Crítica:
El texto original es un collage de declaraciones que huele a urgencia. Le falta profundizar en la contradicción de defender la ley mientras se busca un atajo legal para un aliado.
El texto original es un collage de declaraciones que huele a urgencia. Le falta profundizar en la contradicción de defender la ley mientras se busca un atajo legal para un aliado.
Administrar la caja del Estado parece haberse convertido en un deporte de riesgo donde la regla de oro es gastar como si el mañana fuera un mito urbano. Mientras el ciudadano medio mira el ticket del supermercado con el corazón en un puño, el Gobierno ha decidido que el presupuesto es un buffet libre. En el segundo trimestre, los ingresos subieron un 8,2% hasta los 185.332 millones de euros, impulsados por unos impuestos que crecen un 7,9%, básicamente porque la inflación nos está haciendo el trabajo sucio de recaudación. Pero claro, entrar el dinero es la parte fácil; lo divertido es how hacerlo desaparecer. El resultado es un agujero contable digno de una película de terror: un déficit de 32.002 millones de euros en solo tres meses. Para que nos entendamos, nos hemos zampado el 86,6% del margen de déficit que Bruselas permitió para todo el 2026. Es como si te dieran presupuesto para el año y te gastaras casi todo el ahorro en una sola fiesta de verano. Y no compren la narrativa oficial: el cuento de que todo es por el 'esfuerzo social' es una falacia. Las prestaciones sociales, que alcanzaron los 96.712 millones, crecieron un 6,1%, quedando por debajo de los gastos generales (7,8%) y muy lejos del desmadre de 'otros gastos', que se dispararon un 46,5%. La ingeniería financiera es brillante: los intereses de la deuda saltaron un 18%, mientras que las inversiones, lo que realmente construye país, se quedaron cojas con un 7,4%. Estamos encendiendo una hoguera con billetes de 100 euros y nos sorprende que el aire huela a quemado. Con un gasto semestral de 396.324 millones, la trayectoria es clara: seguimos apretando el acelerador mientras el tanque de la economía empieza a toser.
Hay quien dice que el tiempo es oro, pero en Moncloa el tiempo es una herramienta de ingeniería política. Pedro Sánchez está jugando al Tetris con el calendario electoral y, antes de que lleguen las urnas el 29 de noviembre, quiere dejar el tablero bien colocado. El movimiento estrella: el posible indulto a Álvaro García Ortiz. Para el ciudadano de a pie, un indulto es como cuando un padre perdona que el hijo rompa el jarrón; para el Estado, es borrar con goma un fallo del Tribunal Supremo. García Ortiz, el exfiscal general, se ganó el premio a la creatividad filtrando correos de Alberto González Amador, la pareja de Isabel Díaz Ayuso. El Supremo no se dejó impresionar por el espectáculo y le clavó dos años de inhabilitación y una multa. Ahora, Moncloa quiere hacerle un 'descuento' a esa pena. No buscan borrar el pecado, sino recortar la inhabilitación a menos de seis meses. ¿Por qué? Para evitar que la Inspección Fiscal lo eche definitivamente de la carrera profesional. Es como intentar que un alumno suspendido no repita curso cambiando la nota en el acta el último día de clase. Félix Bolaños ya ha confirmado en RAC 1 que el papeleo está sobre la mesa y la Fiscalía ha dado el visto bueno. Mientras tanto, Sánchez, en una entrevista con elDiario.es, se ha limitado a un "no lo descarto" repetido como un mantra, una respuesta que en lenguaje político significa "estoy a ello". Lo más irónico es que, mientras el núcleo duro del Gobierno dice que la sentencia judicial tiene más ficción que una película de Hollywood, en los pasillos de COPE se oye que el exfiscal, por querer hacer méritos, terminó metiendo al Gobierno en un jardín del que ahora intentan salir con una medida de gracia.
