Crítica:
La noticia es un campo de batalla de citas donde prima el ruido mediático sobre la solución habitacional. Se centra más en el 'zasca' de la presentadora que en analizar el contenido real del decreto prometido.
La noticia es un campo de batalla de citas donde prima el ruido mediático sobre la solución habitacional. Se centra más en el 'zasca' de la presentadora que en analizar el contenido real del decreto prometido.
Hay una diferencia abismal entre tener el teléfono más caro del mercado y saber contestar una llamada cuando el patio se está incendiando. Juan Jesús Vivas, el presidente de Ceuta, acaba de contarle a la juez María Tardón que intentar hablar con Pedro Sánchez entre el 27 y el 29 de julio fue como intentar pillar cita con el dentista en vísperas de Navidad: imposible. Diez llamadas. Diez intentos de avisar que la situación estaba al límite y lo único que recibió fue el eco del silencio o, con suerte, tres respuestas tibias de un director de Gabinete que probablemente estaba más pendiente de la agenda de verano que de la frontera. Mientras el CNI soltaba la alerta el 29 de julio a las 13:52 horas —avisando que había 180.000 seguidores en redes sociales organizando un 'asalto por valla y mar'—, en Moncloa parecían estar en modo avión. Para cuando llegaron los 80.000 marroquíes los días 30 y 31 de julio, el aviso de riesgo 'EXTREMO' del CENIF ya era un mueble más de la oficina. Vivas pidió emergencia nacional y mando único, pero el Ejecutivo central decidió que los refuerzos de seguridad eran un lujo prescindible. Ahora, en los pasillos de la Audiencia Nacional, se habla de ataques a la integridad territorial y organización criminal. Vivas se marcha 'satisfecho' de declarar, aunque deja caer que el exdelegado Miguel Ángel Pérez Triano tiene la llave de algunas respuestas. Es la clásica historia de la administración: el de abajo grita que el barco se hunde y el de arriba responde que no puede atender la llamada porque está en una reunión. Solo que aquí, el naufragio no fue una metáfora, sino una entrada masiva que el Estado vio venir en el móvil y decidió ignorar.
Hay algo fascinante en la burocracia española: la capacidad de convertir un árbol genealógico en una herramienta de ingeniería electoral. La 'ley de nietos', diseñada para sanar heridas históricas de exiliados entre 1936 y 1955, ha terminado siendo el 'vale todo' de los censos madrileños. En Collado Villalba, Mariola Vargas ha soltado la alarma: el Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA) ha subido un 19% respecto a 2019. Hablamos de 227 nuevos votantes que elevan la cifra a 1.439 personas. Para un pueblo de 67.000 habitantes, que el 3% del censo sea gente que probablemente no sabe dónde queda la plaza del pueblo es, cuanto menos, curioso. Pero el surrealismo alcanza cotas estratosféricas en Tres Cantos. Jesús Moreno se pregunta cómo es posible que haya 215 nuevos inscritos en un municipio que nació en 1991. Es matemática básica: nadie puede ser descendiente de un exiliado político de Tres Cantos porque el pueblo no existía cuando la gente huía del país. Es como intentar reclamar una herencia de un abuelo que vivió en un edificio construido ayer. Y luego tenemos el caso de Madarcos, la joya de la corona del absurdo. En el municipio más pequeño de Madrid, con apenas 70 vecinos, hay más votantes en el CERA que personas viviendo físicamente en el pueblo. Básicamente, el pueblo es un cascarón donde los residentes reales son minoría frente a los 'nietos' invisibles. Mientras Isabel Díaz Ayuso pide a la JEC que se acabe el registro automático y se exijan papeles reales, los alcaldes miran el censo como quien mira la factura de la luz tras un invierno helado: con horror y la sensación de que alguien les está tomando el pelo.
