Crítica:
La noticia es un ejercicio de cautela institucional que maquilla la palabra 'amaño' con 'incidencias'. No especifica cuántos exámenes se filtraron ni cómo ocurrió la brecha de seguridad.
La noticia es un ejercicio de cautela institucional que maquilla la palabra 'amaño' con 'incidencias'. No especifica cuántos exámenes se filtraron ni cómo ocurrió la brecha de seguridad.
En el surrealismo cotidiano de nuestro país, entrar a trabajar en Renfe parece requerir más que estudiar: ahora parece que hace falta un contacto con la 'llave' del cajón. Resulta que el tribunal de las pruebas para operador comercial se ha despertado con una resaca jurídica monumental. Tenemos a 5.000 aspirantes peleándose por un puesto, pero mientras unos se dejaban la vista con los libros, otros parece que ya tenían el 'acordeón' digital bajo la manga. El problema es que la custodia de los exámenes fue, siendo generosos, un coladero. El tribunal, donde se sientan los sindicatos y la empresa, ha tenido que llamar a la Abogacía del Estado para saber si anulan todo el tinglado o si hacen malabares legales. Es la clásica paradoja: si anulan las pruebas, castigan a los que aprobaron legalmente; si no lo hacen, premian a los que jugaron con ventaja. CCOO, que fue quien dio el chivatazo antes de que salieran las notas provisionales, habla de 'daño a la imagen de Renfe', como si la empresa fuera una boutique de lujo y no un operador ferroviario donde el caos es, a veces, el horario habitual. Imaginen la escena: miles de personas esperando un futuro profesional mientras el proceso de selección tiene la seguridad de un patio de colegio en hora del recreo. Ahora piden 'bancos de pruebas inéditos' y 'mecanismos de trazabilidad', palabras sofisticadas para decir que no quieren que el examen se filtre por WhatsApp antes de tiempo. Al final, el ciudadano paga el billete y el aspirante paga la incompetencia de una gestión que ha convertido una oposición pública en un sorteo con trucos.
En el manual de la meritocracia del Interior, parece que el camino al éxito no es la eficiencia, sino el arte de borrar historiales y regalar el parking público como si fuera el patio de su casa. Jesús María Gómez Martín, el comisario que orquestó el operativo del 'Delcygate', ha pasado de gestionar el aeropuerto de Barajas a mandar en Canarias con una facilidad pasmosa, mientras la UDEF le pisa los talones por un presunto entramado de favores y dinero sucio. La historia es un clásico: un inspector honesto intentó avisar el 29 de marzo de 2022 sobre un mando que trataba la frontera como un club privado. Hablamos de recoger amigos a pie de avión el 25 de diciembre de 2021 con coches camuflados y convertir el aparcamiento policial en un 'parking VIP' para empresarios. Mientras el ciudadano medio lucha con la burocracia, Gómez Martín presuntamente cobraba 7.000 euros de magnates venezolanos por hacer que la ley fuera opcional para sus allegados. La respuesta institucional fue la habitual: en lugar de investigar el agujero ético, castigaron al denunciante enviándolo a Chamartín, un movimiento que la Justicia acabó tildando de ilegal. Pero el premio al 'buen empleado' llegó en noviembre de 2022, cuando el Ministerio del Interior lo catapultó a Jefe Superior de Canarias. Ahora, frente al Senado, el comisario juega la carta de la 'casualidad'. Dice que tomarse un café de 15 minutos con el testaferro de Zapatero, Julio Martínez, o conocer a figuras como Danilo Díezgranados y Miguel Palomero son simples 'relaciones del cargo'. Es la eterna danza de la hipocresía: el mando niega haber recibido 700 millones, pero se olvida de que, en la calle, el respeto no se gana con ascensos sospechosos, sino con la coherencia que aquí brilla por su ausencia.
