Watch David Bowie Take MTV to Task for Failing to Play Music Videos by Black Artists (1983)

Bowie puso en su sitio a MTV

cultura Una ilustración conceptual al estilo pop-art editorial. Un televisor antiguo de los años 80 mostrando una pantalla dividida: un lado es gris y monótono representando la monotonía de Peoria, y el otro es una explosión de colores neón, ritmos y diversidad musical. Un rayo eléctrico rompe la pantalla, simbolizando la ruptura de barreras sociales.

Hay una frase en el marketing estadounidense que es como el manual del cobarde: '¿Funcionará en Peoria?'. Básicamente, es la excusa perfecta para no arriesgarse, asumiendo que el ciudadano medio de Estados Unidos es un tipo blanco, conservador y con un miedo cerval a cualquier cosa que no se parezca a él.

Es como decidir el menú de un restaurante basándose en el paladar de alguien que solo come pan blanco y agua. En 1983, mientras MTV intentaba venderse como la vanguardia juvenil, David Bowie decidió que no iba a pasar el micrófono sin hacer preguntas incómodas. En una entrevista con Mark Goodman, el Duque Blanco no se anduvo con rodeos y soltó la bomba: estaba flipando con la ausencia de artistas negros en la pantalla.

Goodman, atrapado en el rincón, intentó maquillarlo con el término 'narrowcasting' —esa ingeniería financiera de la audiencia que consiste en decir que solo buscas un 'nicho'— pero Bowie lo desmontó en un segundo. La realidad era que el 'nicho' era simplemente el mito de Peoria: la idea de que un adolescente del Medio Oeste se moriría de miedo si veía a Prince o a los Isley Brothers. Bowie, que ya se había curtido en Soul Train allá por mediados de los setenta, sabía que el mercado no era el problema, sino la miopía de los ejecutivos.

Para él, que un fan se quejara de ver caras diversas en la tele era, sencillamente, 'su problema'. La hipocresía se terminó de romper a finales de ese mismo año, cuando Michael Jackson lanzó 'Thriller', dirigido por John Landis. El vídeo no solo dinamitó las barreras raciales de MTV, sino que convirtió a la cadena en un coloso cultural, demostrando que el miedo a Peoria era un cuento chino para justificar la exclusión.

Al final, el negocio ganó, pero Bowie fue el que puso el espejo delante del monstruo.

Crítica:

El texto original es demasiado nostálgico y se pierde en digresiones literarias sobre Horatio Alger. Le falta morder más la realidad actual de los algoritmos, que son el nuevo 'Peoria' invisible.

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