Votar desde el extranjero en España es, básicamente, confiar el destino del país a un sistema de logística que parece gestionado por un primo lejano con mala voluntad. A tres semanas de las generales del 29 de noviembre, la tensión es palpable. Mientras nosotros nos peleamos por el precio del aceite, en los consulados de Iberoamérica el drama es otro: sacas de votos que, según diplomáticos de carrera, están 'atadas con un lazo a oscuras'.
Traducido al lenguaje de la calle: es como enviar los ahorros de tu vida en un sobre abierto por correo ordinario y esperar que llegue el importe exacto.
La derecha, con el PP y Vox al frente, ha activado el modo paranoia. No es para menos; el crecimiento del censo CERA por la 'ley de nietos' dejó un sabor amargo que ni el Tribunal Supremo, paralizando la disposición adicional de Sofía Puente, ha logrado borrar.
El miedo es real: que te 'birlen' 10 diputados mientras miras para otro lado. Hay funcionarios que cuentan que algunas sacas simplemente 'no subieron al avión'. Un detalle menor, casi anecdótico, si no fuera porque estamos hablando de la democracia y no de un pedido de Amazon que se pierde en el almacén.
Para compensar este caos, Correos ha decidido que el voto postal nacional ahora lleve escolta, como si las papeletas fueran lingotes de oro.
Agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil custodiarán las oficinas, y se han instalado 4.000 balizas de geolocalización. Parece que el robo de una caja fuerte con 124 votos en Fuente de Cantos (Badajoz) fue el chispazo necesario para que se acordaran de que las cajas no vuelan solas.
Al final, tenemos un despliegue tecnológico de ciencia ficción para el voto interno y un 'lazo a oscuras' para el exterior. Una coherencia admirable.
Crítica:
La noticia es un festín de fuentes anónimas ('fuentes del PP', 'varios diplomáticos') que huele a filtración interesada. Mezcla el pánico al voto CERA con el robo puntual en Badajoz para crear una atmósfera de inseguridad generalizada sin aportar una sola prueba documental.
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