Imagínate que vas a pagar la cuenta de un restaurante y, solo porque el camarero no te gusta cómo vistes, te clava un cargo extra de 100 euros sin explicación. Pues eso es, básicamente, lo que ha intentado hacer la Universidad del País Vasco (EHU) con decenas de alumnos en el examen de euskera de la selectividad. Unos ceros masivos, quirúrgicos y sospechosamente concentrados, que han caído como un cubo de agua fría sobre estudiantes de centros donde el español es el idioma rey. La justicia de Bilbao ha tenido que intervenir para evitar que el futuro de estos chavales se fuera por el sumidero. El presidente del Tribunal de Instancia, Aner Uriarte, ha soltado la bomba: hay una "posible infracción" porque los examinadores sabían perfectamente de qué colegio venía cada alumno. El anonimato, que en un examen es tan sagrado como el ticket del súper para reclamar un producto caducado, brillaba por su ausencia. Entre 25 y 30 demandas han forzado que los juzgados de lo Contencioso-Administrativo suspendan esos ceros cautelarmente. Ahora, los alumnos pueden recalcular su nota de acceso sin ese lastre para matricularse antes de que expire el plazo este martes. Pero ojo, que aquí viene la letra pequeña: la sentencia definitiva tardará entre 8 y 14 meses. Es decir, que el alumno puede entrar en la carrera hoy, pero si dentro de un año el juez dice que el cero era legal, la EHU podría echarlo a patadas de la facultad. Un juego de ruleta rusa académica. La EHU, por supuesto, ha activado el modo defensa y dice que cumplir la medida es "imposible" porque alteraría el orden de prelación. Básicamente, argumentan que proteger el derecho de unos pocos perjudica la igualdad del resto, olvidando convenientemente que la igualdad empieza por no saber quién es el que escribe el examen.
Hay quienes regalan flores y quienes regalan palacios en la Castellana. Pedro Sánchez ha optado por lo segundo, inaugurando este lunes un edificio público cedido a la Organización Mundial del Turismo (OMT) con una generosidad que haría palidecer a cualquier ONG. No es un alquiler compartido ni un préstamo de fin de semana; es una cesión gratuita por 75 años. Para que el detalle fuera redondo, el Estado no solo entregó las llaves, sino que se dejó en la cartera 24,6 millones de euros para la reforma. Mientras el ciudadano medio pelea con la letra pequeña de la hipoteca, el Ejecutivo ha firmado un cheque en blanco por tres cuartos de siglo. La coincidencia temporal es, cuanto menos, curiosa. Este despliegue de altruismo institucional llega después de que Zurab Pololikashvili, el jefe de la OMT, hiciera de puente dorado para que Begoña Gómez aterrizara en círculos de negocios internacionales. Incluso Inmark, la consultora donde Gómez acumuló acciones y contratos públicos, logró pescar un contrato en la República Dominicana gracias al empujón de la OMT tras la pandemia. Es el ciclo perfecto: contactos, contratos y un edificio gratis en el corazón de Madrid. La fiesta de inauguración no ha sido un trámite. Sánchez ha movilizado un despliegue de siete ministros, incluyendo a Carlos Cuerpo, Yolanda Díaz, José Manuel Albares y Fernando Grande-Marlaska, para escoltar el acto. Un despliegue digno de una cumbre geopolítica para celebrar que la OMT tiene casa nueva. Todo esto mientras la UDEF pone la lupa sobre Pololikashvili, vinculado a un viaje con José Luis Rodríguez Zapatero a Bolivia para que el exmandatario embolsara 200.000 euros evitando una multa a una empresa peruana. La generosidad pública, al parecer, tiene un lenguaje muy específico y se habla fluidamente en los pasillos de la Moncloa.
Hay que tener un talento especial para pasar de gestionar carteras ministeriales en España a coleccionar pasaportes caribeños como quien junta cromos. José Bono, el eterno superviviente, ha aterrizado en República Dominicana no precisamente para tomar sol, sino para montar un tablero de Monopoly energético. Todo empezó en octubre de 2020, cuando Luis Abinader le regaló la nacionalidad dominicana mediante un decreto presidencial, abriéndole la puerta de garaje a un ecosistema de sociedades como Sociedad Veleta y Teivelpir SRL. Mientras el ciudadano medio lucha con el precio del alquiler, Bono y su séquito —donde aparecen nombres como Dimas de Andrés Puyol y el exdiputado Juan Segovia— se han movido en la liga de los grandes. El programa '55 Minutos con Julissa Céspedes' ha destapado que Segovia y el empresario Williams Jiménez están pegados a dos proyectos solares, Las Parras Energy y Pimentel Energy. Hablamos de una inversión inicial de 146,2 millones de dólares. Sí, millones con 'M', una cifra que haría palidecer a cualquier libro de cuentas doméstico. Estas joyas fueron adjudicadas en 2024 a MedCap Energy Caribe, SRL, por la Comisión Nacional de Energía. Lo fascinante es la 'magia' administrativa: cuando los periodistas pidieron los contratos, la Comisión Nacional de Energía aplicó la técnica del 'no hay nada que ver aquí', alegando que no estaban en la web ni en el portal de contratación pública. Para rematar la función, MedCap Energy Caribe parece una empresa fantasma que juega al escondite telefónico, con respuestas contradictorias sobre si realmente existen. Y como si el sol no fuera suficiente, Bono también parece haber sido el 'consultor invisible' en la reforma de la Policía Nacional Dominicana; la institución niega el contrato, pero las fotos oficiales lo sitúan en la mesa de los jefes. Un asesorado muy eficiente: cobra en influencia y paga con invisibilidad contractual.
