Crítica:
El texto original es una mina de datos, pero le falta el valor de conectar la incompetencia con la recompensa. Es un catálogo de cifras que necesita un traductor para que el ciudadano entienda la magnitud del insulto.
El texto original es una mina de datos, pero le falta el valor de conectar la incompetencia con la recompensa. Es un catálogo de cifras que necesita un traductor para que el ciudadano entienda la magnitud del insulto.
Mariano Rajoy ha vuelto a demostrar que tiene el don de decir lo que nadie quiere oír, pero con la elegancia de quien cree que está soltando una verdad incómoda en un café de barrio. En una columna para El Debate, el expresidente lanzó un dardo venenoso: la selección francesa tiene un «altísimo nivel», pero añadió que es «sin franceses». Una frase que, traducida al idioma de la calle, es básicamente decir que el cocinero es un crack, pero que el restaurante no es francés. Un comentario que ha caído como un cubo de agua fría en el Elíseo y que ha activado todas las alarmas del correctness galo. La respuesta ha sido un despliegue de indignación institucional que parece coordinado por un reloj suizo. Laurent Nuñez, ministro del Interior, no se ha guardado nada en BMF TV, calificando las palabras de «absolutamente inaceptables». Mientras Rajoy jugaba con la semántica de la identidad, la Embajada de Francia decidió sacar la calculadora para dejarle en evidencia: de los 26 jugadores, 23 nacieron en Francia. Los otros 3 también son franceses. Básicamente, le han dicho que su análisis tiene menos rigor que una promesa electoral de campaña. Pero la cosa no quedó en el reproche diplomático. Aurore Bergé, ministra delegada para la Igualdad, ha tachado el episodio de «resbalón racista insoportable», mientras que Naïma Moutchou, ministra para los territorios de Ultramar, ha pedido a la Federación Francesa de Fútbol que pase a la acción legal. Moutchou no ve un desliz, sino un «odio metódico». Al final, lo que empezó como una opinión de columnista ha terminado siendo un partido de tenis diplomático donde Rajoy ha servido un doble error y Francia ha respondido con un derechazo jurídico.
El Tribunal Supremo acaba de darle un correctivo al Gobierno, recordándole que gobernar no es como borrar un mensaje de WhatsApp: no todo se soluciona con un 'clic' automático. Resulta que el reglamento de extranjería aprobado el 19 de noviembre de 2024 pretendía aplicar la técnica del 'tajo ciego', denegando la residencia a familiares de inmigrantes con antecedentes penales sin mirarles siquiera a los ojos. Una especie de portero de discoteca implacable que no deja pasar a nadie con una mancha en el currículum, sin importar si la falta fue un desliz de hace veinte años o algo serio. Cinco entidades sociales —Cáritas, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, Red Acoge, Andalucía Acoge y el Servicio Jesuita a Migrantes— decidieron que este automatismo era una aberración y llevaron el asunto al juzgado. El Supremo les ha dado la razón en lo fundamental: no se puede gestionar la vida de las personas como si fueran tickets de soporte técnico. Ahora, la Administración tendrá que sudar la camiseta y hacer una valoración individualizada, pesando la gravedad del delito y el interés de los hijos menores, en lugar de limitarse a pulsar el botón de 'denegar'. Pero la fiesta de la anulación no termina ahí. El Supremo también ha barrido la norma que castigaba a los menores casados (un guiño necesario a las víctimas de matrimonios forzados) y ha dejado claro que atender a menores no acompañados es una obligación incondicionada, no una sugerencia según el humor del funcionario. Incluso ha dinamitado la barrera digital que obligaba a ciertos extranjeros a hablar solo con la Administración vía electrónica, como si todos tuvieran fibra óptica y un máster en informática. Eso sí, el Gobierno mantiene su victoria en el arraigo: mientras esperes el asilo, no hay atajos ni cuentan los días para el arraigo. Un equilibrio quirúrgico entre la humanidad y la burocracia.
