Crítica:
La crónica se centra en la posible influencia de Zapatero, pero echa en falta una mayor profundización en el flujo del dinero y la justificación del rescate. El titular es, sin duda, punzante, pero podría ser percibido como sensacionalista.
La crónica se centra en la posible influencia de Zapatero, pero echa en falta una mayor profundización en el flujo del dinero y la justificación del rescate. El titular es, sin duda, punzante, pero podría ser percibido como sensacionalista.
El rescate de Air Europa, esa operación que costó 475 millones de euros –casi lo que cuesta mantener un barrio obrero un año–, se ha convertido en un culebrón judicial con sabor a podrido. El juez Escribano ha decidido que Bartolomé Lora, el entonces presidente de la SEPI, y el consejero delegado de Globalia, De la Rocha, expliquen sus movimientos. La cosa promete. Lora, que según las querellas actuó de intermediario para acelerar el proceso a petición de Ábalos, deberá dar cuentas el 3 de julio. Pero la citación a De la Rocha, cercano a Pedro Sánchez, es la puntilla. ¿Qué sabía el hombre fuerte de Moncloa? La trama se complica con las revelaciones del caso Mascarillas, donde Víctor de Aldama, empresario con lengua suelta, asegura que Begoña Gómez, esposa del presidente, ejerció presión para el rescate y que los Hidalgo patrocinaron sus “cosas”. Aldama incluso habla de 200.000 euros en un sobre, destinados a la esposa de Sánchez, según la declaración de Koldo García. Un detalle jugoso. Begoña, por cierto, ya había visitado dos veces las oficinas de Globalia en 2020, mientras Wakalua, filial de la familia Hidalgo, invertía casi un millón de euros en el IE Africa Center que ella dirigía. Un entramado de intereses que apesta a podrido. El juez no se anda con chiquitas y ha solicitado a la SEPI y al Fondo de Ayuda a la Solvencia de Empresas Estratégicas (FASSEE) toda la documentación posible: actas, correos electrónicos, informes, incluso las agendas del presidente del Consejo Gestor. Quiere saber quién votó a favor de la ayuda, quién la impulsó y, sobre todo, quién se benefició. Sara Aagesen, Ana de la Cueva, Pilar Paneque y Raül Blanco, todos con peso en el gobierno, aparecen en el acta de la aprobación “unánime”. Unánime… como si no hubiera alternativas. Mientras tanto, el ciudadano de a pie sigue pagando la gasolina a precio de oro y preguntándose dónde fue a parar su dinero.
Andalucía ha hablado, pero el eco viene del extranjero. El PSOE, dando la espalda a un batacazo histórico en su feudo, ha logrado una victoria incomprensible en el voto de los españoles residentes en el extranjero. ¿Casualidad? Difícilmente. Los números gritan: 31,3% para los socialistas en el CERA, nueve puntos más que en la propia Andalucía, mientras el PP se desplomaba 12 puntos. Una tendencia que se repite como un disco rayado en Extremadura (+7 puntos PSOE), Castilla y León (+10) y Aragón (+12). La lógica dictaría que los que se han ido no sufren las consecuencias de la política nacional, pero la realidad es más retorcida. Recordamos 2004, el 11-M, y cómo el PP arrasó en el CERA antes de la tragedia. O 2011, con un PSOE hundido en España rescatado por el voto exterior. Ahora, la sospecha se centra en la reciente campaña de nacionalizaciones impulsada por la Ley de Memoria Democrática. Más de 2,4 millones de solicitudes, la mayoría de Argentina, y un 98% de aprobaciones. Dos millones de nuevos españoles con derecho a voto, listos para alterar el tablero de juego. La participación en el extranjero es baja (0,5% en Andalucía, apenas 21.583 votos), pero suficiente para inclinar la balanza en circunscripciones pequeñas. Y el PSOE lo sabe. El sociólogo Luis Miller ya advirtió del “impacto demográfico enorme” de esta operación, aunque dudaba de su efecto político. En el PSOE, sin embargo, no creen en la filantropía: si abren la puerta a dos millones de nuevos votantes, es porque esperan algo a cambio. Con las encuestas hundiendo a los socialistas en casi todas las autonomías (por debajo del 20% en Navarra y Cantabria), el voto exterior podría ser el único respirador artificial para evitar una debacle aún mayor. En resumen, algo huele mal en el voto exterior, y no es el protector solar de Benidorm.
