Crítica:
La noticia es un despliegue de datos técnicos que oculta la verdadera bomba: licitar gastos superfluos con el mandato expirado. Le falta courage para llamar a este 'acelerado' proceso lo que es: un festín de despedida.
La noticia es un despliegue de datos técnicos que oculta la verdadera bomba: licitar gastos superfluos con el mandato expirado. Le falta courage para llamar a este 'acelerado' proceso lo que es: un festín de despedida.
La diplomacia española en México ha decidido convertir la nacionalidad en un producto de catálogo, con descuentos para VIP y prioridad para quienes buscan un 'estirón' sanitario. Mientras el ciudadano medio espera meses para una cita médica en el centro de salud de su barrio, en el Consulado General de España en México se montaba un sistema de 'fast track' para que interesados pudieran volar a España a operarse gratis. Básicamente, el pasaporte se ha usado como una tarjeta sanitaria premium financiada por el contribuyente, saltándose la cola de espera que ya es un deporte de riesgo en nuestro país. Pero el negocio no acababa en el quirófano. Para muchos, el pasaporte español era simplemente el 'pase VIP' para entrar en Estados Unidos sin visado, evitando el calvario burocrático americano. Y claro, donde hay privilegios, hay amiguismo. El testimonio de un empleado interno destapa una red de favores donde políticos afines al partido Morena, empresarios y artistas recibían el sello de 'español' sin que nadie revisara si sus antepasados realmente fueron exiliados del franquismo o si simplemente tenían un buen contacto en la embajada. Expedientes que ni siquiera pasaban por las manos de los funcionarios, volando directo al despacho del jefe. Para rematar la faena, el Gobierno de Pedro Sánchez juega al escondite con los números. Ante el Tribunal Supremo hablan de 163.000 nacionalizados en el mundo, una cifra que suena a cuento chino para quienes conocen el ritmo de las delegaciones. Solo en México se estima que hubo unos 60.000 casos, sin contar el ritmo frenético de Argentina, donde trabajaban 12 horas diarias para seguir repartiendo pasaportes. Todo esto bajo la bendición de la instrucción de Sofía Puente, hermana del ministro Óscar Puente, que convirtió la ley de nietos en un coladero donde cabe hasta un descendiente del siglo XIX.
Hay una magia muy especial en el timing institucional. Mientras el ciudadano medio mira la cuenta bancaria con el pánico de quien ve un accidente en cámara lenta, el Congreso de los Diputados ha decidido que no hay mejor momento para estrenar juguetes que con las Cortes disueltas. Sí, han convocado elecciones para el 29 de noviembre, pero antes de recoger los trastos, hay que asegurar que cada señoría luzca el último grito en telefonía. El BOE lo ha soltado este jueves: 1.400 euros por diputado para renovar móviles y tabletas. Para quien no maneje la aritmética del privilegio, estamos hablando de un agujero contable de 1,3 millones de euros. Es un sablazo que hace que cualquier factura de luz parezca un descuento de bienvenida. Lo más fascinante es el 'procedimiento abierto acelerado'. Acelerar es la palabra clave cuando se trata de gastar el dinero público antes de que alguien se acuerde de que técnicamente ya no deberían estar gestionando presupuestos. La exigencia es máxima: quieren Apple Business Manager y certificaciones ISO 9001. Básicamente, buscan la excelencia tecnológica para redactar tuits y coordinar agendas mientras el país espera el recuento de votos. Y ojo, que no es la primera vez que juegan a esto. En septiembre de hace cuatro años ya se gastaron 1,08 millones con Econocom Products and Solutions. Aquella vez la excusa fue la ciberseguridad; resulta que los iPhone 8 eran 'vulnerables'. Ahora, el presupuesto ha subido, porque aparentemente la seguridad de Estado requiere un modelo con más megapíxeles y mejor pantalla. Las ofertas se cierran el 3 de noviembre a las 14:00 y las propuestas económicas se abrirán el 17 de noviembre. Todo coordinado con la precisión de un reloj suizo, asegurando que el gasto quede blindado antes de que el calendario electoral cambie las reglas del juego.