Hay quien dice que la diplomacia es el arte de decir 'estoy pensando en ello' mientras se cierra la puerta. En Niamey, el arte ha pasado a ser la gestión de visados Schengen, que según Africa Intelligence se vendían como si fueran entradas VIP para un festival, con precios que oscilaban entre los 2 y 5 millones de francos CFA. Traducido al idioma del ciudadano que lucha con la inflación: entre 3.000 y 7.600 euros por un papelito que te abre las puertas de Europa. Un negocio redondo para Maty Cissokho Toumba, esposa del general Mohamed Toumba, quien no solo es el ministro del Interior y el número tres de la junta militar desde el golpe de julio de 2023, sino que su mujer figuraba en LinkedIn como administrativa de la Embajada de España. Mientras la Dgdse, el servicio de inteligencia de Níger, rastrea cómo 1.500 malienses saltaron la valla usando Benín y Senegal como escala, Madrid ha decidido aplicar la técnica del 'borrón y cuenta nueva'. Justo en medio del avispero, el Ministerio de Asuntos Exteriores ha reorganizado la casa. El BOE publicó en abril el nombramiento de Eugenia Simó García como Segunda Jefa de la Embajada, sustituyendo a Raúl Montilla Rubiales, quien ha sido enviado a Macedonia del Norte, probablemente para respirar aire más puro. La hipocresía es exquisita: mientras la Audiencia Nacional ya tiene en el radar una trama similar en Argel, el Ministerio de Exteriores guarda un silencio sepulcral ante THE OBJECTIVE. No hay respuestas, solo relevos organizativos. Es la danza clásica de la administración: cuando el humo de la corrupción empieza a oler a quemado, cambian los muebles de sitio y esperan que el viento se lleve el escándalo. Al final, el visado es la moneda de cambio y la ética, un trámite opcional.
La televisión pública, esa que financiamos todos mientras intentamos que el recibo de la luz no nos deje en la calle, ha decidido que la historia es como la plastilina: se moldea a gusto. El pasado 1 de julio, RTVE lanzó 'Grandes maricas y bolleras de la historia', un programa que promete 'documentación sólida' pero que termina pareciendo un ejercicio de imaginación creativa. El problema es que, en sus 90 minutos de metraje, han decidido que Catalina de Erauso (1592-1650) y Elena de Céspedes (1545-1588) no eran mujeres valientes que se disfrazaron de hombres para sobrevivir o trabajar, sino hombres trans. Para la Alianza Contra el Borrado de las Mujeres, esto no es divulgación, es un 'negacionismo misógino'. Resulta casi cómico que RTVE llame 'pesados' a los historiadores que insisten en que Catalina era una mujer, escritora y monja que huyó de un convento cortándose el pelo para vivir en libertad. Es como si hoy alguien decidiera que Cervantes era en realidad un astronauta y llamara 'anticuado' a quien cite el Quijote. La fiesta del revisionismo no se detiene en la pantalla; ya habían pasado por el Museo Reina Sofía, donde la 'Monja Alférez' también fue reconvertida. Pero el ambiente en RTVE está ya tan viciado que el maltrato es la norma. Desde Pablo Iglesias llamando 'gentuza' y 'nazis' a Tasia Aránguez en '59 segundos', hasta el programa 'Malas Lenguas' de Jesús Cintora metiendo al Partido Feminista de España (PFE) y a Lidia Falcón en el mismo saco que Vox o La Falange. Al final, la televisión pública se ha convertido en un club de lectura donde el libro es el que ellos quieran escribir, y si no estás de acuerdo, eres el enemigo.
Gestionar Correos resultó ser un deporte de riesgo, o al menos para el contribuyente. Juan Manuel Serrano, el hombre de confianza de Pedro Sánchez, dirigió la entidad entre 2018 y diciembre de 2023 dejando un agujero contable que supera los 1.000 millones de euros. Mientras la empresa se desangraba, Serrano y Leire Díez —a quien 'enchufó' en la estructura— se aseguraban un botín personal de unos 1,2 millones de euros. Una gestión brillante, si el objetivo era vaciar la hucha. Lo más excretionario es la ingeniería financiera para repartir el pastel. En 2021, Serrano soltó dos millones de euros a Sortis Networks, una consultora de comunicaciones basada en Panamá. Para el ciudadano común, dos millones son el precio de varias vidas de alquiler, pero para Serrano era el coste de un 'servicio de consultoría' adjudicado a una firma invisible en los rankings, pero muy visible en la agenda de amigos. Resulta curioso que la empresa pertenezca a Javier Martínez Acha, íntimo de Antonio Hernando. Lo más irónico es que Sánchez prometió no contratar con paraísos fiscales, justo cuando Panamá volvía a la 'lista negra' de la UE en marzo de 2020. El compromiso político, al parecer, tiene un asterisco cuando el amigo es el que firma. Pero el festín no terminó ahí. La lista de invitados incluía a Huawei, a pesar de que la UE la ve como un riesgo de seguridad nacional, y a las empresas de Juan Carlos Barrabés, socio de Begoña Gómez. Incluso hubo espacio para Iberojet (Ávoris), justo después de que la familia Hidalgo recibiera un rescate de 475 millones en 2020. Todo coordinado por Serrano, quien ahora ve cómo la UCO y la imputación por el caso Leire convierten sus antiguos contratos en el peor regreso de inversión de su carrera.