Mónica García, ministra de Sanidad y portavoz de Más Madrid, ha lanzado una pulla que resuena más que un sablazo en la factura de la luz al PSOE. Mientras los ciudadanos andan contando céntimos, el partido se ve obligado a dar cuentas de las reuniones de su jefa de la Guardia Civil, Mercedes González, con Leire Díez. ¿El detonante? Un caso que, según García, amenaza con convertir al PSOE en un lastre para el conjunto del espacio progresista. La ministra exige "todas las explicaciones", porque, al parecer, la transparencia es un bien escaso en Ferraz. En paralelo, Sumar, con su habitual tono de “nada que ocultar”, presume de trabajar para “mejorar la vida de la gente”. Una afirmación que contrasta, irónicamente, con la necesidad de aclarar las sombras que planean sobre su socio de gobierno. García, con una metáfora digna de un taller mecánico, describe a Díez como una “fontanera chapucera”, pero advierte que el foco no debe desviarse: la amenaza real, según ella, es el avance de la ultraderecha y el acuerdo entre PP y Vox. Un giro estratégico para desviar la atención, o una genuina preocupación por el futuro del país, la pregunta sigue en el aire. La Cumbre de Primavera de Más Madrid sirve de escenario para estas acusaciones cruzadas. El PSOE, en tierra de nadie, intenta minimizar el impacto de la crisis, mientras que Mónica García aprieta las tuercas con una declaración contundente. El caso, que involucra presuntas reuniones secretas y posibles irregularidades, amenaza con desestabilizar aún más un panorama político ya de por sí convulso. La ciudadanía, mientras tanto, observa con escepticismo cómo la clase política se enfrasca en disputas internas, mientras los problemas reales siguen sin resolverse. El BOE, ese templo de la legalidad, parece lejano a los problemas cotidianos.
Mónica García, la ministra que parece dispuesta a hacer migas con el juramento hipocrático. Mientras los pacientes hacen cola para una resonancia, la ministra se dedica a un slalom político digno de esquí alpino, culpando a las autonomías de un Estatuto Marco de Sanidad que huele a gasolina y a estrategia de distracción. La aprobación, a marchas forzadas, de este marco legal, sin financiación adicional ni recursos humanos, es como intentar llenar un vaso roto con agua. Un ejercicio de ilusionismo barato. El Gobierno, acorralado por la corrupción (que, dicho sea de paso, parece el único proyecto de país que gestiona con eficacia), busca chivos expiatorios. Y los consejeros de Sanidad, víctimas de una planificación chapucera orquestada desde el Ministerio, son los elegidos. García pretende dejar su “legado”: una gestión calamitosa que indigna a médicos, servicios de salud y, sobre todo, a los pacientes que ya ven venir el temporal. La ministra, con una habilidad digna de estudio, intenta replicar la estrategia de la segunda ola de la pandemia, donde las responsabilidades se diluyeron entre comunidades autónomas como azúcar en agua caliente. Ahora, el objetivo es el mismo: desviar la atención de la debacle. Un pleno extraordinario del Consejo Interterritorial, convocado con la urgencia de quien intenta tapar una fuga de agua con un parche, es la prueba fehaciente de esta maniobra. La ministra, en su huida hacia adelante, parece olvidar que los médicos no son marionetas y que la paciencia de los pacientes tiene un límite... y ese límite se está agotando. El desplome en las encuestas, mientras tanto, es un síntoma más de la enfermedad.
