Magrebíes y rumanos okupan todo un hotel en Mallorca

Hotel Elegance: vacaciones gratis en Llucmajor

social Una ilustración satírica de un edificio hotelero antiguo y decadente en una calle estrecha de un pueblo costero mediterráneo. En la fachada, una señal de 'Hotel' rota y desgastada. Alrededor del edificio, sombras caóticas y ruido visual que sugiera desorden, contrastando con las persianas cerradas y limpias de las casas vecinas. Estilo de caricatura editorial periodística, colores saturados pero con un aire de abandono.

S'Arenal, Llucmajor, ha vuelto a convertirse en el escenario de una comedia negra donde el guion es siempre el mismo. Esta vez, el Hotel Elegance, en la calle Girona, ha pasado de ser un refugio turístico a un campamento improvisado para un grupo de magrebíes y rumanos. Mientras el ciudadano medio hace malabares con la hipoteca y reza para que la factura de la luz no le deje en la calle, aquí el concepto de 'reserva' ha sido sustituido por la entrada sin invitación.

Los vecinos, que solo pedían dormir sin que el ruido pareciera un festival de música gratuita, denuncian gritos y peleas nocturnas que convierten la tranquilidad del barrio en un deporte de riesgo. La Guardia Civil y la Policía Local de Llucmajor ya han pasado por allí, pero sus intervenciones tienen la misma eficacia que un paraguas roto en un temporal: aparecen, miran y se van, dejando el problema intacto.

Es la gimnasia habitual en Mallorca. Ya lo vimos en enero de 2025 con el aparthotel Sol y Mar de Cala Bona, donde el conseller de Turismo, Jaume Bauzà, tuvo que hacer acto de presencia para que los ocupantes, mágicamente, decidieran marcharse el 18 de enero. También tuvimos el numerito del complejo Bellevue en Port d'Alcúdia, concretamente en el edificio Neptuno II, en febrero de 2025. Pero el premio a la recurrencia se lo lleva s'Arenal.

No olvidamos junio de 2024, cuando un grupo de argelinos, ya 'expulsados' del Molinar, se instalaron en el antiguo horno Joan Tomàs de la calle Marineta. Aquello terminó con una multitud de entre 100 y 200 personas, mayoritariamente gitanas, y un Ayuntamiento que, ante la impotencia, decidió que la mejor solución era tapiar el edificio.

Una gestión urbanística brillante: si no puedes echar al invitado, cierra la puerta con cemento.

Crítica:

La noticia se limita a enumerar incidentes sin cuestionar la inacción judicial sistemática. Es un catálogo de agravios que deja al lector con la sensación de que el cemento es la única política pública efectiva.

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