Residents Reject $10,000 Each to Let a Data Center Set Up in Their Town

Amazon intenta comprar pueblo y sale mal

social Una ilustración conceptual y satírica. En un lado, una mano gigante y metálica de un robot corporativo ofreciendo un fajo de billetes brillantes; al otro lado, un grupo de personas comunes en un pueblo rural estadounidense con ropa de trabajo, cruzando los brazos con expresión de rechazo. De fondo, la silueta de un centro de datos gris y frío contrastando con casas pequeñas y acogedoras. Estilo editorial de revista, colores contrastados, atmósfera de tensión social.

Hay que tener valor. Imagina que alguien llama a tu puerta y te ofrece 10.000 dólares solo por dejar que planten un armazón de servidores en tu jardín. Para muchos, sería el billete directo a liquidar la tarjeta de crédito o darle un respiro al alquiler. Pero en Hazle Township, Pensilvania, la gente ha respondido con un 'no' rotundo que suena a bofetada corporativa.

El plan, bautizado con la delicadeza de un postre como “Project Hazelnut” por NorthPoint Development, pretendía comprar la paz social en una comunidad donde casi el 17 por ciento de los residentes vive bajo el límite federal de pobreza. Sí, han intentado aplicar la técnica del 'sobre bajo la mesa' a escala municipal para que Amazon Web Services instale su campus tecnológico y sus interminables líneas eléctricas.

La jugada es tan cínica que hasta Mary Fox, de la Comisión de Ética de Pensilvania, la llamó “creativa”. Traducción: es un intento de soborno tan descarado que casi resulta innovador. Brian Malloy no se anduvo con rodeos y lo llamó bribery, mientras que Ed Negra, dueño de un pequeño negocio, señaló que esos 10.000 dólares son una gota en el océano comparado con el desplome del valor de sus propiedades.

Mientras tanto, el gobernador Josh Shapiro juega al lenguaje corporativo llamando al proyecto un “campus tecnológico” para acelerar los trámites mediante orden ejecutiva. Y para rematar la función, el supervisor Anthony Griguoli se encoge de hombros en las reuniones públicas, fingiendo que no sabe si el dinero es real mientras su oficina cocina una ordenanza de zonificación para que el proyecto avance.

Al final, los vecinos han demostrado que hay cosas que no se compran, ni siquiera cuando el bolsillo aprieta y el vecino tiene hambre.

Crítica:

El texto original es demasiado blando con el gobernador Shapiro. Se limita a reportar la 'creatividad' del soborno sin profundizar en el vacío legal que permite estas maniobras.

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