Doctor Who’s Tom Baker Plays Douglas Adams’ Digital “Agent” in the AI-Predicting Hyperland (1990)

IA en 1990: El futuro ya estaba

tecnologia Una ilustración surrealista estilo retro-futurista de los 90. Un desierto infinito lleno de televisores antiguos de tubo (CRT) apilados. En el centro, una figura elegante y excéntrica que representa a un asistente digital humanoide, rodeado de flujos de datos binarios que flotan como cintas de seda. Colores neón apagados, estética de baja resolución analógica y atmósfera de sueño tecnológico.

Resulta casi insultante que hoy nos sintamos 'innovadores' con un ChatGPT que alucina datos mientras que, en 1990, la BBC ya nos servía el menú completo en bandeja de plata. En el programa Hyperland, Douglas Adams —el cerebro detrás de Guía del Autoestopista Galáctico— se enfrentaba a un agente digital interpretado por Tom Baker.

No era un bot con voz de sintetizador barato, sino un 'agente de software' con acceso instantáneo a cada dato, película o estadística del planeta. Básicamente, Baker era el Siri definitivo antes de que existieran los smartphones, pero con más carisma y menos ganas de decir 'no he entendido la pregunta'. En aquel entonces, hablar de hipertexto o multimedia era como hablar de viajes intergalácticos para el ciudadano medio; hoy, esas palabras huelen a naftalina, pero en los 90 eran el Santo Grial de la tecnología.

Mientras nosotros hoy peleamos con suscripciones mensuales que nos desangran la cuenta bancaria, Hyperland ya dibujaba un mundo donde la información fluía por enlaces, rompiendo la pasividad de la televisión. Lo más irónico es el contraste: Baker se ofrecía a hacer los trabajos más menudos y serviles, una promesa de eficiencia que Silicon Valley nos vendió como utopía y que terminó convirtiéndose en el pan de cada día.

Adams, con esa mezcla de optimismo californiano y escepticismo británico, ya sospechaba que este camino tenía truco. El programa nació justo después del primer 'invierno de la IA', cuando los sistemas expertos prometieron curar el cáncer y terminaron siendo calculadoras glorificadas.

Ver Hyperland hoy no es nostalgia; es darnos cuenta de que el futuro ya llegó hace tres décadas y que nosotros solo hemos tardado treinta años en aprender a usar el mando a distancia.

Crítica:

El texto es una pieza de nostalgia brillante, aunque peca de romántica al ignorar que la predicción de Adams era más una fantasía literaria que un plano técnico. Demasiado optimismo con el pasado, poca autocrítica al presente.

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