Bruselas tiene ese aire a colegio donde los alumnos más populares se pelean por quién ha hecho menos deberes. Este jueves, el Consejo Europeo se convirtió en el patio de recreo de los reproches. Pedro Sánchez entró con su habitual despliegue de seguridad, pero se encontró con que Giorgia Meloni, Bart De Wever y Mette Frederiksen no estaban precisamente para darle la palmada en la espalda.
El motivo es el de siempre: la regularización extraordinaria de migrantes en España, una jugada que para sus socios europeos es como si un vecino decide ampliar su terraza invadiendo el jardín común sin avisar a la comunidad de propietarios.
Mientras Roberta Metsola recibía felicitaciones por la reforma migratoria comunitaria, el ambiente se ponía tenso.
Tres o cuatro jefes de Estado decidieron que era el momento de recordarle a Sánchez que sus decisiones no ocurren en una burbuja. Un mandatario, con la sutileza de un martillo, soltó que España acaba de añadir '500.000 inmigrantes más en Europa'. Traducido al lenguaje de la calle: es como si te invitas a medio barrio a una cena sin preguntar al dueño de la casa si hay sitio en la mesa o si el suelo aguanta el peso.
Sánchez, fiel a su estilo, intentó cambiar el chip.
Se puso el traje de humanista para rechazar los centros de deportación en terceros países y argumentó que la mayoría son latinoamericanos. Básicamente, sugirió que, como hablan nuestro idioma y comparten el gusto por la tortilla, no se irán a buscar el sueño europeo a Dinamarca.
Sin embargo, el comisario Magnus Brunner ya había dejado el aviso en febrero: las decisiones nacionales no pueden ser un 'salvese quien pueda' que termine colapsando el vecindario. Moncloa insiste en que cumple el Reglamento de Dublín y el Pacto de Migración, pero en Bruselas la cara de escepticismo era tan grande que se podía ver desde el satélite.
Crítica:
La noticia es un ejercicio de diplomacia textual que oculta el verdadero conflicto: la falta de coordinación real entre Madrid y Bruselas. El titular original es tibio; lo que hubo fue un choque de visiones ideológicas disfrazado de gestión administrativa.
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