Los conductores dejan de cumplir las normas de la DGT, que ha perdido su autoridad sobre el asfalto

DGT: el perro que ladra pero no muerde

social Una ilustración conceptual y satírica de un semáforo antiguo y oxidado en una carretera española, donde las señales de tráfico están siendo ignoradas por coches que pasan a toda velocidad. En el suelo, una baliza V16 aplastada y olvidada. Estilo artístico de caricatura editorial periodística, colores vibrantes pero con un toque de decadencia urbana, sin personas reales.

La DGT cumple 67 años y, en lugar de celebrar el pastel, se encuentra con que el invitado de honor —el conductor— ha dejado de saludarla. Desde su nacimiento el 30 de julio de 1959 como Jefatura Central de Tráfico, el organismo ha pasado por 14 directores generales. Entre ellos, Pere Navarro se llevó la medalla al más veterano con 16 años al mando, aunque probablemente también el trofeo al más odiado por quienes pagan las multas.

La estrategia ha sido clara: gestionar el asfalto a base de sablazos y represión. Pero el problema de basar tu autoridad solo en la cartera ajena es que, llega un punto, la gente simplemente deja de tener miedo. El resultado es una insumisión silenciosa que hace que las nuevas normas parezcan sugerencias opcionales.

Tomemos la baliza V16: un fiasco monumental donde menos del 50% de los conductores se han molestado en comprarla. La ingeniería financiera del pánico no funcionó tan bien que una de las empresas fabricantes acabó en preconcurso de acreedores. Es el mismo cuento con los patinetes; desde principios de año obligan al registro y seguro, pero ni el 10% cumple.

Los ayuntamientos ahora tienen los almacenes llenos de chatarra confiscada porque nadie quiere jugar según las reglas. Mientras tanto, el móvil sigue pegado a la oreja hasta que el coche ve el uniforme. Y es que el uniforme escasea. La Agrupación de Tráfico sobrevive con menos de 9.000 agentes cuando hacen falta 11.000 para que España no sea un mapa de zonas liberadas.

Hay demarcaciones que son auténticos desiertos de patrullas. Incluso los ayuntamientos, que suelen ser los primeros en obedecer por miedo al presupuesto, ya ningunean la norma de eliminar la posición ámbar y el verde peatón simultáneos. Dinero y tiempo, dicen. Traducción: 'haz lo que quieras, que ya no te creemos'.

Crítica:

La noticia es un catálogo de fracasos operativos, pero falla al no dar cifras exactas de la recaudación mencionada. Se queda en la anécdota del 'ninguneo' sin analizar la raíz legislativa del caos.

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