Imaginen que el censo electoral es como la lista de invitados de una boda: si de repente aparecen miles de desconocidos que dicen ser primos lejanos solo para comer gratis, cualquiera empezaría a sospechar. Eso es exactamente lo que Iustitia Europa ha llevado a la Junta Electoral. El partido ha lanzado un grito de alerta sobre la Ley 20/2022 de Memoria Democrática —la famosa «Ley de Nietos»—, denunciando que el Censo de Residentes Ausentes (CERA) se ha convertido en una especie de caja negra donde se inscriben electores masivamente sin que nadie sepa muy bien por qué acaban asignados a una provincia u otra. El problema es que en España los escaños se reparten por provincias. Si alguien que no ha pisado el país en décadas acaba adscrito a una provincia pequeña por un 'error' administrativo o una 'complacencia' consular en Argentina, Brasil o Cuba, el resultado electoral puede cambiar más que el precio del aceite en el súper. Luis María Pardo, portavoz de la formación, pide que la Oficina del Censo Electoral (OCE) deje de jugar al misterio y explique el soporte documental de cada alta. Para darle color a la denuncia, Iustitia Europa lanza la cifra de 3.202.002 españoles en el exterior a enero de 2026 (un subidón del 5,1%). Pero aquí hay un truco de magia contable: están usando el Padrón (PERE) del INE, publicado el 19 de marzo de 2026, que incluye a 451.968 niños que no pueden votar. El censo real de votantes (CERA) es de 2.664.898. Mientras tanto, Hazte Oír se ha ido al Parlamento Europeo el 22 de junio con unas 50.000 firmas (o 47.000, según quien cuente) llamando a esto un «golpe de Estado». Mucho ruido, mucha retórica de barricada, pero de momento, la JEC no ha dicho ni mu.
Hay una palabra que en los despachos del poder suena a música celestial y en la calle a estafa: 'intachable'. Así describió María Jesús Montero a José Antonio Marco Sanjuán, su antiguo 'tres', mientras el sujeto, aparentemente, decoraba su domicilio con fajos de billetes ocultos. Pero el verdadero arte no estaba en el colchón, sino en el suelo de Tarragona. Marco Sanjuán, inspector especial que hoy sigue cobrando su nómina en la Delegación de la Agencia Tributaria en la Comunidad Valenciana, resultó ser un experto en el 'urbanismo de oportunidad'. A través de la sociedad Naves Europark SL —donde ostenta un 7,22% vía Investment Betancunia SL—, el funcionario controlaba dos fincas en Les Gavarres que suman más de 23.000 metros cuadrados. Mientras el ciudadano medio pelea con la letra pequeña de la luz, Marco Sanjuán y su socio, Gonzalo Perdrix Ecequiel (un subinspector de Hacienda en excedencia), vigilaban el macroproyecto Hard Rock, valorado en 2.000 millones de euros. La ironía es deliciosa: el hombre encargado de vigilar que todos paguen sus impuestos usaba su mercantil para 'canalizar pagos' de empresarios a cambio de anular pleitos fiscales. Un servicio de limpieza contable premium. Pero aquí llega el giro de guion. Esos mismos terrenos se entrelazan con la trama de José Luis Rodríguez Zapatero. La Audiencia Nacional investiga un contrato de octubre de 2021 con Idella Consulenza, propiedad de Julio Martínez (alias 'Julito'), donde se pactó un 3% de retribución. Traducido al lenguaje de la calle: un sablazo de 60 millones de euros. Para que todo pareciera legal, alguien tuvo la brillante idea de borrar la palabra «comisión» del contrato. Mientras tanto, Marco Sanjuán escribía emocionado por WhatsApp: «Con el terreno me voy a forrar». Una honestidad brutal que rara vez se ve en los boletines oficiales.
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