Crítica:
La noticia es un festín de citas judiciales, pero falla al no explicar la naturaleza exacta de los 'papeles' de Villarejo. Es un ejercicio de goteo informativo diseñado para mantener el ruido mediático.
La noticia es un festín de citas judiciales, pero falla al no explicar la naturaleza exacta de los 'papeles' de Villarejo. Es un ejercicio de goteo informativo diseñado para mantener el ruido mediático.
París se derrite. No es una metáfora poética, es un horno urbano que ya se ha cobrado más de 2.000 muertes adicionales en una sola semana y ha dejado el campo francés como un cementerio de millones de pollos. Mientras el ciudadano de a pie intenta no evaporarse, el alcalde Emmanuel Grégoire se pone la capa de salvador del planeta y suelta la perla en RTL: el aire acondicionado individual es un 'flagelo' porque, al enfriar tu salón, calientas la casa del vecino. Una lógica de patio de colegio aplicada a la urbanística. La norma es clara: prohibido colgar cajas de metal en las fachadas. El Plan Local d'Urbanisme es la ley, y si vives en uno de los 45.000 edificios protegidos de Francia o en el centro de Lyon —donde la Unesco vigila que no muevas ni un ladrillo—, te toca sudar la gota gorda por el bien del patrimonio. El 36% de los franceses, según OpinionWay para France Energie, ni siquiera lo instala por pura ecología. Otros, simplemente, no pueden permitirse el sablazo de la instalación o el permiso administrativo. Pero aquí llega el giro irónico. Mientras Grégoire admite en Le Monde que ya ha comprado equipos para algunas escuelas, la realidad golpea en el Ayuntamiento del Distrito 19. Google Maps no miente: allí, en la fachada donde el ciudadano tiene prohibido poner hasta un timbre, lucen orgullosos los bloques de aire acondicionado. Es el clásico 'haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago'. Mientras la burocracia vuelve locos a los residentes, los despachos oficiales se mantienen a 21 grados, blindados por una letra pequeña invisible que parece exonerar a la administración del calor y de la coherencia.
El calendario oficial dice que el 28 de julio Pedro Sánchez pondrá el broche al curso con su habitual despliegue de 'Cumpliendo'. Traducido al idioma de la calle: el jefe se pilla la baja emocional y se larga un mes entero mientras el incendio en el jardín de Moncloa sigue escupiendo chispas. Es la clásica maniobra de 'ojos que no ven, corazón que no siente'. Mientras el ciudadano medio pelea con la factura de la luz o intenta que el alquiler no se coma su sueldo, el presidente se prepara para aterrizar en la residencia de La Mareta, en Lanzarote, donde el ruido de los juzgados llega amortiguado por la brisa atlántica. El plan es sencillo: proyectar normalidad hasta el 25 de agosto, fecha del regreso del Consejo de Ministros. Pero la normalidad es un concepto elástico cuando tienes una lista de invitados al banquete judicial que parece el anuario del PSOE. Desde la condena de José Luis Ábalos hasta las investigaciones que salpican a José Luis Rodríguez Zapatero, Santos Cerdán, Juan Manuel Serrano, Ana María Fuentes y Mercedes González. Y claro, el combo familiar: Begoña Gómez y David Sánchez. Es una ingeniería de supervivencia donde los indicadores económicos se usan como un escudo de cartón piedra para tapar el goteo de imputados. Para rematar el truco, nos venden la esperanza de unos Presupuestos Generales del Estado que llevan tres años en el limbo, la eterna promesa que se ha convertido en el 'mañana te pago' del Gobierno. Con un pleno extraordinario el 14 de julio y el llamado 'pleno escoba' el 23, Sánchez pretende limpiar la mesa antes de cerrar la persiana. Incluso han dejado el real decreto de vivienda en el cajón, ignorando los gritos de Sumar. Básicamente, el Ejecutivo ha decidido que el problema de dónde vivir puede esperar a septiembre; ellos ya tienen su destino reservado.