El Sumo Pontífice aterrizó en Barajas, con todos los honores. Mientras León XIV estrechaba manos y repartía bendiciones, Pedro Sánchez ya tenía la calculadora afinada. Porque, señores, entre recibir al líder espiritual y lidiar con el sumario Díez (que, ojo, desentierra cadáveres en la cloaca socialista), el Presidente encontró tiempo para un 'finde' con Gorillaz. Sí, lo han leído bien. Del Palacio Real al Parc del Fòrum, directo a la zona VIP, con Begoña Gómez, la 'tetraimputada' (para que no se diga que no tienen agenda), como acompañante de lujo. La agenda oficial lo confirma: Sánchez, después de la foto de compromiso con el Papa, se escapa al Primavera Sound. La ironía, como un sablazo en la factura, es que la semana es crucial para el PSOE. El caso Leire Díez, con sus 'cloacas' y tramas para 'desbaratar' causas judiciales, amenaza con convertir la Moncloa en un avispero. Y mientras tanto, el 'one' –léase, el mismísimo Pedro Sánchez– prefiere bailar al ritmo de los Gorillaz. ¿Prioridades? Quizás. ¿Una señal de que la cosa está más que complicada? Probablemente. El festival, según fuentes extraoficiales, tiene un coste de entrada modesto, digamos, unos 120 euros. Una nimiedad comparada con los millones que, presuntamente, se intentaron desviar para 'limpiar' los expedientes del PSOE. Entre los artistas programados para este sábado, además de los mencionados Gorillaz, destacan The xx, My Bloody Valentine y Peggy Gou. Uno se pregunta si el Presidente le habrá pedido un autógrafo al Papa antes de coger el AVE a Barcelona. O quizás simplemente le dijo: “Perdone, Majestad, pero tengo un concierto”. La cosa, desde luego, huele a chamusquina. Y no precisamente a incienso.
El caso es tan rocambolesco que parece guion de serie turca: el suegro de Pedro Sánchez, Sabiniano Gómez, alquiló un local de Muface (organismo público, ojo) durante 42 años a precio de saldo. No un local cualquiera, sino uno que, según los documentos, debía albergar una tienda de muebles. La realidad, más jugosa: un prostíbulo de lujo, con saunas, películas pornográficas y clientes adictos al Poper. Mientras el presidente aboga por abolir la prostitución, su familia se lucra con ella. La UCO, en su informe, destapa cómo este negocio permitió la compra de al menos dos viviendas para Sánchez y Begoña Gómez, incluyendo una que ahora rinde hasta 1.750 euros al mes. El alquiler inicial, en 1980, era de irrisorios 3.588 pesetas anuales, ajustándose luego al IPC. Un sablazo a los contribuyentes que roza lo obsceno. La cosa no acaba ahí: Sabiniano, sin licencia, realizó obras en el local y, según la policía, allí ejercían la prostitución menores y se traficaba con drogas. El PSOE, para tapar el asunto, pagó 20.000 euros por audios comprometedores del comisario Villarejo. Y Muface, dirigida por Óscar López, miró a otro lado. Un espectáculo de hipocresía, corrupción y favores políticos que nos recuerda que, en este país, la moral es un bien escaso y la impunidad, una costumbre. El silencio cómplice de las instituciones y la persistente sombra de la corrupción son los verdaderos protagonistas de esta crónica.
La coherencia tiene un precio, y parece que el ex-presidente Zapatero la tasó en toneladas de petcoke y euros sin justificar. El hombre que nos vendía la sostenibilidad a base de discursos ahora se ve salpicado por una trama internacional de 'alto valor económico', cortesía de una sociedad fantasma en Dubai llamada Idella Consulenza Strategica SL. ¿La flor del negocio? El petcoke, ese residuo tóxico de la refinería que contamina más que un atasco en la M-30 y que, irónicamente, era el enemigo público número uno del propio Zapatero. El juez Calama apunta a que Idella, con Julio Martínez Martínez al frente, era el escondite perfecto para los 530.000 euros que le entraban de la aerolínea Plus Ultra. Pero, claro, eso era solo la punta del iceberg. La estructura, meticulosamente orquestada con correos electrónicos, facturas falsas y administradores de paja, sirvió para canalizar fondos a cuentas en el extranjero, evitando así el sablazo de Hacienda. Y, en medio del embrollo, aparece el petcoke, el oro negro contaminante, las acciones, las divisas, todo un 'kit de supervivencia' para un ecologista reconvertido en empresario. El petcoke, para los que no lo sepan, es lo que queda después de exprimir el petróleo hasta la última gota. Es casi carbono puro, y al quemarse, lanza a la atmósfera más CO2 que una central térmica del siglo XIX. Un regalo envenenado para el planeta, y una oportunidad de negocio para quien sabe dónde esconder el dinero. En fin, la vida da muchas vueltas, y a veces te toca vender el alma… al diablo contaminante. La operación, digna de una serie de espías, involucró la creación de documentación ficticia, la coordinación digital constante y la ocultación deliberada de la contabilidad. Todo bajo la supervisión directa del ex-presidente.
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