Crítica:
El texto original es una joya de la denuncia sobre la ingenuidad diplomática. Solo falla en no profundizar en el retorno real de esas inversiones, aunque el sarcasmo sobre el 'regalo' es evidente.
El texto original es una joya de la denuncia sobre la ingenuidad diplomática. Solo falla en no profundizar en el retorno real de esas inversiones, aunque el sarcasmo sobre el 'regalo' es evidente.
El calendario oficial dice que el 28 de julio Pedro Sánchez pondrá el broche al curso con su habitual despliegue de 'Cumpliendo'. Traducido al idioma de la calle: el jefe se pilla la baja emocional y se larga un mes entero mientras el incendio en el jardín de Moncloa sigue escupiendo chispas. Es la clásica maniobra de 'ojos que no ven, corazón que no siente'. Mientras el ciudadano medio pelea con la factura de la luz o intenta que el alquiler no se coma su sueldo, el presidente se prepara para aterrizar en la residencia de La Mareta, en Lanzarote, donde el ruido de los juzgados llega amortiguado por la brisa atlántica. El plan es sencillo: proyectar normalidad hasta el 25 de agosto, fecha del regreso del Consejo de Ministros. Pero la normalidad es un concepto elástico cuando tienes una lista de invitados al banquete judicial que parece el anuario del PSOE. Desde la condena de José Luis Ábalos hasta las investigaciones que salpican a José Luis Rodríguez Zapatero, Santos Cerdán, Juan Manuel Serrano, Ana María Fuentes y Mercedes González. Y claro, el combo familiar: Begoña Gómez y David Sánchez. Es una ingeniería de supervivencia donde los indicadores económicos se usan como un escudo de cartón piedra para tapar el goteo de imputados. Para rematar el truco, nos venden la esperanza de unos Presupuestos Generales del Estado que llevan tres años en el limbo, la eterna promesa que se ha convertido en el 'mañana te pago' del Gobierno. Con un pleno extraordinario el 14 de julio y el llamado 'pleno escoba' el 23, Sánchez pretende limpiar la mesa antes de cerrar la persiana. Incluso han dejado el real decreto de vivienda en el cajón, ignorando los gritos de Sumar. Básicamente, el Ejecutivo ha decidido que el problema de dónde vivir puede esperar a septiembre; ellos ya tienen su destino reservado.
En el manual de supervivencia del funcionario moderno, hay una regla de oro: si el barco se hunde, que sea en una empresa pública. Así opera la ingeniería del nepotismo actual. Mientras el ciudadano medio se pelea con la administración para que no le cobren el IBI dos veces, el Gobierno ha convertido a Tragsa en una suerte de refugio climatizado para los suyos. El caso estrella es el de Rocío López Cid, concejala y teniente de alcalde en Albaida del Aljarafe, que ha pasado de gestionar el voto por correo con métodos de película de espías de bajo presupuesto a gestionar subvenciones del 0,7% del IRPF. La trama es tan delirante que parece un chiste de mal gusto. López Cid no se limitó a 'ayudar' en la campaña; según el Juzgado de Instrucción número 3 de Sanlúcar la Mayor, la mujer prefería que los votos aterrizaran en su mesilla de noche antes que en las urnas. Hablamos de al menos 32 votos por correo sospechosos, donde la caligrafía de la edil coincide sospechosamente con la de los formularios. El nivel de descaro alcanzó su cenit cuando una solicitud de voto de un tal F.M.P. llegó directamente a su domicilio particular. Pero aquí viene la joya de la corona: lejos de darle un correctivo, el PSOE la ascendió a la Secretaría de Infancia en la dirección provincial de María Jesús Montero y, como premio al esfuerzo, la colocaron como asistente técnica en Tragsa, empresa dependiente del Ministerio de Agricultura y la SEPI. Es el ciclo perfecto: fraude electoral, ascenso político y un sueldo público para justificar que otros reciban ayudas. Solo cuando la Fiscalía pidió su imputación formal en febrero, la señora decidió que el aire en Tragsa ya no era tan puro y abandonó el puesto dos meses después. Un patrón de 'regeneración' que, según la Policía Judicial, se repite con precisión matemática desde Sevilla hasta Melilla, pasando por Tenerife y Murcia.