Hay una magia casi mística en la salud de ciertos personajes públicos: una capacidad camaleónica para estar 'demasiado enfermo para el juez' pero 'perfectamente lúcido para el brindis'. Jordi Pujol, el patriarca que durante 30 años jugó al escondite con una fortuna en Andorra, ha descubierto que el Alzheimer es un traje a medida que se puede quitar y poner según la agenda. Tras eludir un proceso judicial que le reclamaba nueve años de cárcel por una ingeniería financiera familiar que haría palidecer a cualquier banquero suizo, el 'expresident' ha vuelto a la carga con una agenda más apretada que la de un candidato en campaña. La coreografía es perfecta. Primero, el blindaje médico: marcadores de Alzheimer y una memoria verbal en ruinas que lo exoneraron por incapacidad. Pero, ¡milagro! Apenas seis meses después, el nonagenario recupera la oratoria para dar lecciones de realismo político. Desde el Palau de la Generalitat en 2024 hasta el Palau de Pedralbes en 2025, Salvador Illa ha oficiado como el anfitrión de esta rehabilitación, recibiéndolo con la naturalidad de quien saluda a un vecino, ignorando que la causa contra sus siete hijos por blanqueo y asociación ilícita sigue esperando sentencia. El calendario de octubre es el colmo del surrealismo. El lunes 5, Pujol rendirá tributo a Lluís Prenafeta, su mano derecha de los 80 y condenado en el caso Pretoria. Mientras el ciudadano medio lucha contra la inflación, el entorno convergente organiza mesas redondas con figuras como José Antich y Vicent Sanchis para pulir el legado del patriarca. Entre visitas a los Gegants de Convergència en Mataró y guiños en la Pedrera con Víctoria Asina, Pujol se pasea por una Cataluña que, aunque él admita que ya no lo incluye, sigue siendo su tablero de juego. Una rehabilitación sin rebozo donde la ética es un accesorio opcional.
En el fútbol, como en la vida, el que calla otorga y el que no presiona, termina pagando la cuenta. Mientras en Moncloa parecen creer que la final del Mundial 2030 llegará al Santiago Bernabéu por pura cortesía, en Rabat ya están celebrando el banquete. La realidad es que España ha entrado en esta negociación con la ingenuidad de quien va al mercado sin lista y termina comprando lo que el vendedor quiere encasquetarle. Santi Cañizares lo ha soltado sin anestesia: ahora mismo, Marruecos está más preparado que Madrid. Y no es solo cuestión de cemento, aunque el Gran Estadio de Hassan II en Casablanca, para 115.000 espectadores, sea un monumento a la ambición que deja nuestro despliegue como un proyecto de fin de curso. La jugada maestra ha sido política. Fouzi Lekjaa, presidente de la Federación de Fútbol de Marruecos, ha escalado hasta convertirse en primer ministro, transformando el deporte en un asunto de Estado. Mientras tanto, Pedro Sánchez parece haber mordido la zanahoria que le puso Gianni Infantino, según las palabras del ahora ex-presidente de la RFEF, Luis Rubiales. Es la diplomacia del silencio frente a la agresividad de Rabat. Marruecos no solo tiene el apoyo de la Confederación Africana de Fútbol (CAF) y el mundo árabe para blindar la reelección de Infantino, sino que juega la carta de Washington. Con Donald Trump en el tablero, la alianza geopolítica de Marruecos pesa más que cualquier promesa ibérica. Javier Tebas ya ha encendido la alarma: si Infantino sigue al mando, el Bernabéu puede quedarse en un sueño húmedo. Rafael Louzán, el optimista oficial de la RFEF, sigue vendiendo esperanzas, pero en la calle sabemos que cuando el pescado ya está vendido, solo quedan las espinas. España ha regalado cuotas de poder sin pedir garantías, y ahora nos sorprende que el dueño de la fiesta quiera cambiar la ubicación del baile.
Organizar un Mundial es como montar una boda triple: todo el mundo sonríe para la foto, pero detrás hay una guerra de egos y trastos sin limpiar. España, Portugal y Marruecos se han dado la mano para 2030, pero el ambiente en las gradas marroquíes huele a combustible. No hablamos de cuatro aficionados gritando tonterías, sino de grupos como los Winners 2005 del Wydad de Casablanca o los Fatal Tigers del MAS de Fez, que han convertido las pancartas en manifiestos políticos escritos en castellano para que en Madrid no haya dudas: Ceuta y Melilla están en su lista de la compra territorial. El problema es que estas estructuras ultras no son solo tipos con bengalas; son maquinas de logística. El Centro Nacional de Inmigración y Fronteras ya le soltó a la Audiencia Nacional que las entradas masivas del 30 y 31 de julio no fueron un 'arrebato espontáneo', sino una operación planificada con aroma a fuerzas de seguridad marroquíes. Mientras nosotros peleamos con la factura de la luz, el CNI detectaba convocatorias en WhatsApp y Facebook el 29 de julio para aprovechar la Fiesta del Trono y saltar la valla. Expertos como David Docal y Joan Caballero del CEIDIV advierten que ver simbología de los Green Boys del Raja de Casablanca en Ceuta es una señal roja que no se puede ignorar. Si los cánticos de 'Ceuta y Melilla son marroquíes' ya saltan en partidos de la selección nacional contra Gabón en Rabat, el riesgo ha dejado de ser un asunto de grada para ser un problema de Estado. Ahora la pelota está en el tejado de Gianni Infantino y la FIFA. Con elecciones en Rabat el 18 de marzo de 2027 y un Congreso extraordinario el 23 de noviembre, sería muy cómodo mirar hacia otro lado para no molestar a los votos africanos. Pero en seguridad, esperar al desastre para estudiar el manual es como comprar el extintor cuando la casa ya es ceniza.