Hay quien confunde el idealismo con el suicidio industrial, y en Moncloa parecen tener el manual de instrucciones bien estudiado. Mientras el resto de Europa se da cuenta de que obligar a todo el mundo a enchufar el coche el 1 de enero de 2035 es como intentar que todo el barrio coma quinoa sin haber puesto un solo supermercado, España sigue aferrada a un calendario que ya huele a cerrado. El plan era sencillo: prohibir la venta de combustión en 2035 y borrar del mapa cualquier motor que no sea eléctrico para 2050. Un sueño precioso para los ecologistas que sostienen el Gobierno, pero una pesadilla para quien tiene que pagar la nómina en una fábrica. La realidad ha dado un golpe sobre la mesa. Francia, que hasta ayer era el compañero de baile de Pedro Sánchez, ha hecho un giro de 180 grados para salvar a Renault y Stellantis, uniéndose al bloque de Alemania, Mercedes, BMW y el Grupo VW. Básicamente, han decidido que es mejor salvar el negocio que quedar bien en una foto con Ursula von der Leyen. Sánchez, que llegó a escribir dos cartas a la presidenta de la UE insistiendo en el calendario, se ha quedado solo en la fiesta, acompañado únicamente por los Países Bajos, que en el tablero automovilístico tienen el peso de un clip. Es el colmo de la ironía: España es el segundo fabricante de coches de Europa, pero su Gobierno defiende una política que pone en jaque a marcas como Seat. Mientras China nos come la tostada con las baterías, nosotros renunciamos a nuestra única ventaja competitiva —los motores de combustión— por una cuestión de principios ideológicos. Al final, Alemania ha cedido para que Bruselas suelte la pasta y subvencione la industria, incluyendo los combustibles fósiles. En resumen, Europa ha elegido sobrevivir; España, parece, prefiere seguir leyendo el folleto del futuro mientras el presente se le escapa por el tubo de escape.
El rey Mohamed VI ha decidido salir de su letargo discursivo —en uno de esos tres raros paseos anuales por el micrófono— para soltarle un 'tirón de orejas' diplomático a España. El escenario es el Parlamento, pero el mensaje es puro lenguaje de calle: 'Devolvednos a los chavales y dejad de jugar con el calendario electoral'. El monarca alauí no se ha andado con chiquitas al denunciar la 'instrumentalización' de los sucesos del 30 y 31 de julio, lanzando una piedra muy clara hacia el Partido Popular y Vox, que parecen haber encontrado en la crisis de Ceuta el combustible perfecto para su precampaña. Para el Rey, el sistema de cooperación actual es como un teléfono antiguo en la era del 5G: obsoleto. Se queja de que existen leyes 'anticuadas' y jueces que viven en una realidad paralela, dificultando la repatriación de menores y de aquellos que, según él, 'usurpan' el estatus de refugiados. Mientras nosotros discutimos en el Congreso, Mohamed VI sugiere que este agujero legal es el buffet libre para las redes criminales. La jugada es maestra. Por un lado, reconoce que hay avances, pero por otro, deja claro que la amistad entre Rabat y Madrid es un 'compromiso voluntario', no un contrato firmado bajo presión. Es la forma elegante de decir que, si el chantaje político sigue, el grifo de la cooperación podría cerrarse. Para rematar la faena, el soberano ha anunciado un nuevo 'documento estratégico'. En cristiano: Marruecos va a dictar las nuevas reglas del juego mientras España intenta decidir quién llevará el timón del Gobierno. Como bien apunta Nabil Driouch, el Reino ya no quiere parches, quiere que Madrid limpie su legislación si no quiere que la frontera se convierta en un deporte de riesgo recurrente.
Vivir en Madrid se ha convertido en un deporte de riesgo, pero no por el precio del alquiler, sino por algo mucho más básico: el enchufe. Resulta que la Comunidad de Madrid necesita 100.000 viviendas más para que la gente deje de vivir en habitaciones compartidas que parecen cajas de zapatos. El problema es que, mientras los políticos venden humo sobre el acceso a la vivienda, la red eléctrica es un colador que solo permite conectar 40.000 hogares. Traducción para los que no hablamos 'burocracia': tenemos el hambre, pero el plato es demasiado pequeño para la comida. La gestión de la empresa que preside Beatriz Corredor parece haberse quedado dormida en los laureles. Mientras el ciudadano medio hace malabarismos con la factura de la luz, la infraestructura se ha vuelto un cuello de botella. Según BBVA Research, ampliar la red en desarrollos urbanísticos puede tardar entre 5 y 8 años. Es un ritmo exasperante; es como pedir una pizza y que te digan que el horno tarda una década en calentarse. Lo más irónico es que este desastre no es exclusivo de la capital. El informe pone el dedo en la llaga en Valencia, Alicante y Murcia, con tensiones que se extienden hasta Castellón, Toledo, Granada, Cádiz, Almería, Zaragoza, Lleida y Jaén. Nos venden la transición energética y las renovables a precio de oro, pero se olvidan de que, para que una bombilla se encienda, hace falta un cable que llegue a la casa. Con cinco años seguidos de recaudación récord de impuestos, el agujero en la planificación eléctrica es sencillamente obsceno. Tenemos el dinero en la caja, pero las casas se quedan a oscuras.
