Hay reuniones que son como esas cenas familiares de Navidad: mucho ruido, platos caros y una tensión subterránea que nadie quiere mencionar en voz alta. El Gobierno de Pedro Sánchez ha convocado este viernes a los consejeros del Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior (CGCEE) justo una semana antes de que arranque la campaña para las generales del 29 de noviembre.
El objetivo oficial es «analizar retos» y «reforzar vínculos», que en lenguaje de calle significa intentar que la diáspora no se sienta como el primo lejano al que solo llaman cuando necesitan un favor.
La ironía es tan espesa que se podría cortar con un cuchillo. Mientras el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones de Elma Saiz presume de querer «garantizar la participación», el Tribunal Supremo ha soltado el hachazo definitivo: sacar del censo a los nacionalizados por la Ley de Nietos que no demostraron el exilio.
Resulta curioso que el Ejecutivo, mientras criticaba al Alto Tribunal diciendo que la participación exterior es un chiste (menos del 10%) y que no movería ni un escaño, tuviera a sus organismos redactando informes en 2025 para «subsanar problemas» del voto. Es como decir que el coche no arranca y no sirve para nada, mientras gastas el presupuesto en ponerle llantas de oro.
En la mesa estuvieron Elena Bernado e Isabel María González, aunque la gran ausente fue Pilar Cancela.
Mientras tanto, el Consejo de Ministros ha decidido ampliar el CGCEE de 43 a 51 miembros. Más asesores, más reuniones, más «vínculos», pero el mismo agujero en el censo provocado por la instrucción de Sofía Puente. Al final, el mensaje para el español en el extranjero es claro: «Infórmate cómo puede ayudarte», siempre y cuando el Supremo no haya decidido que tu nacionalidad es un error de cálculo administrativo.
Crítica:
La noticia es un ejercicio de lectura entre líneas donde el dato más relevante (la purga del censo) queda sepultado bajo la agenda oficial. El autor acierta al exponer la contradicción entre el discurso de 'participación' y el desprecio por el peso electoral real del voto exterior.
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