El Pleno del Ayuntamiento de Madrid ha vuelto a transformarse en el patio de colegio de siempre, pero esta vez con un toque de nostalgia tóxica. José Luis Martínez-Almeida y Rita Maestre se han dedicado a lanzarse dardos en un duelo que empezó hablando de alquileres y terminó con una lección de aritmética financiera sobre la coherencia política. Maestre, en modo gladiadora, acusó al alcalde de firmar cada desahucio de la capital, poniendo el foco en el caso de Maricarmen, una vecina de 87 años del distrito de Retiro que estuvo a punto de quedar en la calle antes de que el Ayuntamiento mediara con Urbagestión para que volviera a su casa por un precio similar al anterior. Pero Almeida, que no se deja pisar el jardín, decidió que era el momento de sacar el baúl de los recuerdos. No sacó un dato, sacó una pancarta del 15-M. Sí, esa donde una joven Maestre gritaba que la juventud no tenía casa ni curro. El alcalde, con una ironía que cortaba el aire, le recordó que 15 años después la portavoz de Más Madrid no solo tiene casa en uno de los barrios más 'cool' de la ciudad, sino que ha olvidado un pequeño detalle contable. Según Almeida, Maestre prometió no cobrar más de tres veces el SMI al entrar en política, una promesa que, traducida al lenguaje de la calle, se ha convertido en un agujero de 700.000 euros que le debe a los madrileños. Entre llamadas al orden de Borja Fanjul y gritos desde la bancada, el Pleno rozó el espectáculo de variedades. Mientras Maestre hablaba de justicia social, Almeida le recordó que el miedo a perder los privilegios es el nuevo motor de quienes antaño gritaban 'sin miedo'. Un choque de trenes donde la ideología se quedó fuera y solo quedó el recuento de los euros y el postureo.
En el tablero político, hay quien juega al ajedrez y quien prefiere mover las piezas cuando el árbitro mira hacia otro lado. Pedro Sánchez parece haber encontrado un 'vale regalo' constitucional para evitar las urnas en 2027 si las encuestas se ponen feas. El plan es tan surrealista que parece sacado de una comedia de enredo: usar Ceuta como escudo. La aritmética es sencilla, casi como calcular el sablazo de la luz a final de mes. Según la Junta Electoral Central, el decreto de disolución debería firmarse el 28 de junio de 2027 para que el 22 de agosto los ciudadanos den su veredicto. Pero aquí entra la ingeniería financiera del poder. El artículo 116.5 de la Constitución es el agujero legal perfecto: si hay estado de alarma, excepción o sitio, el Congreso no se disuelve. Es como poner el modo avión al calendario electoral. Para lograrlo, bastaría con un decreto del Consejo de Ministros y una mayoría simple en el Congreso para prorrogarlo cada 15 días. Una maniobra que ya probamos en 2020 con el covid-19, cuando las elecciones en Galicia y el País Vasco desaparecieron del mapa sin mucha base legal. Ahora, el detonante sería una 'ayuda' de Marruecos o una crisis en Ceuta, mientras María Tardón, en el Juzgado Central de Instrucción nº 3 de la Audiencia Nacional, intenta descifrar la invasión del 30 y 31 de julio. Al final, la última palabra la tendría el Tribunal Constitucional de Cándido Conde-Pumpido. El sistema, diseñado para tiempos de normalidad, se encuentra ahora frente a un Gobierno que trata la Constitución no como un manual de instrucciones, sino como un libro de sugerencias.
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