Diputados del PSOE cantan en el Congreso "Cara al Sol con el melón pelado" en un acto esperpéntico sobre el franquismo

Karaoke falangista: el surrealismo del Congreso

politica Una ilustración satírica estilo caricatura editorial de un teatro de títeres montado dentro de un parlamento solemne. En el escenario hay títeres con cabezas rapadas y una maleta abierta. En la audiencia, figuras políticas con trajes elegantes cantando con entusiasmo exagerado, sosteniendo partituras absurdas. Colores contrastados, atmósfera de farsa teatral, estilo trazo de tinta y acuarela.

Hay niveles de surrealismo que ya no se encuentran ni en las peores pesadillas de Dalí. El Congreso de los Diputados, ese templo donde se supone que se legisla con rigor, decidió celebrar el Día de Recuerdo y Homenaje a las Víctimas del Golpe Militar, la Guerra Civil y la Dictadura el pasado 31 de octubre con una puesta en escena que roza el delirio.

La compañía ButacaZero montó 'Melón pelado', una obra de Esther Fernández Carrodeguas y Xavier Castiñeira que incluía, para darle ese toque 'delicado', una maleta con mujeres ahorcadas y la bandera de España al cuello. Un detalle estético que hace que cualquier cena familiar en Navidad parezca un jardín de infancia. Pero el plato fuerte llegó con la música.

En un giro que dejaría perplejo a cualquier historiador, decidieron 'apropiarse' del Cara al Sol, el himno de Falange, para convertirlo en una canción sobre el rapado forzado. El resultado fue una oda al absurdo: 'Cara al sol con el melón pelado como la bola de un billar'. Mientras el ciudadano medio lucha contra la inflación y ve cómo su cuenta corriente se desangra, en la primera fila del Congreso, Francina Armengol, Ana Redondo y Simancas se sumaron al coro, cantando al unísono y con entusiasmo, primero despacio y luego con fuerza, como quien ensaya para un musical de barrio.

Todo esto para recordar a las 39 mujeres rapadas en Fuendejalón y a la alcaldesa fusilada María Domínguez. La intención era noble, pero la ejecución fue un espectáculo de variedades. Al final, la compañía admitió que el cierre original no encajaba con la música y lo cambiaron por un 'no vamos a callar' más contundente.

Menos mal, porque con el ritmo de la canción, lo único que no callaba era la risa nerviosa de quien ve cómo la solemnidad institucional se va por el sumidero.

Crítica:

La noticia describe el hecho pero omite analizar la incongruencia de usar el himno del régimen para homenajear a sus víctimas. Es una crónica de sucesos disfrazada de acto institucional.

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