Hay una poesía cruel en la imagen: cientos de ciudadanos esperando tres horas bajo el sol, con la paciencia de quien aguarda el autobús en agosto, para ver pasar un destello de acero y privilegios. Pedro Sánchez no llegó a 'La Revuelta' en un vehículo, llegó en una fortaleza rodante. El Audi A8 L W12 Security, una joya de 500.000 euros adquirida en 2017, es básicamente un búnker con ruedas que hace que cualquier presupuesto familiar parezca un chiste de mal gusto. Mientras el ciudadano medio hace malabares para que la cuenta del súper no suba de los cien euros, el parque móvil nacional se permite el lujo de un blindaje nivel VR9. No es un coche, es un ecosistema de supervivencia. Aramida, kevlar, acero y aluminio se funden en 4.000 kilos de peso para que el presidente esté a salvo incluso de explosivos subterráneos. Tiene neumáticos impinchables y filtros contra ataques químicos, porque claro, ir a un programa de humor requiere la misma preparación logística que una incursión en zona de guerra. Bajo el capó, un motor de 6.3 litros y 12 cilindros con más de 500 caballos que catapultan la mole a 200 km/h, acelerando de 0 a 100 en 7,5 segundos. El despliegue fue el habitual: un Alfa Stelvio abriendo camino y el Audi detrás, escoltado por un muro policial que convirtió la expectativa popular en una coreografía de distancias. El contraste es delicioso: el programa busca la risa y la cercanía, pero el acceso es un despliegue de seguridad militar. Al final, la verdadera broma no estaba en el guion de David Revuelta, sino en el precio de la carrocería que transportaba al invitado.
En Bruselas, la diplomacia es como un juego de sillas musicales donde nadie quiere sentarse en el asiento caliente. El Acuerdo de Asociación entre la UE y Marruecos, que lleva en modo 'provisional' desde octubre de 2025, parece que se ha quedado atrapado en la garganta del Consejo. ¿La razón? Un miedo cerval a que el Parlamento Europeo le meta un portazo en la cara. Todo empezó con un 'truco de magia' contable para esquivar la sentencia del 4 de octubre de 2024 del Tribunal de Justicia de la UE, que decía que meter los cultivos del Sáhara Occidental en el saco de preferencias comerciales era, sencillamente, ilegal. Para borrar el rastro del origen saharaui en las etiquetas —una maniobra que en el barrio llamaríamos 'cambiar la etiqueta del bote para que no se note que es imitación'—, se montó una votación el 26 de noviembre de 2025. El resultado fue un drama: 359 votos a favor frente a los 360 necesarios. Un solo voto. Un solo maldito voto separó la legalidad del 'ojos que no ven, corazón que no siente'. Pero entonces llegó el factor Ceuta. La invasión reconocida por la UE ha servido como un jarro de agua fría para los optimistas del acuerdo. Mientras el PSOE intentaba mantener el tablero estable, el PP y Vox han visto en este ataque a la soberanía la oportunidad perfecta para dinamitar la ratificación. Ahora, el PPE, Patriots y ECR miran el mapa y se dan cuenta de que respetar la integridad territorial no es una sugerencia, sino una condición innegociable. Si Asaja y el PP logran convencer a un puñado de alemanes y franceses de que no se puede cenar con quien te pisa el jardín, el acuerdo comercial podría acabar en la papelera de reciclaje el año que viene.
Repartir pasaportes españoles como quien reparte folletos en un semáforo. Así parece haber funcionado la 'ingeniería administrativa' en Buenos Aires. El consulado, que gestiona un volumen delirante de 645.000 peticiones, se ha puesto a limpiar el desastre y los números son, sencillamente, un chiste de mal gusto. De 10.500 expedientes revisados, el resultado es un vacío absoluto: cero pruebas de exilio. Nada. Ni un papel amarillento que justifique que el abuelo huyó por convicciones políticas. La trama tiene nombre y apellido: Sofía Puente. Con una firma que habría hecho palidecer a cualquier notario, la entonces directora general de Seguridad Jurídica y Fe Pública decidió que el exilio era una cuestión de fechas, no de motivos. Según su instrucción, bastaba con haber salido de España entre el 18 de julio de 1936 y el 31 de diciembre de 1955. Básicamente, convirtió la Ley de Memoria Democrática en un 'pase libre' donde emigrar por hambre o para buscar fortuna contaba igual que huir de una persecución. El resultado es un agujero administrativo donde 600.000 personas ya han obtenido la nacionalidad y 2,4 millones lo han solicitado. Ahora el Tribunal Supremo ha dado el golpe sobre la mesa, exigiendo a Félix Bolaños y José Manuel Albares la lista de los 163.020 afectados por la suspensión del voto. El Gobierno, en un despliegue de honestidad tardía, admite que de 31.390 revisados, solo 91 han acreditado el exilio. Sí, 91 personas frente a un ejército de 'nietos' que parecen haber confundido la memoria histórica con un sorteo de lotería. Mientras el Supremo califica de 'incomprensible' que la administración no entregue la lista, el Gobierno dice que 'redoblará esfuerzos'. Traducción: estamos intentando tapar el sol con un dedo antes de las elecciones del 29 de noviembre.
