La baza final: Sánchez aprobará subidas para 12,5 millones de votantes justo antes del 29-N

Sánchez: el 'aguinaldo' electoral para 12 millones

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un tablero de ajedrez donde las piezas son monedas de euro y billetes. Una mano elegante en traje mueve una pieza de oro hacia un grupo de personas representadas como siluetas grises, mientras que detrás del tablero hay una hucha de cerdito rota y vacía que gotea tinta roja. Estilo editorial de revista política, colores contrastados, atmósfera cínica.

Hacer campaña es un arte, pero hacerla con el bolsillo ajeno es una maestría. Pedro Sánchez ha decidido jugar la última carta antes del 29-N con una precisión de cirujano electoral: un 'aguinaldo' exprés para 12,5 millones de votantes. No es generosidad, es ingeniería financiera aplicada al voto.

Por un lado, Yolanda Díaz acelera la maquinaria para adelantar la subida del SMI cuatro meses, saltándose la costumbre de febrero para que el trabajador sienta el billete en la mano justo antes de marcar la papeleta. Un movimiento que deja a la CEOE y Cepyme pagando el pato, mientras el SMI presume de un 66% de subida desde 2018, dejando en ridículo el 23% del incremento salarial medio. Por otro lado, tenemos el festín de las pensiones.

Gracias a la ley de José Luis Escrivá, que indexa las pagas al IPC, Moncloa no tiene que inventar nada; solo tiene que esperar a que el INE suelte el dato el 27 de noviembre. Dos días antes de las urnas, 9,54 millones de jubilados sabrán que su nómina sube, probablemente un 3,5% debido a una inflación que en septiembre alcanzó el 4,9%, la más alta en 45 meses.

Es el truco perfecto: el Gobierno se cuelga la medalla, pero la factura de más de 7.000 millones de euros la paga una Seguridad Social que ya arrastraba un agujero de 7.387 millones al cierre de 2025. Al final, la cuenta es sencilla. Mientras el ciudadano medio ve que la lista de la compra es un deporte de riesgo, el Estado utiliza el dinero público como un imán de votos.

El resultado es una subida lineal donde quien cobra la máxima se acerca a los 3.500 euros, y el coste lo asumimos todos en la factura final de la deuda pública.

Crítica:

El texto original es un ejercicio de indignación económica muy bien montado, aunque peca de optimismo al asumir que el votante no distingue entre un derecho legal y un regalo electoral.

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