Imagínate comprarte un coche deportivo de lujo y descubrir que solo funciona con un combustible exótico que el gobierno acaba de prohibir. Pues bien, la Guardia Civil ha hecho exactamente eso, pero con 9.000 pistolas Ramon. Entre 2021 y 2023, el Estado soltó dos millones de euros a la empresa israelí EMTAM por unos juguetes que ahora sirven, básicamente, para sujetar papeles en un almacén. ¿El motivo? El Gobierno, en un alarde de coherencia geopolítica, vetó la compra de 15 millones de balas a IMI Systems por la guerra en Gaza. El problema es que, según los tests del Servicio de Armamento y Equipamiento Policial, las balas de Fiocchi Munizioni, Omena Technologies y Sellier & Bellot son básicamente petardos que se encasquillan. Solo las israelíes funcionaban. Pero esperen, que la ingeniería financiera es un arte. De esas 9.000 pistolas, unas 4.000 llegaron defectuosas; un agente terminó herido de gravedad porque el sistema de extracción era una broma. La solución de María Gámez fue enviar un 'kit de extracción', una especie de parche casero que no sirvió para nada. Como el contrato tenía una cláusula que impedía la devolución sin pagar una millonada, el Estado decidió quedarse con la chatarra. Para rematar la jugada, Fernando Grande-Marlaska ha lanzado una nueva licitación con Guardian Homeland Security. El resultado: 7.500 pistolas nuevas que cuestan 600 euros la unidad, frente a los 269 euros de las anteriores. Un recargo del 120% por el placer de empezar de cero. Mientras tanto, el Ministerio del Interior ha tenido que hacer malabarismos con contratos de 9,8 millones de euros para balas, jugando al gato y al ratón con los socios de coalición y las promesas de Pedro Sánchez. Un despliegue de gestión donde la seguridad ciudadana es la variable de ajuste.
Hay que tenerlo todo planeado, menos el abogado de patentes. El Gobierno de Pedro Sánchez decidió celebrar los 50 años de España en libertad montando una pasarela en el Congreso de los Diputados, con Marina Rivers como musa y una estética de firma de lujo. El resultado fue 'Dmocracia', una marca de ropa que suena a startup de Silicon Valley pero que tiene el respaldo del erario público. Lo cómico es que, mientras se gastaban 386.000 euros en el despliegue —un sablazo que haría llorar a cualquier autónomo—, se olvidaron de lo más básico: registrar el nombre. Para que nos entendamos, es como comprarse un coche de alta gama, dejarlo aparcado en la calle sin llave y sorprenderse cuando alguien se lo lleva. El desglose del gasto es una joya de la gestión institucional: 112.783 euros en confeccionar las prendas, 59.680 euros en sesiones de fotos para que todo quedara 'estético', 10.000 euros en asesoría de diseño y unos modestos 2.752 euros en logística y tarjetas. Casi 400.000 euros invertidos en una marca que, según la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, no era para vender, sino para 'posicionarse'. Pero en el tablero político no hay espacio para los despistes. El pasado 9 de julio de 2026, Vox decidió que el vacío legal era una invitación formal y solicitó el registro de 'Dmocracia' ante la Oficina Española de Patentes y Marcas. Mientras el Ejecutivo presume de libertad y vanguardia, la oposición se ha quedado con el 'estuche' de la marca. Una jugada maestra de troleo administrativo que deja al Gobierno haciendo el ridículo con ropa cara y sin nombre propio.
Hay quien dice que la memoria es un refugio, pero en los pasillos del poder parece que la memoria es, sobre todo, una herramienta de ingeniería electoral. Hazte Oír ha decidido llevar el ruido hasta Bruselas, registrando una petición en el Parlamento Europeo para que alguien, en algún despacho comunitario, analice si la 'ley de nietos' es una reparación histórica o un truco de magia para inflar el censo. Para el ciudadano de a pie, que lucha con la declaración de la renta, la aritmética es sencilla: la Ley de Memoria Democrática de 2022 abrió el grifo. El plazo cerró el 22 de octubre de 2025 con un volumen de solicitudes que parece la cola de un concierto de Taylor Swift: 2,45 millones de personas, con un 90% concentradas en Latinoamérica y un Buenos Aires que, con 645.000 peticiones, parece el verdadero ayuntamiento de España. De momento, el Gobierno ha aprobado unas 545.000. La joya de la corona es la instrucción de octubre de 2022 de Sofia Puente —hermana del ministro de Transportes—, quien decidió que probar la persecución política era un trámite aburrido. Basta con haber salido del país entre 1936 y 1955 para ser 'exiliado' por decreto. Es el equivalente administrativo a decir que cualquiera que haya salido a comprar pan en esos años era un refugiado. El problema no es el pasaporte, sino el voto. El CERA es el comodín donde unos pocos miles de votos desde el extranjero pueden decidir el último escaño de una provincia, permitiendo que el interesado elija dónde registrarse aunque no haya pisado esa tierra en su vida. Entre esto y la regularización masiva de más de 750.000 personas, Hazte Oír advierte que se está alterando la estructura electoral española, poniendo en duda los valores del artículo 2 del Tratado de la Unión Europea. Bruselas ha respondido con la burocracia habitual: que hay mucha cola y que ya mirarán la petición cuando puedan.
