José Luis Rodríguez Zapatero, el hombre que prometió austeridad, se enfrenta a un panorama digno de novela, cortesía de la justicia. No se trata de una simple investigación, sino de un ajuste de cuentas donde sus joyas árabes y las facturas de sus hijas son el detonante. La UDEF desenterró en su despacho de Ferraz un ‘pequeño tesoro’: 103 piezas de joyería y relojería, valoradas entre 600.000 y un millón de euros (o, según el expresidente, “no son las joyas de Sissi Emperatriz”).
Un detalle, una bolsa con el logo de la “Presidencia del Gobierno”, que aprieta las tuercas.
Pero la cosa no acaba ahí. Sus hijas, Laura y Alba, administradoras de la empresa Whathefav, S.L. –descrita por el juez como una “estructura artificiosa”–, recibieron entre 2021 y 2025 un total de 447.095,31 euros (sí, casi medio millón) de empresas vinculadas al caso Plus Ultra.
Un “acuerdo”, según el propio Zapatero, con su amigo Julio Martínez. El PP ya pide imputarlas por blanqueo, falsedad y organización criminal.
El juez Calama, con lupa, rastrea también las visitas de Zapatero a Moncloa y los viajes internacionales de toda la familia, buscando conexiones con Venezuela y el origen de los fondos de Plus Ultra.
¿Tráfico de influencias? La acusación popular apunta alto, intentando demostrar que el rescate de la aerolínea estuvo teñido de corrupción. Mientras tanto, el expresidente se prepara para declarar, con la familia en el ojo del huracán. La ironía es que quien siempre mantuvo a su familia en un segundo plano, ahora la expone al escrutinio público.
Un drama familiar con sabor a escándalo político y un patrimonio en juego.
Crítica:
El artículo es un recital de datos, pero se centra demasiado en la narración de los hechos y poco en el contexto más amplio. La fuente principal parece ser la acusación popular, lo que puede sesgar la información. El título es correcto, pero podría ser más incisivo.
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