Hay una ironía deliciosa, casi cinematográfica, en el arte de pagarle el agua al vecino para que luego te cierre la puerta en la cara. Marruecos quiere la final del Mundial 2030 en Casablanca y, para convencer a Gianni Infantino y a la FIFA, ha sacado la cartera. Pero ojo, que la cartera no es la suya. El 'estirón' técnico de Rabat se basa en la desaladora de Sidi Rahal, la más grande de África, que garantiza que los VIPs no pasen sed mientras ven el partido en el estadio Hassan II (ese coloso de 115.000 espectadores que promete ingresos 150 millones superiores a los de Madrid). Aquí es donde la historia se vuelve surrealista. Mientras el ciudadano medio lucha contra la inflación en la compra del súper, el Gobierno de Pedro Sánchez ha decidido que 340 millones de euros en dinero público son una inversión razonable para financiar el grifo de quien ahora nos compite la final. Es una ingeniería financiera de manual: 250 millones vía FIEM, 60 millones a través de Cesce y otros 31 millones por Cofides. En resumen, hemos pagado casi el 40% de la obra para que Marruecos pueda decirle a la FIFA: 'Mirad qué modernos somos, tenemos agua potable'. El reparto del pastel es exquisito. Acciona se llevó el contrato en noviembre de 2023, no precisamente por ser los más baratos, sino por ir de la mano de Green of Africa y AfriquiaGaz. ¿Quiénes son? El grupo Akwa, propiedad de Aziz Ajanuch. Sí, el primer ministro marroquí y el hombre más rico del país después del Rey. Mientras España pone los créditos con condiciones privilegiadas, Marruecos pone el terreno y el poder político. No hay inversión marroquí en España, pero sí una generosa propina española para que Casablanca brille en el cuaderno de propuesta 'Yalla Vamos 2030'. Nos han vendido el puente y ahora resulta que el puente nos sirve para que ellos crucen y nos quiten la final.
En el manual de supervivencia del funcionario moderno, hay una regla de oro: si el barco se hunde, que sea en una empresa pública. Así opera la ingeniería del nepotismo actual. Mientras el ciudadano medio se pelea con la administración para que no le cobren el IBI dos veces, el Gobierno ha convertido a Tragsa en una suerte de refugio climatizado para los suyos. El caso estrella es el de Rocío López Cid, concejala y teniente de alcalde en Albaida del Aljarafe, que ha pasado de gestionar el voto por correo con métodos de película de espías de bajo presupuesto a gestionar subvenciones del 0,7% del IRPF. La trama es tan delirante que parece un chiste de mal gusto. López Cid no se limitó a 'ayudar' en la campaña; según el Juzgado de Instrucción número 3 de Sanlúcar la Mayor, la mujer prefería que los votos aterrizaran en su mesilla de noche antes que en las urnas. Hablamos de al menos 32 votos por correo sospechosos, donde la caligrafía de la edil coincide sospechosamente con la de los formularios. El nivel de descaro alcanzó su cenit cuando una solicitud de voto de un tal F.M.P. llegó directamente a su domicilio particular. Pero aquí viene la joya de la corona: lejos de darle un correctivo, el PSOE la ascendió a la Secretaría de Infancia en la dirección provincial de María Jesús Montero y, como premio al esfuerzo, la colocaron como asistente técnica en Tragsa, empresa dependiente del Ministerio de Agricultura y la SEPI. Es el ciclo perfecto: fraude electoral, ascenso político y un sueldo público para justificar que otros reciban ayudas. Solo cuando la Fiscalía pidió su imputación formal en febrero, la señora decidió que el aire en Tragsa ya no era tan puro y abandonó el puesto dos meses después. Un patrón de 'regeneración' que, según la Policía Judicial, se repite con precisión matemática desde Sevilla hasta Melilla, pasando por Tenerife y Murcia.
Imagínate comprarte un coche deportivo de lujo y descubrir que solo funciona con un combustible exótico que el gobierno acaba de prohibir. Pues bien, la Guardia Civil ha hecho exactamente eso, pero con 9.000 pistolas Ramon. Entre 2021 y 2023, el Estado soltó dos millones de euros a la empresa israelí EMTAM por unos juguetes que ahora sirven, básicamente, para sujetar papeles en un almacén. ¿El motivo? El Gobierno, en un alarde de coherencia geopolítica, vetó la compra de 15 millones de balas a IMI Systems por la guerra en Gaza. El problema es que, según los tests del Servicio de Armamento y Equipamiento Policial, las balas de Fiocchi Munizioni, Omena Technologies y Sellier & Bellot son básicamente petardos que se encasquillan. Solo las israelíes funcionaban. Pero esperen, que la ingeniería financiera es un arte. De esas 9.000 pistolas, unas 4.000 llegaron defectuosas; un agente terminó herido de gravedad porque el sistema de extracción era una broma. La solución de María Gámez fue enviar un 'kit de extracción', una especie de parche casero que no sirvió para nada. Como el contrato tenía una cláusula que impedía la devolución sin pagar una millonada, el Estado decidió quedarse con la chatarra. Para rematar la jugada, Fernando Grande-Marlaska ha lanzado una nueva licitación con Guardian Homeland Security. El resultado: 7.500 pistolas nuevas que cuestan 600 euros la unidad, frente a los 269 euros de las anteriores. Un recargo del 120% por el placer de empezar de cero. Mientras tanto, el Ministerio del Interior ha tenido que hacer malabarismos con contratos de 9,8 millones de euros para balas, jugando al gato y al ratón con los socios de coalición y las promesas de Pedro Sánchez. Un despliegue de gestión donde la seguridad ciudadana es la variable de ajuste.
