España empata con Egipto, Pakistán y R. D. Congo en número de grandes siniestros ferroviarios en el siglo XXI

Trenes en España: nivel Pakistán en tragedias

social Una ilustración conceptual y satírica. Un mapa del mundo donde las vías del tren de España se transforman en una cinta de peligro roja y negra, conectando visualmente Madrid con El Cairo y Kinshasa. Estilo editorial de periódico, colores contrastados, atmósfera sombría y minimalista, sin texto.

Vender la alta velocidad como el pináculo de la modernidad europea es un ejercicio de marketing brillante, pero las cifras tienen una forma muy fea de aterrizar en la realidad. Resulta casi surrealista que, mientras presumimos de infraestructuras vanguardistas, España haya decidido sentarse en la misma mesa de tragedias que Egipto, Pakistán y la República Democrática del Congo.

Sí, ese club donde el estándar es el caos, pero aquí estamos nosotros, empatados con tres siniestros de más de 45 muertos en lo que va de siglo XXI. No es una anécdota. Es una sangría con nombre y apellido. El accidente de Angrois en 2013, con 80 fallecidos, no solo es el puesto 16 mundial, sino que se corona como el primer puesto en Europa.

Un récord que nadie querría colgarse en el salón. Luego llegó Urda, el segundo golpe a la alta velocidad en apenas nueve meses, dejándonos 69 cadáveres y el puesto 21 global (el segundo en el continente). Y para cerrar el triplete del horror, Adamuz en enero de este año sumó 46 víctimas, situándose en el puesto 38 mundial y el quinto europeo, solo por detrás de Montenegro (47 muertos en 2006) y Grecia (57 en 2023).

Solo la India, con diez desastres y un pico de casi 300 muertos en 2023, nos lleva la delantera en este ranking del pavor. Mientras Egipto sufrió su peor golpe en 2002 con 383 víctimas, la R. D. Congo en 2014 con 136 y Pakistán en 2005 con 132, España ha logrado que sus vías se sientan como las de un país en vías de desarrollo.

El único consuelo es que no tuvimos el tsunami de Sri Lanka de 2004 con sus 1.700 muertos, pero comparar nuestra gestión ferroviaria con el desastre natural más grande de la historia es como intentar tapar un agujero en el presupuesto con un parche de chicle.

Crítica:

El texto original es una fría lista de morgues que ignora las causas técnicas. Se limita a comparar cadáveres sin cuestionar la inversión en seguridad frente a la estética de la alta velocidad.

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