Ley Vivienda: Menos pisos, más locura
Barcelona, marzo de 2024. La Ley de Vivienda, esa promesa de techo para todos, parece más un paraguas roto en medio de un huracán inmobiliario. Fedea, el think tank que se atrevió a mirar los números sin gafas de color rosa, nos cuenta que la oferta de alquiler en Barcelona se ha desplomado un 22,2%. ¿El motivo? Limitar los precios, al parecer, no anima a los propietarios a poner sus pisos en el mercado. ¿Quién lo diría? Mientras tanto, en Madrid, donde la ley es letra muerta, la oferta sube un 3,9%. La diferencia es como comparar la cola del Rastro con la de un restaurante con estrella Michelin.
Cataluña, convertida en el laboratorio de esta experiencia, ha visto cómo la presión por cada vivienda se ha multiplicado por cuatro. ¡368 personas peleándose por el mismo piso! En Barcelona, la cosa está aún más cruda: 462 contactos por inmueble. Imaginen la escena: un anuncio, una horda y un casero sonriendo. La Comunidad Valenciana y Andalucía, que no han sucumbido a la tentación de la regulación, retroceden un modesto 10%, una cifra que parece un oasis en comparación.
El Gobierno, mientras tanto, sigue acusando a Madrid de sabotaje. Un 'tú más' digno de un patio de colegio. La moderación de los precios, según Fedea, convive con la escasez y la competencia feroz. Es decir, que el pastel es más pequeño y hay más gente con tenedor. La subida generalizada de precios, insisten, no es culpa de la ley, sino de un déficit de oferta. Suena a excusa barata, pero bueno, en política, la realidad suele ser el primer engaño. Fernando Pinto, profesor de la Rey Juan Carlos, lo tiene claro: la ley no soluciona el problema, lo agrava. Y la lista de espera para un piso en Barcelona, señores, es más larga que la de Hacienda.
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