Crítica:
La noticia es un ejercicio de honestidad forzada por la presión asociativa. El contraste entre el gasto récord y la ineficacia en la protección de las víctimas es el verdadero escándalo que el texto roza pero no termina de dinamitar.
La noticia es un ejercicio de honestidad forzada por la presión asociativa. El contraste entre el gasto récord y la ineficacia en la protección de las víctimas es el verdadero escándalo que el texto roza pero no termina de dinamitar.
En el tablero judicial madrileño, el juez Juan Carlos Peinado ha intentado jugar una partida de ajedrez con piezas que no encajan. La Fiscalía acaba de soltarle un jarro de agua fría al magistrado, calificando sus sospechas de 'carentes de lógica y racionalidad'. El nudo del asunto es casi cómico: Peinado decidió quitarle el pasaporte a Begoña Gómez y a su asesora, Cristina Álvarez, basándose en un riesgo de fuga que parece sacado de una película de espías de serie B. Lo más surrealista es la teoría del juez sobre la policía. Sugerir que las fuerzas de seguridad podrían ayudar a una fuga es, según el Ministerio Público, lanzar una 'sombra de sospecha infundada' sobre las instituciones. Es como si el juez creyera que la Policía Nacional tiene un plan secreto de extracción para la mujer del presidente. Mientras tanto, la Fiscalía pide la absolución total de Gómez, Álvarez y el empresario Juan Carlos Barrabés. ¿El motivo? No hay delito. No hay rastro de dinero. De hecho, el fiscal recuerda que Gómez estuvo en la Universidad Complutense codirigiendo una cátedra por la que percibió exactamente 0 euros. Cero. Nada. Ni un café pagado. La Fiscalía desmonta el drama del pasaporte subrayando el arraigo nacional de las implicadas y se ríe, con elegancia procesal, de los bulos sobre una nacionalidad de República Dominicana que algunos medios propagaron como si fuera el Santo Grial. Pedir que Gómez se presente cada 15 días en el juzgado es, para el fiscal, un trámite absurdo cuando las pesquisas patrimoniales no han encontrado ni un céntimo sospechoso. Al final, el castillo de naipes de Peinado se tambalea ante la realidad de que no hubo retribución, ni presiones, ni agujeros contables en la UCM.
Vender la 'joya de la corona' de Hacienda no es como vender un piso en el barrio de Usera; aquí hablamos de María de Molina, 50, un trozo de la milla de oro de Madrid que cualquier empresario miraría con los ojos que pone un niño al ver el escaparate de chuches. El 29 de septiembre de 2023, la subasta se convirtió en un auténtico carnaval de hipocresía administrativa. Seis empresas se peleaban por el inmueble, pero el aire olía a chamusco desde el principio. El pliego era claro: el pago total debía completarse en diez años. Yolanda Contreras Hernanz, la presidenta de la mesa, hasta se tomó la molestia de explicar que el esquema era '1+9'. Un 25% al principio y el resto en nueve años. Matemáticas de primaria, ¿verdad? Pues apareció Barnaby Investments SL (Grupo Lar) con una oferta de 204,7 millones de euros, pero con un detalle: querían pagar en 11 años. Un año más de vacaciones financieras que, en cualquier oficina normal, supondría el descarte inmediato. Sin embargo, en el mundo de los elegidos, las reglas son elásticas. Mientras los otros licitadores, como el Grupo Whiteni, gritaban que eso era un amaño, la secretaria de la mesa se puso nerviosa y decidió que el error estaba 'subsanado' mediante una interpretación verbal que, curiosamente, no quedó escrita en el acta. Magia pura. Pero el plato fuerte es el aroma a nepotismo. Según testigos, para llevarse este caramelo de 37.106,70 metros cuadrados de oficina y 370 plazas de garaje, se ventiló la petición de una comisión del 3% para un supuesto 'primo' de la ministra María Jesús Montero. Al final, la decisión recayó en la propia Montero, quien firmó el visto bueno a una operación donde el rigor contable fue sustituido por la ingeniería del amiguismo.
