El Gobierno ha nacionalizado a un mexicano de 93 años sin tener padres ni abuelos españoles

Nacionalidad exprés: bisabuelos y 'pósits' olvidados

politica Una ilustración satírica de un pasaporte español antiguo siendo sostenido por una mano arrugada, mientras que al fondo se ve un post-it amarillo brillante pegado a un expediente burocrático con un signo de exclamación rojo. Estilo de caricatura editorial de periódico, colores contrastados, atmósfera de oficina gubernamental polvorienta.

Hay quien dice que la ley es el marco del juego, pero en el Consulado de España en México parece que juegan al Monopoly con el dinero y el prestigio público. El 14 de mayo de 2025, el Gobierno le regaló el pasaporte español a Felipe Salvador Ruiz de Velasco, un caballero de 93 años que tiene la ascendencia española tan lejana como un recuerdo de primaria.

El señor no tiene padres ni abuelos españoles; su único vínculo es un bisabuelo, Tomás Ruiz de Velasco Saínz de Baranda, que pasó a mejor vida en 1889. Sí, han leído bien: el bisabuelo murió casi medio siglo antes de que empezara la Guerra Civil. Intentar colar a un bisabuelo del siglo XIX en la Ley de Memoria Democrática es como intentar pagar el alquiler con cupones de descuento caducados desde los años 80.

La ley es para hijos y nietos de exiliados, no para quien tenga un ancestro que haya visto nacer a la Restauración borbónica. Lo más surrealista es que un funcionario del consulado dejó un 'pósit' —el grito de auxilio analógico de la burocracia— advirtiendo: «¡Ojo no le corresponde! Cancelar próximamente».

Pero en este tablero, el 'pósit' no pesa más que la palabra del jefe. La orden llegó directa del embajador Juan Duarte, un personaje que, además de este 'estirón' administrativo, colecciona denuncias por acoso laboral. Este caso no es un desliz, es un sistema. Tenemos a Juan G., nacionalizado el 9 de junio de 2023, un 'alto cargo' amigo del cónsul que entró en el censo justo antes del 23-J sin papeles que acreditar su origen.

Mientras el ciudadano medio pelea con la administración por un certificado, aquí se reparten nacionalidades como si fueran caramelos en una fiesta infantil. Con 2,4 millones de solicitudes sobre la mesa y una interpretación elástica firmada por Sofía Puente, la ley de nietos se ha convertido en un coladero donde la memoria democrática se confunde con la conveniencia electoral.

Crítica:

El texto original es una joya de la denuncia, aunque peca de optimismo al esperar que el Defensor del Pueblo sea el árbitro neutral. La conexión entre el 'pósit' y la orden del embajador es el clavo final en el ataúd de la legalidad.

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