Crítica:
El texto original es un festín de datos, pero peca de repetitivo al insistir en la 'élite wokista' de la universidad, un adorno ideológico que no aporta valor a la denuncia del gasto público.
El texto original es un festín de datos, pero peca de repetitivo al insistir en la 'élite wokista' de la universidad, un adorno ideológico que no aporta valor a la denuncia del gasto público.
El Gobierno juega al póker con el clima y, por lo visto, ha decidido apostar a que el fuego no sabe contar. Pedro Sánchez nos advierte que tendremos un 'verano complejo', una frase que suena a aviso de tormenta pero que, en la práctica, es como decirte que el barco tiene agujeros mientras te pide que sigas remando. La paradoja es deliciosa: el escenario es peor, pero la flota de apoyo a las autonomías se ha quedado congelada en 42 aeronaves, exactamente las mismas que en 2025. Para entender el delirio, miremos la factura. En septiembre de 2025, el Ejecutivo tuvo que soltar 2,1 millones de euros extra porque los helicópteros se quedaron sin horas de vuelo; básicamente, se gastaron el presupuesto antes de que terminara la temporada. Ahora, con un matorral que ha crecido gracias a las lluvias y que es combustible puro, el Gobierno repite la misma receta. Hugo Morán presume de que las horas de vuelo han saltado de 764 a 2.086 en el mismo periodo, un incremento del 173% que no es una medalla al mérito, sino la prueba de que el sistema está al borde del colapso. Mientras Juanma Moreno alerta de que la superficie quemada se ha triplicado, el Estado se escuda en la falta de Presupuestos Generales para no contratar más medios. Es la clásica ingeniería financiera de 'no tengo dinero para el seguro, pero espero que no se queme la casa'. Y la mentira tiene patas cortas y alas rotas: Sánchez prometió 15 aviones anfibios para el despliegue más grande de la historia, pero la realidad es que solo hay siete FOCA activos. Al final, el coste de este ahorro creativo se paga en hectáreas y vidas, como el drama de Los Gallardos con sus 13 fallecidos y 7.000 hectáreas calcinadas. Un despliegue de optimismo ciego frente a un país que arde.
Hay que tener un don especial para el 'timing' o una capacidad de abstracción nivel Dios. Mientras el resto de los mortales estamos preparando las servilletas y el ritual de los nervios para ver a la Roja pelear una final del Mundial, Pedro Sánchez ha decidido que el 14 de julio de 2026 es el día perfecto para hacer turismo institucional en París. No es un viaje cualquiera; es la Fiesta Nacional francesa. El presidente se ha plantado en los Campos Elíseos para ver desfilar tanques y aviones, mientras Luis de la Fuente y sus jugadores se juegan la gloria en Dallas a las 21:00 horas. El itinerario es digno de un manual de protocolo: lunes de aterrizaje, una reunión sobre misiles antibalísticos (la Integrated Anti-Balistic Missile Coalition) y una parada técnica en el Palacio Nacional de los Inválidos para hablar de Ucrania con una treintina de países. Para rematar el menú, cena oficial en el Elíseo y un café con el alcalde Emmanuel Grégoire. Todo muy sofisticado. Lo cómico es el contraste. España busca repetir la hazaña de 2010 y el gol del minuto 116 de Iniesta, pero el jefe del Ejecutivo prefiere celebrar que hace 237 años cayó la Bastilla. Es como si tu equipo jugara la final de la Champions y tú decidieras irte a cenar con el presidente del club rival para felicitarlo por el aniversario de su fundación. La Roja llega a Dallas tras barrer a Austria, Portugal y Bélgica, con la espina clavada de aquel 1-3 sufrido en Alemania 2006 y el recuerdo fresco del 5-4 de junio de 2025 en la Nations League. El árbitro será el salvadoreño Iván Barton, pero el verdadero espectáculo no está en el césped, sino en la capacidad de un líder para ignorar el sentimiento patrio del fútbol mientras brinda con champán en suelo extranjero.