Hay que tener una agilidad mental envidiable para convertir un viaje de emigración de 1923 en un exilio político de 1936. Juan Manuel de Hoz, el portavoz del Centro de Descendientes de Españoles Unidos (CeDEU), ha ejecutado una maniobra de ingeniería administrativa que dejaría pequeño cualquier truco de magia. Mientras el ciudadano medio pelea con la burocracia para renovar el DNI, De Hoz se deslizó por la Ley de Memoria Democrática con la velocidad de un Fórmula 1: tres semanas bastaron para obtener la nacionalidad española. Lo fascinante no es la rapidez, sino la gimnasia temporal. Sus abuelos paternos se fueron de España en 1921 y se instalaron definitivamente en Buenos Aires en 1923, huyendo de la pobreza y el golpe de Primo de Rivera. Es decir, se fueron 13 años antes de que estallara la Guerra Civil. Pero en el universo paralelo de la Ley de Nietos, eso parece ser un detalle insignificante. El 21 de octubre de 2022 la norma entró en vigor según el BOE, y para el 1 de diciembre de 2022, el PSOE de Argentina ya presumía en redes sociales de su nuevo afiliado. Cuarenta días. Eso es lo que tardó el ciclo completo: nacionalidad y carné del partido. Un 'pack bienvenida' que hace que cualquier oferta de cuenta bancaria parezca lenta. El Gobierno de Pedro Sánchez ha abierto la veda a un flujo de pasaportes que ya no distingue entre exiliados y quienes emigraron en el siglo XIX, incluyendo casos de 1882 o 1898. El objetivo es claro: importar votos. El PSOE presume de que Argentina tendrá más nacionalizados con derecho a voto que el 95% de las ciudades españolas. Básicamente, están haciendo una compra de electorado transatlántica usando la memoria histórica como moneda de cambio.
En el Ministerio de Hacienda se ha instalado un clima de 'Black Friday' perpetuo, pero sin descuentos y con el dinero de todos. Mientras el ciudadano medio pelea con la aplicación de la banca para que no le claven una comisión por respirar, los ministerios han decidido montar una rave de subvenciones directas. El truco es sencillo: como no hay Presupuestos aprobados, se saltan la cola del Congreso y el Senado invocando la mística 'urgencia'. Es la ingeniería del 'cascoporro'. Los técnicos de la Secretaría de Estado de Presupuestos y Gastos están al borde del colapso nervioso. Se encuentran con una avalancha de expedientes que parecen redactados en un frenesí electoral, intentando blindar la caja antes de que alguien diga 'elecciones anticipadas'. No hay concurrencia competitiva; aquí no gana el mejor proyecto, sino el que tiene la llamada correcta. Es, básicamente, repartir el pastel a dedo mientras Hacienda intenta poner una excusa técnica que no parezca un chiste de mal gusto. Lo más delirante es el sesgo geográfico. Mientras algunos pueblos luchan contra la despoblación, el Ministerio de Cultura ha decidido que 12.225.000 euros destinados al patrimonio histórico de ciertos rincones de Cataluña son una prioridad absoluta y urgente. Un detalle curioso para quien cree en la equidad territorial. Todo este ruido ocurre mientras la Agencia Tributaria es un campo de minas tras la salida de Soledad Fernández y otros mandos que no pasaron el filtro de las 'cesiones fiscales' que Pedro Sánchez tiene preparadas para Cataluña. Al final, la moraleja es clara: si quieres dinero público, no montes una empresa innovadora; busca un ministerio que tenga prisa por vaciar la cuenta antes de que cierren el chiringuito legislativo.
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