TVE da espacio a una disparatada teoría conspiranoica que vincula el accidente de Urda con Israel

Urda: entre chivos expiatorios y conspiranoias

politica Una ilustración satírica y conceptual. Un tren descarrilado en primer plano hecho de piezas de rompecabezas que no encajan. Sobre el tren, una lupa gigante sostenida por una mano invisible que revela cables conectados a un mapa mundi abstracto. El fondo es un estudio de televisión con pantallas llenas de ruido digital y signos de interrogación, estilo arte editorial moderno, colores contrastados y atmósfera cínica.

Cuando la realidad es un desastre, la fantasía es el refugio de los cobardes. En Urda, el balance es una cifra que hiela la sangre: 74 muertos. Mientras el Gobierno, con Óscar Puente a la cabeza, intenta reducir la tragedia a la negligencia de 'una persona' —como quien intenta tapar un agujero en el casco de un barco con un chicle—, la narrativa oficial choca contra el muro de ingenieros y sindicatos que hablan de un fallo sistémico.

Pero claro, admitir que el sistema es un colador sería demasiado honesto para el estándar actual. Entonces entra en juego el 'kit de supervivencia' del conspiranoico. En lugar de mirar los cables viejos, algunos prefieren mirar a Jerusalén. Ha nacido la teoría del sabotaje geopolítico: Thales, la tecnológica francesa, sería el caballo de Troya de la Unidad 8200 de Israel.

Dicen que manipularon el software del sistema ERTMS, ignorando que en la línea del accidente seguían usando el LZB, un sistema alemán que ya huele a naftalina. Es como culpar a un hacker de la NASA de que se te haya quemado una tostadora de 1984. Lo verdaderamente surrealista es que este delirio ha saltado la valla de X para aterrizar en RTVE.

En 'Mañaneros 360', José Miguel Villarroya ha soltado que no es conspiranoia, sino 'datos' que le llegan de un 'mundo oscuro'. Un mundo oscuro que, casualmente, se parece mucho a un grupo de WhatsApp de madrugada. Y para rematar el cuadro, el ministro Pablo Bustinduy ya había calentado el terreno sugiriendo que Israel orquestaba las protestas en Barcelona.

Al final, entre el Gobierno que busca un chivo expiatorio y los analistas de salón que ven agentes del Mossad en cada avería, los 74 muertos de Urda se convierten en simples notas al pie de una guerra de egos y tuits.

Crítica:

El texto original es un festín de absurdos que demuestra cómo la televisión pública ha renunciado al rigor. Es fascinante ver cómo el Gobierno y los conspiranoicos usan la misma moneda: el desvío de atención.

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