Mariano Rajoy ha vuelto a demostrar que tiene el don de decir lo que nadie quiere oír, pero con la elegancia de quien cree que está soltando una verdad incómoda en un café de barrio. En una columna para El Debate, el expresidente lanzó un dardo venenoso: la selección francesa tiene un «altísimo nivel», pero añadió que es «sin franceses». Una frase que, traducida al idioma de la calle, es básicamente decir que el cocinero es un crack, pero que el restaurante no es francés. Un comentario que ha caído como un cubo de agua fría en el Elíseo y que ha activado todas las alarmas del correctness galo. La respuesta ha sido un despliegue de indignación institucional que parece coordinado por un reloj suizo. Laurent Nuñez, ministro del Interior, no se ha guardado nada en BMF TV, calificando las palabras de «absolutamente inaceptables». Mientras Rajoy jugaba con la semántica de la identidad, la Embajada de Francia decidió sacar la calculadora para dejarle en evidencia: de los 26 jugadores, 23 nacieron en Francia. Los otros 3 también son franceses. Básicamente, le han dicho que su análisis tiene menos rigor que una promesa electoral de campaña. Pero la cosa no quedó en el reproche diplomático. Aurore Bergé, ministra delegada para la Igualdad, ha tachado el episodio de «resbalón racista insoportable», mientras que Naïma Moutchou, ministra para los territorios de Ultramar, ha pedido a la Federación Francesa de Fútbol que pase a la acción legal. Moutchou no ve un desliz, sino un «odio metódico». Al final, lo que empezó como una opinión de columnista ha terminado siendo un partido de tenis diplomático donde Rajoy ha servido un doble error y Francia ha respondido con un derechazo jurídico.
El Tribunal Supremo acaba de darle un correctivo al Gobierno, recordándole que gobernar no es como borrar un mensaje de WhatsApp: no todo se soluciona con un 'clic' automático. Resulta que el reglamento de extranjería aprobado el 19 de noviembre de 2024 pretendía aplicar la técnica del 'tajo ciego', denegando la residencia a familiares de inmigrantes con antecedentes penales sin mirarles siquiera a los ojos. Una especie de portero de discoteca implacable que no deja pasar a nadie con una mancha en el currículum, sin importar si la falta fue un desliz de hace veinte años o algo serio. Cinco entidades sociales —Cáritas, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, Red Acoge, Andalucía Acoge y el Servicio Jesuita a Migrantes— decidieron que este automatismo era una aberración y llevaron el asunto al juzgado. El Supremo les ha dado la razón en lo fundamental: no se puede gestionar la vida de las personas como si fueran tickets de soporte técnico. Ahora, la Administración tendrá que sudar la camiseta y hacer una valoración individualizada, pesando la gravedad del delito y el interés de los hijos menores, en lugar de limitarse a pulsar el botón de 'denegar'. Pero la fiesta de la anulación no termina ahí. El Supremo también ha barrido la norma que castigaba a los menores casados (un guiño necesario a las víctimas de matrimonios forzados) y ha dejado claro que atender a menores no acompañados es una obligación incondicionada, no una sugerencia según el humor del funcionario. Incluso ha dinamitado la barrera digital que obligaba a ciertos extranjeros a hablar solo con la Administración vía electrónica, como si todos tuvieran fibra óptica y un máster en informática. Eso sí, el Gobierno mantiene su victoria en el arraigo: mientras esperes el asilo, no hay atajos ni cuentan los días para el arraigo. Un equilibrio quirúrgico entre la humanidad y la burocracia.
Hay una magia muy particular en la gestión pública: la capacidad de hundir un barco y cobrar un bono por el hundimiento. Mientras Correos se desangraba con pérdidas superiores a los 1.000 millones de euros entre 2018 y 2023, Juan Manuel Serrano y Leire Díez se aseguraron de que sus cuentas personales no conocieran la sequía. Juntos embolsaron más de 1,2 millones de euros. Es el arte de la ingeniería financiera aplicada al bolsillo propio mientras la empresa, la 'corporación amarilla', se convertía en un agujero negro presupuestario. Serrano, el hombre fiel que acompañó a Pedro Sánchez desde 2014, aterrizó en la presidencia de Correos el 19 de julio de 2018. Durante cinco años y cinco meses, se paseó por el cargo cobrando cerca de un millón de euros. En 2023, su retribución fue de 207.077,65 euros; una cifra que, para el ciudadano medio, equivale a décadas de ahorro sin salir de casa. Y como el sistema es generoso con los suyos, al salir el 27 de diciembre de 2023, se llevó una indemnización de 25.335 euros. Para no aburrirse, Sánchez lo recolocó en la Seitt, donde puede aspirar a otros 160.000 euros anuales. Es el ciclo del reciclaje político: del fracaso al sueldo público. Luego tenemos a Leire Díez, la pieza del puzzle que entró el 17 de noviembre de 2021 gracias a un diseño de requisitos 'a medida' pactado con Vicente Fernández de la SEPI. En poco más de dos años, Díez acumuló unos 260.000 euros, incluyendo 24.400 euros de indemnización. Lo más jugoso: en sus dos últimos meses cobró más de 57.000 euros brutos. Mientras Amazon y AliExpress devoraban la paquetería, la cúpula de Correos se dedicaba a la filatelia de lujo. Ahora, para tapar el desastre que CCOO y UGT tachan de histórico —con pérdidas que algunos elevan a 1.500 millones—, el Gobierno soltará una inyección de 3.000 millones de euros. Dinero público para arreglar el desastre de quienes cobraron como estrellas de rock mientras la empresa quebraba.