Hay que tener valor, o una confianza ciega en el calendario, para jugar al escondite con Hacienda mientras se espera una sentencia judicial. David Sánchez, el músico que prefiere que lo llamen David Azagra, se pasea por los pasillos de La Moncloa con el cronómetro en la mano. No es que tenga prisa por salir, es que tiene pánico a quedarse. El juego es sencillo: si pasa más de 183 días en suelo español, el artículo 9 de la Ley del IRPF le cae encima como un piano de cola, convirtiéndolo en residente fiscal y obligándole a pagar los impuestos que ahora esquiva refugiándose en Portugal. Mientras el músico aguarda la sentencia del juicio en Badajoz por tráfico de influencias y prevaricación, se aferra a su residencia en Elvas. Es la misma estrategia de 'estircolero fiscal' que utilizó Shakira, quien logró que la justicia le diera la razón al demostrar que solo estuvo 163 días en España en 2011, esquivando así un sablazo de 54,7 millones de euros (entre IRPF, Patrimonio y multas). Sánchez no juega millones, pero sí juega con la ley. Lo irónico es que el músico consiguió un puesto dependiente de la Diputación de Badajoz mientras vivía en Portugal, aprovechando aquel Régimen Especial para Residentes No Habituales que, hasta el 31 de diciembre de 2023, permitía tributar solo al 20% si eras un 'artista de alto valor'. Básicamente, cobrar del erario español mientras se le paga la limosna fiscal a los portugueses. Ahora que el régimen ha cambiado desde el 1 de enero de 2024, el refugio es menos atractivo, pero sigue siendo el mejor escudo contra el fisco mientras espera que el juez de Badajoz no le pase la factura judicial.
Hay que tener valor. Mucho valor. El Gobierno de Pedro Sánchez ha decidido que la mejor forma de explicar los valores democráticos a la Generación Z no es a través de la educación o la cultura, sino mediante el 'merchandising' y el postureo de Instagram. Así nace DMOCRACIA, una marca de ropa creada por el Ejecutivo que, curiosamente, no se puede comprar, pero que puedes intentar ganar en un sorteo si interactúas con la cuenta oficial. El despliegue de ingenio es total: para que la influencer 'la Rivers' y Sara Fructuoso puedan posar en el balcón del Congreso de los Diputados y decir que 'vestirse es una forma de expresión', el Consejo de Ministros tuvo que mover una transferencia de crédito de 14,6 millones de euros. Sí, han leído bien. Casi quince millones de euros destinados al Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, bajo la gestión de Ángel Víctor Torres, para financiar los gastos del Comisionado para la celebración de los '50 años de España en libertad'. Mientras el ciudadano medio mira la cuenta corriente con pavor antes de pagar el alquiler, el Estado juega a ser una agencia de modelos. 'La Rivers' nos vende la idea de que puedes ser joven, vestir a la moda y que te importe el mundo, todo mientras el erario público financia el shooting fotográfico. Es la democratización del armario: el Gobierno diseña la ropa, paga la campaña con fondos públicos y tú, si tienes suerte en el algoritmo, te llevas una camiseta. Una estrategia brillante si lo que buscas es convertir la Memoria Democrática en un accesorio de temporada para ganar likes.
Hay que tener courage para llamar 'acoso' a un proceso judicial mientras te refugias en el búnker más caro de España. David Sánchez, el músico de la familia, ha vuelto a instalarse en La Moncloa desde el 23 de junio, buscando refugio en el 'apartamento de los padres de Sonsoles'. Mientras el ciudadano medio espera una cita en el juzgado con la ansiedad a tope, David gestiona sus nervios tocando un piano de cola de Patrimonio Nacional. Un detalle exquisito: el instrumento llegó con Sonsoles Espinosa y regresó cuando el apellido Sánchez tomó el mando. La escena es digna de una comedia de enredos con presupuesto público. El músico, que sigue siendo residente fiscal en Portugal (un truco contable clásico para evitar que Hacienda le quite el aire), se preocupa por si su coche tiene un GPS, mientras el Ministerio de la Presidencia ya le ha pagado hasta la autocaravana y las revisiones ginecológicas de su mujer, Kaori Matsumoto, en vehículos de la Guardia Civil. Es el 'all-inclusive' del Estado. Todo esto ocurre mientras espera que la Audiencia de Badajoz decida si sus contratos en la Diputación de Badajoz fueron fruto del talento o de una ingeniería de tráfico de influencias y prevaricación, según la instrucción de la magistrada Beatriz Biedma. Pedro Sánchez, en un despliegue de solidaridad fraternal, calificó estas investigaciones de 'acusaciones infundadas' desde el Congreso. Básicamente, el jefe del Ejecutivo ha convertido la residencia presidencial en una zona de seguridad para su hermano, donde renovar la documentación es tan fácil como bajar a la comisaría del complejo. Al final, el piano suena, pero la música la pagamos todos.
