El INE admite a cinco semanas del 29-N que no puede identificar a los votantes de la ley de nietos afectados por el Supremo

Censo electoral: un colador con voto

politica Una ilustración conceptual y satírica de una urna electoral gigante hecha de cristal roto y papel higiénico, con miles de sobres volando en un torbellino. Al lado, un funcionario con traje gris intenta organizar los papeles con una red de pesca rota. Estilo editorial de revista política, colores contrastados, fondo minimalista gris.

Gestionar el censo electoral en este país es, básicamente, como intentar organizar una boda masiva usando servilletas usadas y un teléfono fijo que no funciona. A cinco semanas del 29 de noviembre, la Oficina del Censo Electoral (OCE) ha soltado la bomba: no tienen ni idea de quién es quién en la 'ley de nietos'.

El Tribunal Supremo les pidió limpiar la lista de los nacionalizados afectados por las cautelares del 10 de septiembre, y la respuesta del INE es un 'no sé, pregúntale a Albares'. Es la clásica maniobra de pasar la pelota cuando el marrón es demasiado grande. Mientras el ciudadano medio se pelea con la máquina del cajero, el Estado admite que no sabe por qué procedimiento entró cada elector en el CERA.

Tenemos un agujero de información monumental: Carolina de Manueles ya había contabilizado 369.017 nacionalidades concedidas (con 168.896 en el anexo I y 195.872 en el III, por citar algunos), pero esa cifra es humo si no sabes quién de ellos puede votar. Es como tener la lista de invitados de la fiesta pero no saber quién ha pagado la entrada y quién se ha colado por la cocina. La hipocresía alcanza niveles estratosféricos cuando el INE admite que el CERA creció en 408.262 electores entre julio de 2023 y julio de 2026, llegando a los 2.736.522 inscritos, y decidió que no hacía falta avisar a la Junta Electoral porque 'estaba justificado'.

Claro, estaba justificado, pero no saben identificarlos. Para rematar la faena, la Policía Nacional ha tenido que aclarar que el miDNI es un adorno informativo si no se lee el QR; es decir, que hemos estado jugando al 'simulacro de identidad' con la democracia. Entre 476.153 cartas devueltas y 3.569 duplicados, el sistema no es un censo, es una lotería donde el premio es la incertidumbre jurídica.

Crítica:

El texto original es una mina de datos, pero oculta la gravedad del asunto tras un lenguaje administrativo soporífero. Le falta un titular que grite que la administración ha perdido el control del CERA.

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