Fracasa la regularización de Sánchez: el olivar cordobés se queda sin temporeros

Papeles para todos, pero nadie al olivar

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un campo de olivos seco y agrietado bajo un sol abrasador. En primer plano, una montaña gigante de formularios administrativos y pasaportes oficiales que tapan la vista de los árboles, mientras que los olivos están vacíos de trabajadores. Estilo editorial de revista, colores cálidos y contrastados, atmósfera de ironía social.

En el despacho del Ministerio, los números cuadran con una elegancia quirúrgica; en el campo cordobés, la realidad es un barro pegajoso que no deja avanzar. El Gobierno de Pedro Sánchez nos vendió la regularización de 1,17 millones de inmigrantes como la panacea para que el aceite no se quedara pudriendo en la rama.

Luis Planas, el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, lo dejó claro: hacían falta manos. Pero resulta que los papeles no quitan el frío ni el sol abrasador de las pendientes andaluzas. Mientras el Estado presume de una ingeniería administrativa masiva, Francisco Moreno, secretario general de la UPA en Córdoba, nos cuenta que la situación es, sencillamente, preocupante.

El kilo de aceite baila entre los 3,2 y 3,3 euros, una cifra que, para el agricultor, es como intentar pagar la hipoteca con monedas de un céntimo. La producción nacional, que se estimaba en 1,6 millones de toneladas para esta campaña, probablemente se quede corta debido a que el cielo se ha olvidado de llover y el termómetro no da tregua.

La paradoja es deliciosa: hay millones de personas regularizadas, pero nadie quiere doblar el lomo en el olivar. El trabajo es penoso y la gente prefiere cualquier cosa antes que la intemperie. Para que alguien acepte el jornal, hay que subir la apuesta: mientras el convenio marca unos 50 euros, en Córdoba hay que soltar entre 60 y 70 euros por ocho horas para que alguien se asome al campo.

La UPA ha tenido que improvisar su propio sistema de supervivencia, trayendo a 30 trabajadores bajo protección internacional este año, frente a los 10 del anterior. En resumen: el Gobierno puso los sellos, pero el campo sigue vacío y el bolsillo del agricultor, agujereado.

Crítica:

La noticia expone la desconexión total entre la burocracia madrileña y el barro andaluz. Le falta profundizar en por qué el precio del aceite es tan bajo si la producción ha caído, dejando un hueco en la explicación económica.

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