Hay quien se jubila para cultivar tomates y hay quien, como el entorno de José Luis Rodríguez Zapatero, decide que la jubilación es el momento ideal para jugar al 'broker' de metales preciosos en el Caribe. Mientras el ciudadano medio pelea con la letra pequeña de la hipoteca, Julio Martínez y Domingo Amaro Chacón —este último, generoso benefactor que soltó más de medio millón de euros a las hijas del expresidente por una web— se dedicaban a coordinar expediciones al Arco Minero del Orinoco. No eran vacaciones; buscaban el 'amarillo'. La jugada empezó en mayo de 2023, justo cuando el régimen de Nicolás Maduro se quedó huérfano de rutas comerciales tras el desplome del ministro Tareck El Aissami y el escándalo 'PDVSA-Cripto'. En ese vacío de poder, apareció la red de Zapatero para hacer de puente dorado hacia In2Metals, la joya de la corona del magnate egipcio Naguib Sawiris. El plan era sencillo: usar la agenda del exmandatario como llave maestra para abrir las puertas de Minerven y obtener licencias privadas bajo el 'paraguas' de Delcy Rodríguez y el joven Nicolás Maduro Guerra (el tal 'M.G.'). La trama, rastreada por la UCO y la UDEF, se traduce en una logística de película: geólogos, ingenieros como Philip Stander, Nuris Orihuela y Karl Sonni Mena, y pasaportes volando entre chats de WhatsApp. Mientras Amaro Chacón sudaba frío para que el hotel y la seguridad de los técnicos de Sawiris estuvieran listos en Guasipati, el objetivo final era el 'Proyecto Colombia' y las minas Isidora-Laguna y Sosa Méndez. Básicamente, transformar la influencia política en lingotes, operando en la zona más gris del mapa mundial mientras el resto seguimos contando céntimos para el café.
Hay quien dice que el mérito es la base del éxito, pero en La Coruña descubrieron que el éxito se puede comprar con un cheque. Imagínate el cuadro: 50.000 personas sudando tinta en septiembre de 2025 para entrar en la Seguridad Social, y de repente, 33 aspirantes en una sola provincia se convierten en los 'Einstein' del BOE, barriendo las mejores notas del país. Una anomalía estadística que no es suerte, es ingeniería financiera aplicada al examen. El juego era sencillo: reuniones en hoteles, pinganillos para el chivatazo y un precio que haría temblar a cualquiera, entre 20.000 y 60.000 euros por plaza. Básicamente, el coste de un piso pequeño a cambio de un sueldo público vitalicio. El Ministerio, bajo el mando de Elma Saiz, hizo una auditoría en enero que confirmó que el proceso era un coladero, aunque convenientemente decidieron que las irregularidades ocurrían 'fuera' de su departamento. Muy práctico. Lo más surrealista llega ahora. Siete de los elegidos han renunciado a su plaza. Seis de ellos eran los 'estrellas' de La Coruña (tres con cero fallos, dos con uno y otro con dos). ¿Quién renuncia a un puesto fijo hoy en día? Pues quien tiene miedo de que el Juzgado de Instrucción número dos de La Coruña, que ya investiga la falsificación documental, le pida explicaciones sobre cómo ocurrió el milagro. Algunos ya tienen plazas en ADIF, la AGE o Auxilio Judicial; parece que coleccionaban aprobados como quien colecciona sellos, saltando de organismo en organismo. Para cerrar el círculo de la hipocresía, Cristina Asacia Navarro, la subsecretaria, firmó la lista de aprobados el 6 de febrero y dimitió ese mismo día. El Ministerio dice que fueron 'razones personales'. Seguramente, la razón personal de no querer estar sentada en el despacho cuando el castillo de naipes se desplome.
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