Hay quien dice que la diplomacia es el arte de decir 'estoy pensando en ello' mientras se cierra la puerta. En Niamey, el arte ha pasado a ser la gestión de visados Schengen, que según Africa Intelligence se vendían como si fueran entradas VIP para un festival, con precios que oscilaban entre los 2 y 5 millones de francos CFA. Traducido al idioma del ciudadano que lucha con la inflación: entre 3.000 y 7.600 euros por un papelito que te abre las puertas de Europa. Un negocio redondo para Maty Cissokho Toumba, esposa del general Mohamed Toumba, quien no solo es el ministro del Interior y el número tres de la junta militar desde el golpe de julio de 2023, sino que su mujer figuraba en LinkedIn como administrativa de la Embajada de España. Mientras la Dgdse, el servicio de inteligencia de Níger, rastrea cómo 1.500 malienses saltaron la valla usando Benín y Senegal como escala, Madrid ha decidido aplicar la técnica del 'borrón y cuenta nueva'. Justo en medio del avispero, el Ministerio de Asuntos Exteriores ha reorganizado la casa. El BOE publicó en abril el nombramiento de Eugenia Simó García como Segunda Jefa de la Embajada, sustituyendo a Raúl Montilla Rubiales, quien ha sido enviado a Macedonia del Norte, probablemente para respirar aire más puro. La hipocresía es exquisita: mientras la Audiencia Nacional ya tiene en el radar una trama similar en Argel, el Ministerio de Exteriores guarda un silencio sepulcral ante THE OBJECTIVE. No hay respuestas, solo relevos organizativos. Es la danza clásica de la administración: cuando el humo de la corrupción empieza a oler a quemado, cambian los muebles de sitio y esperan que el viento se lleve el escándalo. Al final, el visado es la moneda de cambio y la ética, un trámite opcional.
La televisión pública, esa que financiamos todos mientras intentamos que el recibo de la luz no nos deje en la calle, ha decidido que la historia es como la plastilina: se moldea a gusto. El pasado 1 de julio, RTVE lanzó 'Grandes maricas y bolleras de la historia', un programa que promete 'documentación sólida' pero que termina pareciendo un ejercicio de imaginación creativa. El problema es que, en sus 90 minutos de metraje, han decidido que Catalina de Erauso (1592-1650) y Elena de Céspedes (1545-1588) no eran mujeres valientes que se disfrazaron de hombres para sobrevivir o trabajar, sino hombres trans. Para la Alianza Contra el Borrado de las Mujeres, esto no es divulgación, es un 'negacionismo misógino'. Resulta casi cómico que RTVE llame 'pesados' a los historiadores que insisten en que Catalina era una mujer, escritora y monja que huyó de un convento cortándose el pelo para vivir en libertad. Es como si hoy alguien decidiera que Cervantes era en realidad un astronauta y llamara 'anticuado' a quien cite el Quijote. La fiesta del revisionismo no se detiene en la pantalla; ya habían pasado por el Museo Reina Sofía, donde la 'Monja Alférez' también fue reconvertida. Pero el ambiente en RTVE está ya tan viciado que el maltrato es la norma. Desde Pablo Iglesias llamando 'gentuza' y 'nazis' a Tasia Aránguez en '59 segundos', hasta el programa 'Malas Lenguas' de Jesús Cintora metiendo al Partido Feminista de España (PFE) y a Lidia Falcón en el mismo saco que Vox o La Falange. Al final, la televisión pública se ha convertido en un club de lectura donde el libro es el que ellos quieran escribir, y si no estás de acuerdo, eres el enemigo.
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