"Todos los partidos marroquíes reivindican la soberanía de Ceuta y Melilla y las islas ocupadas, el partido de la primera ministra defiende un diálogo por medios pacíficos para defender su legitimidad"

Marruecos pide Ceuta y Melilla: el 'déjà vu'

politica Una ilustración conceptual de un mapa antiguo de Norte África sobre una mesa de madera oscura. Dos manos con trajes elegantes sostienen lupas sobre Ceuta y Melilla. Una mano es sutil y diplomática, la otra aprieta el mapa con fuerza. Estilo editorial de revista política, colores saturados, sombras dramáticas, atmósfera de tensión diplomática.

En Rabat, la política se juega como quien intenta cobrar una deuda prescrita pero con la insistencia de un cobrador telefónico a las ocho de la mañana. El Parlamento marroquí, tras las elecciones del 23 de septiembre, ha decidido que lo más útil para cohesionar el tablero interno es volver a jugar la carta de Ceuta, Melilla y las islas Chafarinas.

Es la receta de siempre: cuando no sabes cómo vender el programa económico, vendes el mapa del vecino. La primera ministra, Fatima Ezzara al Mansuri, y su equipo juegan al buen policía. Adil El Bitar, vicepresidente de la Cámara y miembro del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), habla de 'medios pacíficos' y 'diálogo'.

Es esa cortesía diplomática que suena a: 'te lo quiero quitar, pero prefiero que me lo des con una sonrisa para no quedar mal en las fotos'. Mientras tanto, el Partido Justicia y Desarrollo (PJD) ha decidido quitarse el guante y ha calificado la visita de los Reyes Felipe VI y Letizia como una 'provocación'.

Para ellos, la soberanía no se negocia, es un cheque al portador que esperan cobrar tarde o temprano. El contraste es casi cómico. Por un lado, tenemos a ministros como Nizar Baraka (Istiqlal) y Abdelatif Uahbi (Justicia) jurando que no retrocederán 'ni un palmo', una frase que suena a épica de película antigua pero que en la realidad geopolítica es el ruido habitual de fondo.

Por otro, el Palacio Real de Rabat mantiene una prudencia quirúrgica, evitando el espectáculo de 2007 con Juan Carlos I. Al final, entre la Coalición de Izquierdas (CI) pidiendo planes socioeconómicos y la retórica de 'territorios ocupados', Ceuta y Melilla quedan como la moneda de cambio ideal para que los políticos marroquíes se sientan patriotas sin tener que bajar el precio del pan.

Crítica:

La noticia es un catálogo de declaraciones vacías que confunde retórica electoral con estrategia de Estado. Le falta analizar si este ruido parlamentario es una cortina de humo para ocultar problemas internos del nuevo Gobierno.

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