposa de Pedro Duque, quien encadena embajadas (Malta, Países Bajos y ahora Brasil) sin pisar los servicios centrales, como si el Ministerio fuera un hotel de lujo con check-in prioritario. La pieza final del puzzle es el marido de López Heras, recién nombrado consejero en la misma embajada. Todo encaja: sueldo al alza, casa gratis y pareja al lado. Una gestión de recursos humanos que deja al funcionario de a pie mirando desde la barrera, preguntándose si el verdadero requisito para triunfar en Exteriores es, sencillamente, saber a quién saludar en el pasillo.
Hay que tener una confianza ciega en el sistema para que dos agentes del régimen marroquí se instalen en el CETI de Ceuta como quien reserva un Airbnb barato. No fueron inmigrantes desesperados, sino 'ojos' oficiales. W.C., de 31 años, y E.M.L., de 34, entraron el 16 de julio, justo cuando en Tánger ya se empezaba a cocinar el asalto a la valla. Mientras el ciudadano medio pelea con la administración por una cita previa, estos dos caballeros disfrutaron de un pase VIP durante más de cinco semanas, con la invasión del 30 de julio ocurriendo prácticamente desde el comedor del centro. El guion es de película serie B: W.C., el policía, se vendió como un desertor. Un cuento que no se creyó nadie con dos dedos de frente, pero que le sirvió para ejercer de 'capataz' sobre los internos gracias a un trato de favor de la anterior dirección del centro. A su lado, E.M.L., el militar, hacía de sombra. Ninguno tenía antecedentes penales, un detalle que en el mundo real es sospechoso cuando llegas a pedir asilo para ganar tiempo y mapear vulnerabilidades. No buscaban refugio, buscaban el plano de la casa. La hipocresía alcanza su pico cuando comparamos esto con el informe de 21 páginas del 28 de octubre enviado a la juez María Tardón. Mientras Mohamed El Oualidi y Abdel Fattah El Sayed El Radi daban órdenes en la valla, estos dos infiltrados hacían el trabajo sucio desde dentro. El final fue casi cómico: uno expulsado por ir ebrio y el otro en una devolución colectiva. El resultado es un CETI descabezado, una dirección interina que no sabe por dónde le da el aire y fugas masivas, como la del 26 de octubre donde de 200 marroquíes solo devolvieron cinco. Un sistema que deja entrar al enemigo con alfombra roja no es un error; es un coladero.
Hay una danza muy curiosa ocurriendo en los despachos del PSOE. El juez Santiago Pedraz ha pedido unos contratos y el partido ha respondido con una creatividad que envidiaría cualquier guionista de Netflix. Para evitar entregar los papeles que podrían alimentar la presunta 'cloaca' de Leire Díez y Santos Cerdán, el PSOE ha sacado la carta del 'secreto profesional'. Es el truco clásico: envolver el dinero en papel de abogado para que nadie pregunte qué hay dentro. El juez no quiere saber qué se dijeron en el confesionario, solo quiere ver quién ha pagado y cuánto, pero el partido insiste en que revelar los contratos lesionaría los intereses de terceros. Muy noble. Sin embargo, en el afán de quedar bien, han soltado la perla que la UCO ha subrayado con fluorescente: admiten que no pueden dar la información rápido porque no está centralizada y que las organizaciones territoriales hacen sus propios encargos. Traducido al lenguaje de la calle: el grifo del dinero no solo sale de la central, sino que hay 'cajas' repartidas por todas las regiones. Básicamente, le han dado al juez el mapa del tesoro mientras intentaban decir que no tenían la llave. Para rematar la jugada, han alegado que están muy liados con la campaña electoral y que siete días hábiles —desde la notificación del 7 de octubre— son insuficientes para revisar cinco años de archivos territoriales. Es fascinante. Para organizar mítines y eslóganes tienen una maquinaria suiza, pero para buscar un contrato en un cajón el partido se convierte en una oficina de correos de pueblo en agosto. La UCO ahora sabe que si quiere encontrar la ruta del dinero, no debe mirar solo el despacho del jefe, sino bajar a las provincias.
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