La gestión de la seguridad en España funciona ahora como un juego de sillas musicales, pero con agentes antidisturbios y fronteras reales. Fernando Grande-Marlaska ha decidido que es más urgente blindar los mítines de la precampaña para el 29 de noviembre que mantener el control en Ceuta y Melilla. La operación es sencilla: se llevan 210 agentes de vuelta a la Península porque, tras los disturbios en A Coruña y Avilés, el Gobierno tiene el sueño ligero y teme que los actos electorales se conviertan en un campo de batalla. El reparto del 'sablazo' es quirúrgico. Ceuta pierde 160 efectivos —tres pelotones del GRS de la Guardia Civil (60 agentes) y dos UIP de la Policía Nacional (100 agentes)—, mientras que Melilla se queda con una UIP menos, restando 50 policías de su despliegue. Lo irónico es que Ceuta sigue bajo una 'situación de interés para la Seguridad Nacional' hasta el 31 de diciembre. Es como si te dijeran que tu casa está en zona de incendio, pero que el bombero se tiene que ir porque hay una fiesta importante en el barrio de al lado. Mientras tanto, en el puerto de Ceuta, Juan Manuel Doncel observa cómo el caos crece sin freno. Los datos son un puñetazo en la mesa: las incidencias han pasado de 107 en 2025 a 1.838 en el mismo periodo de 2026. Robos, sabotajes y un campamento de 1.800 inmigrantes que esperan, mientras el Estado hace malabares con el personal. JUPOL ya ha soltado la manta, denunciando una improvisación crónica que no soluciona el riesgo, sino que lo desplaza. Marlaska reforzó la zona en septiembre; un mes después, retira la mano. La seguridad nacional, al parecer, depende de quién tenga el micrófono encendido esta semana.
Hay que tener una capacidad de desapego envidiable para gestionar el dinero ajeno. Mientras el ciudadano medio mira el saldo del banco antes de plantearse cambiar un móvil con la pantalla astillada, el Congreso de los Diputados ha decidido que sus señorías necesitan un 'refresco' tecnológico. Y no cualquier refresco: hablamos de 1.400 euros por diputado para renovar móvil y tableta. Un detalle exquisito, especialmente considerando que las Cortes ya están disueltas y que el 29 de noviembre tenemos elecciones. Es decir, se están comprando los juguetes nuevos justo cuando deberían estar haciendo las maletas. La ingeniería financiera del BOE, publicada este jueves, nos revela que el sablazo total asciende a 1,3 millones de euros. Para que nos entendamos, es como si el Estado decidiera renovar la flota de smartphones de una ciudad entera solo porque los anteriores ya no 'estaban a la moda'. El contrato, que incluye mantenimiento y reparaciones con una garantía de 24 meses, se tramita mediante un procedimiento abierto acelerado. Prisa, mucha prisa. Las ofertas cierran el 3 de noviembre y la apertura económica será el 17 de noviembre. Lo más fascinante es la comparación histórica. Hace cuatro años, la licitación fue de 1,08 millones de euros, adjudicada a Econocom Products and Solutions. En aquel entonces, la excusa fue la ciberseguridad; resulta que los iPhone 8 eran ya piezas de museo y podían dejar pasar cualquier virus por la puerta trasera. Ahora, el presupuesto ha subido, porque aparentemente la seguridad nacional requiere modelos más caros. Todo bajo el sello de Apple Business Manager, porque claro, la gestión de la democracia moderna solo se entiende si pasa por el ecosistema de Cupertino. El único criterio de adjudicación es el precio, el 100%, demostrando que en el Congreso saben ahorrar... siempre que sea con el dinero de los demás.
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