Crítica:
La noticia es un catálogo de gastos, pero falla al no contrastar si el cómic tuvo algún impacto real más allá de las descargas. Es un ejercicio de enumeración obsesiva que prioriza la indignación al dato contextual.
La noticia es un catálogo de gastos, pero falla al no contrastar si el cómic tuvo algún impacto real más allá de las descargas. Es un ejercicio de enumeración obsesiva que prioriza la indignación al dato contextual.
Hay quien hace la compra en el Mercadona y quien, para gestionar sus activos, prefiere el brillo cegador de la alta joyería. Resulta que el rescate de Plus Ultra no solo dejó turbulencias aéreas, sino un rastro de diamantes que conduce a Exclusividades Vagú. No hablamos de una joyería de barrio con mostrador de cristal, sino de una arquitectura financiera diseñada con la precisión de un reloj suizo y la opacidad de una niebla caribeña. El esquema es fascinante: nace en la Quinta Vagú, en Las Mercedes (Caracas), pasa por el duty free del Aeropuerto de Maiquetía y se asienta en Bogotá, para luego desplegar un despliegue de sociedades en Panamá que harían sudar a cualquier inspector de Hacienda. Pero el aterrizaje final es el Paseo de la Castellana, en Madrid, donde la red se vuelve tangible. Mientras el ciudadano medio lucha contra la inflación, aquí se mueven piezas tasadas en más de 1,3 millones de euros, intervenidas en el despacho del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Lo verdaderamente cómico —si es que podemos llamarlo así— es que Vagú es el paraguas de un ecosistema donde conviven marcas como Breitling, Gucci o BMW con una red de abogados y administradores que saltan de la joyería a holdings energéticos e inmobiliarios sin despeinarse. Es la clásica ingeniería financiera: usar el lujo como fachada para que el flujo de fondos parezca una simple pasión por los accesorios VIP. La UDEF ahora intenta descifrar si estas joyas son adornos personales o el envoltorio brillante de una red de fondos vinculada al rescate de la aerolínea venezolana. Al final, el brillo del oro suele servir para distraer la vista de los agujeros contables.
Bienvenidos a la era del 'turismo de riesgo' coordinado por TikTok. Mientras nosotros peleamos con el algoritmo para que nos muestre vídeos de gatitos, miles de jóvenes en el Marruecos profundo usan Instagram para organizar expediciones hacia Ceuta con la precisión de una agencia de viajes low-cost. Los llamados 'harraga' no solo queman sus papeles, sino que incendian la frontera con tutoriales sobre cómo flotar y música épica de fondo, convirtiendo el drama migratorio en un reto viral. El detonante fue un regalo administrativo: la sentencia del Tribunal Supremo del 8 de julio que prohibió las devoluciones en caliente para quienes llegan nadando. Básicamente, el Supremo abrió la puerta y el algoritmo hizo el resto. El resultado fue un colapso el pasado jueves con 60.000 personas asaltando la frontera; de las cuales 53.000 ya han hecho el camino de vuelta, aunque la fiesta no ha terminado. Lo más surrealista es la coreografía diplomática. Por un lado, la Guardia Civil relata que la gendarmería marroquí miraba el espectáculo de brazos cruzados en el espigón del Tarajal y en Castillejos, mientras autobuses llegaban en masa aprovechando la fiesta del trono marroquí. Por otro, Pedro Sánchez, con una capacidad de optimismo envidiable, alaba la colaboración «ágil y constante» del reino alauita, ignorando que una avalancha de este calibre no se improvisa en cuatro días. ¿La solución del Gobierno? Un parche de ingeniería: una barrera neumática de 500 metros, con 70 centímetros de altura y un metro sumergido, apoyada por boyas de la Armada. Quieren convertir el mar en una valla invisible para que el Tribunal Supremo les permita volver a echar a la gente. Un despliegue técnico impresionante para intentar arreglar con plástico y aire un problema que se mueve a la velocidad de un 'like'.
Hay una forma de gestionar las crisis fronterizas y luego está la de Pedro Sánchez: dejar que el caos se instale mientras los ministros pulen sus habilidades en el arte del insulto digital. En Ceuta, la entrada masiva de miles de personas desde Marruecos ha dejado al descubierto una gestión con más agujeros que un colador, pero lo verdaderamente fascinante no es la tragedia, sino el circo mediático que le sigue. Primero llegaron Iker Jiménez y Carmen Porter, quienes cambiaron el bronceo por el barro en una entrega especial de Horizonte. El resultado fue un festín de audiencia: un 13,5% de cuota, rozando el millón de espectadores de media y sumando 3,3 millones de televidentes únicos. Básicamente, el país entero decidió que prefería ver la realidad en Ceuta que cualquier otra cosa en la tele. Entonces aparece Ana Rosa Quintana. La periodista decidió que sus vacaciones eran prescindibles y montó un despliegue que haría palidecer a una campaña electoral. Desde este domingo en Fiesta, pasando por los Informativos de Fin de Semana, hasta el lunes en La Mirada Crítica, Vamos a Ver e Informativos Telecinco. Un itinerario tan apretado que no deja espacio ni para respirar. Pero claro, que el periodismo se mueva cuando el Gobierno se queda congelado es un problema. Óscar Puente, el ministro de Transportes, decidió que la respuesta institucional adecuada no era dar soluciones, sino jugar a los memes en X. El ministro publicó un GIF de un buitre, sugiriendo que Ana Rosa es una carroñera de la noticia. Es la nueva diplomacia del Estado: si no puedes arreglar la frontera, intenta humillar a la que informa sobre ella. Un despliegue de elegancia digno de alguien que cree que un emoji sustituye a una política de Estado.
