Marruecos usa como baza para la final de 2030 la gran desaladora que le financia Moncloa

Pagamos el agua y perdemos la final

politica Una ilustración satírica y conceptual. Un grifo gigante de oro que vierte monedas de euro sobre un desierto africano, transformándolo en un estadio de fútbol hipermoderno y lujoso. Al fondo, una silueta de la ciudad de Casablanca. Estilo editorial de revista económica, colores contrastados, atmósfera de ironía política, sin rostros humanos definidos.

Hay una ironía deliciosa, casi cinematográfica, en el arte de pagarle el agua al vecino para que luego te cierre la puerta en la cara. Marruecos quiere la final del Mundial 2030 en Casablanca y, para convencer a Gianni Infantino y a la FIFA, ha sacado la cartera. Pero ojo, que la cartera no es la suya.

El 'estirón' técnico de Rabat se basa en la desaladora de Sidi Rahal, la más grande de África, que garantiza que los VIPs no pasen sed mientras ven el partido en el estadio Hassan II (ese coloso de 115.000 espectadores que promete ingresos 150 millones superiores a los de Madrid). Aquí es donde la historia se vuelve surrealista.

Mientras el ciudadano medio lucha contra la inflación en la compra del súper, el Gobierno de Pedro Sánchez ha decidido que 340 millones de euros en dinero público son una inversión razonable para financiar el grifo de quien ahora nos compite la final. Es una ingeniería financiera de manual: 250 millones vía FIEM, 60 millones a través de Cesce y otros 31 millones por Cofides.

En resumen, hemos pagado casi el 40% de la obra para que Marruecos pueda decirle a la FIFA: 'Mirad qué modernos somos, tenemos agua potable'. El reparto del pastel es exquisito. Acciona se llevó el contrato en noviembre de 2023, no precisamente por ser los más baratos, sino por ir de la mano de Green of Africa y AfriquiaGaz.

¿Quiénes son? El grupo Akwa, propiedad de Aziz Ajanuch. Sí, el primer ministro marroquí y el hombre más rico del país después del Rey. Mientras España pone los créditos con condiciones privilegiadas, Marruecos pone el terreno y el poder político. No hay inversión marroquí en España, pero sí una generosa propina española para que Casablanca brille en el cuaderno de propuesta 'Yalla Vamos 2030'.

Nos han vendido el puente y ahora resulta que el puente nos sirve para que ellos crucen y nos quiten la final.

Crítica:

El texto original es una joya de la denuncia sobre la ingenuidad diplomática. Solo falla en no profundizar en el retorno real de esas inversiones, aunque el sarcasmo sobre el 'regalo' es evidente.

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