Mientras miles de pacientes esperan una terapia que no llega o pelean contra la burocracia sanitaria, en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) decidieron que la lucha contra el cáncer necesitaba un toque de vanguardia. Y por 'vanguardia' entendemos que alguien haya tenido la genialidad de pagar 7.500 euros por una escultura hecha con cuatro bidones de plástico, arena y acero. Básicamente, el presupuesto de un coche modesto invertido en convertir el hall de la cuarta planta en un vertedero artístico llamado 'El mundo de las cosas', obra de Susana Solano y Pedro Alonso. Pero el CNIO Arte no se quedó en el minimalismo del plástico. El programa, activo desde 2018 hasta diciembre de 2024, funcionaba como una tarjeta de crédito sin límite para el ocio conceptual. El premio al derroche se lo lleva el viaje al Ártico y Oslo, que costó 12.940,04 euros. Un billete al Polo Norte para que Dora García y David Nogués-Bravo charlaran sobre el cambio climático, pagado con fondos que, se supone, deberían estar buscando la cura de la enfermedad más temida. Para redondear el menú, sumamos escapadas a Washington (9.760,64 €), Mozambique (8.760,38 €) y dos viajes a Madrid (10.181,44 €). La ingeniería financiera alcanza su clímax con la Oficina de Imagen Institucional: 612.342,42 euros en sueldos para un responsable y un técnico cuya 'dedicación efectiva' al proyecto es un misterio absoluto. Todo esto es el aperitivo, porque la Fiscalía Anticorrupción ya huele algo más podrido: un presunto amaño de contratos que podría haber dinamitado hasta 25 millones de euros en 18 años. Cristina Navarro, la nueva directora-gerente, ya ha suspendido el programa, pero el daño está hecho. El arte, al final, ha sido la distracción perfecta para un agujero contable del tamaño de un estadio.
Hablemos de magia electoral, de esa que no se enseña en los manuales de civismo pero que funciona mejor que un reloj suizo. Retrocedamos a 2005, cuando Manuel Fraga creía que tenía la Xunta de Galicia cocinada a fuego lento con sus 37 escaños. Le faltaba un solo asiento para la mayoría absoluta, un detalle técnico que en política es la diferencia entre mandar y pedir permiso. El PP necesitaba una ventaja de 8.000 papeletas en el voto exterior de Pontevedra para cerrar la puerta. Fraga, ya saboreando la victoria, salió a la televisión a decir que llegar a los 38 diputados era «razonable y viable». Spoiler: no lo fue. Mientras el PP se relajaba, en el PSOE se estaba ejecutando una ingeniería de precisión. El voto exterior en Pontevedra saltó de unas modestas 4.559 a unas impactantes 13.518 papeletas. Un crecimiento que no ocurre por un repentino deseo de patriotismo, sino por una estrategia de nacionalización acelerada de los llamados 'nietos del exilio'. Básicamente, consulados organizando eventos masivos para dar pasaportes a familias enteras que no pisaban Galicia desde que el mundo era blanco y negro. ¿Y quiénes estaban moviendo los hilos de este despliegue? Aquí entra en escena un joven y ambicioso Pedro Sánchez, formando parte del núcleo duro de estrategia liderado por José Blanco. Junto a él, Antonio Hernando y Óscar López, la guardia pretoriana que hoy domina el Ejecutivo. El resultado fue un recuento de vértigo que permitió que Emilio Pérez Touriño, con sus 25 diputados y el apoyo de los 13 del BNG, le arrebatara el trono a Fraga. No fue una victoria de urnas tradicionales, fue un golpe de efecto administrativo. El PSOE no ganó más corazones; simplemente encontró más sobres donde meter la papeleta.
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