Hay que tenerlo todo planeado, menos el abogado de patentes. El Gobierno de Pedro Sánchez decidió celebrar los 50 años de España en libertad montando una pasarela en el Congreso de los Diputados, con Marina Rivers como musa y una estética de firma de lujo. El resultado fue 'Dmocracia', una marca de ropa que suena a startup de Silicon Valley pero que tiene el respaldo del erario público. Lo cómico es que, mientras se gastaban 386.000 euros en el despliegue —un sablazo que haría llorar a cualquier autónomo—, se olvidaron de lo más básico: registrar el nombre. Para que nos entendamos, es como comprarse un coche de alta gama, dejarlo aparcado en la calle sin llave y sorprenderse cuando alguien se lo lleva. El desglose del gasto es una joya de la gestión institucional: 112.783 euros en confeccionar las prendas, 59.680 euros en sesiones de fotos para que todo quedara 'estético', 10.000 euros en asesoría de diseño y unos modestos 2.752 euros en logística y tarjetas. Casi 400.000 euros invertidos en una marca que, según la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, no era para vender, sino para 'posicionarse'. Pero en el tablero político no hay espacio para los despistes. El pasado 9 de julio de 2026, Vox decidió que el vacío legal era una invitación formal y solicitó el registro de 'Dmocracia' ante la Oficina Española de Patentes y Marcas. Mientras el Ejecutivo presume de libertad y vanguardia, la oposición se ha quedado con el 'estuche' de la marca. Una jugada maestra de troleo administrativo que deja al Gobierno haciendo el ridículo con ropa cara y sin nombre propio.
Hay quien dice que la memoria es un refugio, pero en los pasillos del poder parece que la memoria es, sobre todo, una herramienta de ingeniería electoral. Hazte Oír ha decidido llevar el ruido hasta Bruselas, registrando una petición en el Parlamento Europeo para que alguien, en algún despacho comunitario, analice si la 'ley de nietos' es una reparación histórica o un truco de magia para inflar el censo. Para el ciudadano de a pie, que lucha con la declaración de la renta, la aritmética es sencilla: la Ley de Memoria Democrática de 2022 abrió el grifo. El plazo cerró el 22 de octubre de 2025 con un volumen de solicitudes que parece la cola de un concierto de Taylor Swift: 2,45 millones de personas, con un 90% concentradas en Latinoamérica y un Buenos Aires que, con 645.000 peticiones, parece el verdadero ayuntamiento de España. De momento, el Gobierno ha aprobado unas 545.000. La joya de la corona es la instrucción de octubre de 2022 de Sofia Puente —hermana del ministro de Transportes—, quien decidió que probar la persecución política era un trámite aburrido. Basta con haber salido del país entre 1936 y 1955 para ser 'exiliado' por decreto. Es el equivalente administrativo a decir que cualquiera que haya salido a comprar pan en esos años era un refugiado. El problema no es el pasaporte, sino el voto. El CERA es el comodín donde unos pocos miles de votos desde el extranjero pueden decidir el último escaño de una provincia, permitiendo que el interesado elija dónde registrarse aunque no haya pisado esa tierra en su vida. Entre esto y la regularización masiva de más de 750.000 personas, Hazte Oír advierte que se está alterando la estructura electoral española, poniendo en duda los valores del artículo 2 del Tratado de la Unión Europea. Bruselas ha respondido con la burocracia habitual: que hay mucha cola y que ya mirarán la petición cuando puedan.
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