Cataluña se subleva contra la DGT y no cumplirá en sus carreteras una de las nuevas normas del Reglamento de Circulación

Moteros en Cataluña: Arcén prohibido o multa

social Una ilustración satírica que muestra una carretera dividida por una línea invisible. A un lado, motoristas fluyen alegremente por el arcén; al otro lado, un motorista está detenido frente a un cartel de prohibición con un símbolo de euro gigante y una mano autoritaria señalando una multa, estilo caricatura editorial de periódico, colores contrastados.

España ha decidido que los motoristas, esos eternos incomprendidos del asfalto, pueden jugar al 'estilo slalom' por el arcén cuando el tráfico se convierte en un parking gigante, siempre que no superen los 30 km/h. La DGT ha blindado esta medida en la reforma del Reglamento General de Circulación para proteger a los 'usuarios vulnerables', una etiqueta que suena a folleto de seguridad laboral pero que en la práctica es el permiso oficial para adelantar la fila mientras el resto sudamos en el aire acondicionado.

Sin embargo, en Cataluña el aire es distinto. El Servei Catalan de Tránsito (SCT) ha decidido que el arcén es sagrado, un templo exclusivo para emergencias y no una vía de escape para quienes llevan dos ruedas. Ramon Lamiel, director del SCT, ha pasado la norma por el filtro de la realidad catalana y ha dicho que no.

Así, mientras en el resto del país el motorista fluye, en Cataluña se queda clavado en el atasco o se arriesga a un sablazo de 200 euros. Unos billetes que, comparados con el precio de un café en el centro de Barcelona, parecen una broma, pero que pesan en la cartera de cualquiera. Lo curioso es que esta rebeldía administrativa se apoya en el traspaso de competencias de mayo de 1998.

El SCT usa la letra pequeña del Reglamento para hacer su propia lectura, recordándonos que España es, en realidad, un puzzle de normativas donde el código postal decide si puedes o no usar la cuneta. El País Vasco y Navarra miran desde la barrera, con el poder de hacer lo mismo, mientras el motorista medio se pregunta por qué el asfalto cambia de color al cruzar la frontera autonómica.

Crítica:

El texto original es un ejercicio de tibieza que no cuestiona la incoherencia de tener normativas de tráfico distintas en un mismo país. Se limita a exponer el hecho sin analizar el caos jurídico que supone para el ciudadano.

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