El hermano de Sánchez espera la sentencia en Moncloa: «Está nervioso y se pasa el día tocando el piano»

Piano, privilegios y el búnker de Moncloa

politica Una ilustración satírica de un piano de cola negro y lujoso situado dentro de un despacho presidencial opulento. Sobre el teclado del piano, hay un fajo de billetes y un sello oficial del gobierno. Al fondo, una ventana que muestra la arquitectura del Palacio de la Moncloa bajo una lluvia de papeles judiciales. Estilo editorial de revista, colores contrastados, atmósfera de ironía y poder.

Hay que tener courage para llamar 'acoso' a un proceso judicial mientras te refugias en el búnker más caro de España. David Sánchez, el músico de la familia, ha vuelto a instalarse en La Moncloa desde el 23 de junio, buscando refugio en el 'apartamento de los padres de Sonsoles'.

Mientras el ciudadano medio espera una cita en el juzgado con la ansiedad a tope, David gestiona sus nervios tocando un piano de cola de Patrimonio Nacional. Un detalle exquisito: el instrumento llegó con Sonsoles Espinosa y regresó cuando el apellido Sánchez tomó el mando. La escena es digna de una comedia de enredos con presupuesto público.

El músico, que sigue siendo residente fiscal en Portugal (un truco contable clásico para evitar que Hacienda le quite el aire), se preocupa por si su coche tiene un GPS, mientras el Ministerio de la Presidencia ya le ha pagado hasta la autocaravana y las revisiones ginecológicas de su mujer, Kaori Matsumoto, en vehículos de la Guardia Civil.

Es el 'all-inclusive' del Estado. Todo esto ocurre mientras espera que la Audiencia de Badajoz decida si sus contratos en la Diputación de Badajoz fueron fruto del talento o de una ingeniería de tráfico de influencias y prevaricación, según la instrucción de la magistrada Beatriz Biedma.

Pedro Sánchez, en un despliegue de solidaridad fraternal, calificó estas investigaciones de 'acusaciones infundadas' desde el Congreso. Básicamente, el jefe del Ejecutivo ha convertido la residencia presidencial en una zona de seguridad para su hermano, donde renovar la documentación es tan fácil como bajar a la comisaría del complejo.

Al final, el piano suena, pero la música la pagamos todos.

Crítica:

El texto original es un festín de detalles escabrosos, pero falla al no contrastar los costes exactos del 'mantenimiento' público. Es un ejercicio de relojería sobre el nepotismo disfrazado de 'acoso judicial'.

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