Hay quien confunde el marketing con un catálogo de los años setenta y luego se sorprende cuando el portero le cierra la puerta en las narices. En la XXVII edición de Conxemar, en Vigo, la empresa italiana La Selvaggia decidió que la mejor forma de vender almejas del Adriático no era hablando de la calidad del molusco, sino poniendo a modelos desnudas a hacer el 'estilo sirena' sobre montañas de marisco. Un despliegue de creatividad que haría palidecer a cualquier publicista con dos dedos de frente y que, básicamente, es el equivalente a intentar vender un seguro de vida usando fotos de accidentes de tráfico. El folleto 'Welcome to La Selvaggia' era un festín de doble sentido barato. Modelos tumbadas sobre almejas, al timón de barcos o entre redes de pesca, acompañadas de frases como 'No todas las almejas son iguales' o el ya clásico 'Pescado fresco'. Un juego de palabras que no es precisamente ingeniería lingüística, sino el típico chiste de bar que ya no hace gracia ni en el puerto más recóndito. La empresa, que ya estaba planeando un calendario para 2027 siguiendo esta línea estética de 'marisco y piel', olvidó que el mundo ha girado un poco desde que el sexismo era una herramienta de ventas aceptable. La reacción de Conxemar fue quirúrgica: expulsión inmediata y definitiva. El Ministerio de Pesca de Italia, que era quien pagaba el alquiler del espacio expositivo, aplicó la técnica del 'yo no he sido', desvinculándose frontalmente del asunto para evitar que la mancha llegara a Roma. Al final, La Selvaggia se quedó sin stand y con la lección aprendida: en el siglo XXI, intentar vender almejas usando cuerpos femeninos como mantel es la forma más rápida de acabar fuera de la feria antes de que se acabe el primer lote de producto.
En el tablero del poder, hay jugadas que parecen sacadas de una comedia de enredo donde el guion lo escribe la conveniencia. La idea de colar a Begoña Gómez en las listas del PSOE para las generales del 29 de noviembre no es solo un rumor de pasillo; es un intento de ingeniería jurídica para conseguir el 'pack premium' de la política: el aforo y la inmunidad parlamentaria. Básicamente, pasar de la cuerda del juzgado al colchón del Congreso para que sus causas penales terminen en la Sala Penal del Tribunal Supremo, lejos del ruido de la calle. Pero aquí es donde la realidad choca con el manual de instrucciones. El PSOE tiene un Código Ético que, en tiempos normales, se aplica con el rigor de un examen de conducir. El artículo 5.9 es tajante: un auto firme de apertura de juicio oral es la línea roja, el 'no pasarás' definitivo para cualquier aspirante a candidato. Mientras estar investigado es como tener una multa pendiente que puedes ignorar un tiempo, el auto de apertura de juicio oral es el sablazo final. Y ahí es donde el calendario no miente: el juez Peinado abrió juicio oral a Begoña Gómez el pasado 21 de septiembre. La hipocresía es deliciosa. El artículo 1.1 del Código Ético no hace distinciones entre militantes y 'invitados' independientes; todos deben pasar el filtro de idoneidad. Para que la lista sea homologada, hay que firmar el Documento de Aceptación de Candidatura y Compromiso Socialista, un papel donde el candidato jura que no tiene incompatibilidades. Firmar eso sabiendo que el juez Peinado ya dio el paso adelante sería, técnicamente, un ejercicio de gimnasia mental digno de un premio. Ferraz dice que es un bulo, pero los estatutos son tinta seca sobre papel, y la tinta no suele cambiar de color por amor al arte.
Comentarios