Hay un arte casi místico en la capacidad de Moncloa para gestionar el silencio. Mientras Ceuta intenta respirar tras un episodio de tensión fronteriza que ha dejado a comerciantes y vecinos con los nervios a flor de piel, el presidente Pedro Sánchez ha decidido que el momento requiere, más que una estrategia de seguridad, un buen ritmo. El contraste es tan violento que parece un error de montaje: por un lado, la gravedad de un 'ataque a la integridad de España' y la gestión de mafias que trafican con seres humanos; por el otro, un sofá blanco y una sonrisa imperturbable. Sánchez, en un despliegue de modernidad digital, ha lanzado su 'banda sonora del verano'. No es una lista cualquiera; son 31 canciones donde conviven la vanguardia del urbano con la nostalgia del rock. Así, mientras en la frontera se coordinan retornos y se mitiga el impacto socioeconómico, el líder del Ejecutivo nos recomienda 'El Baifo' de Quevedo, 'SS26' de Charli XCX o 'Tantas cosas' de Melani, sin olvidar que Madonna y The Rolling Stones siguen siendo básicos para cualquier currículum de 'estoy actualizado'. Es la misma ingeniería comunicativa que ya vimos durante las protestas por la Ley de Amnistía o en esos plenos parlamentarios donde la oposición le llovía críticas: cuando el incendio político sube de temperatura, Moncloa saca el abanico de TikTok. Es el equivalente político a que el administrador de tu comunidad te envíe un vídeo bailando mientras el ascensor lleva tres semanas roto y hay goteras en el portal. Una estrategia de 'frescura' que, en lugar de conectar, deja al descubierto un abismo entre la realidad del asfalto y la burbuja del Palacio, donde la crisis migratoria parece resolverse mejor con un beat urbano que con una hoja de ruta.
Hacer un presupuesto doméstico es hoy un deporte de riesgo, pero en el Ministerio de Igualdad el dinero fluye con la naturalidad de quien tiene la tarjeta del contribuyente sin límite de crédito. El último 'estreno' es el "Pasaje Begoña", un cómic que recrea la noche de Torremolinos entre 1962 y 1971. El coste de esta joya gráfica: 6.106,03 euros. Para que el ciudadano medio lo entienda, es como pagar el alquiler de un piso pequeño durante medio año para que 137 personas —sí, solo 137 descargas— le echen un vistazo rápido en el móvil. La ingeniería financiera es fascinante. Se gastaron 4.999,99 euros solo en derechos de reproducción y maquetación, y otros 1.106,04 euros en imprimir 300 ejemplares que probablemente ahora sirven de calzos para alguna mesa de oficina. Todo bajo la firma de Julio del Valle de Íscar, responsable de la Dirección General para la Igualdad Real y Efectiva de las Personas LGTBI+, quien en 2025 percibió un sueldo de 101.408,25 euros. Mientras el ilustrador Vito Montolio dibujaba la resistencia contra la Gran Redada de 1971, la administración dibujaba un agujero contable más en su hoja de Excel. Este tebeo es solo la punta del iceberg de una colección de excentricidades. Es el postre después de habernos tragado una app de 211.000 euros para repartir las tareas del hogar o 2,8 millones para fomentar la masturbación en mayores de 60. El Ministerio, ahora bajo Ana Redondo, parece operar bajo la premisa de que el presupuesto público es un fondo de fomento para el arte conceptual y la pedagogía de nicho. Al final, la única 'lección de resistencia' que queda es la del ciudadano, que resiste cada día que el Estado le saca más dinero del bolsillo para financiar viñetas que nadie lee.
Hay quien dice que la privacidad es un derecho, pero lo de Pedro Sánchez ya es un deporte de riesgo para el resto de los mortales. Mientras el ciudadano medio se pelea con la aplicación del banco para ver si llega al final del mes, el presidente ha decidido que 732.202 m² de océano son demasiado espacio para compartir. El Gobierno, mediante la Capitanía Marítima de Las Palmas y el Ministerio de Transportes de Óscar Puente, ha levantado un muro invisible de un kilómetro alrededor de La Mareta. Básicamente, si tu barco se acerca a la zona de Costa Teguise entre el 1 y el 24 de agosto de 2026, te conviertes en un intruso en el paraíso privado del jefe. Lo fascinante es el contraste, esa ironía fina que ya roza lo surrealista. El mismo viernes, Sánchez aterrizó en Ceuta para una visita relámpago de 105 minutos. Un 'estoy aquí, saludo y me voy' para luego volar directo a Lanzarote. En Ceuta, el discurso era la seguridad y el despliegue de boyas en el Tarajal para frenar una avalancha de marroquíes que el Supremo ya había advertido. Pero claro, la seguridad es un concepto elástico: para Ceuta son boyas y sentencias; para las vacaciones del presidente en una finca de 30.900 m², es un radioaviso (el NR-2048/2026) que prohíbe la navegación. La Mareta, ese regalo del rey Hussein II de Jordania que Felipe VI cedió a Patrimonio Nacional para 'promocionar el turismo', se ha convertido en el refugio personal de la familia Sánchez y Begoña Gómez. Con piscinas, helipuerto y la firma de César Manrique, el palacio es el escenario perfecto para descansar sin que ninguna embarcación perturbe la paz del contribuyente que paga la fiesta. Un despliegue de seguridad marítima que hace que navegar por Lanzarote sea ahora más complicado que conseguir una cita en el consulado.
Parece que en Bruselas se han despertado con el pie izquierdo y han decidido que España es el agujero de seguridad de Europa. Mientras nosotros intentamos cuadrar las cuentas del mes, Italia y otros siete países han decidido que Pedro Sánchez ha pasado de 'gestionar la frontera' a dejar la puerta abierta de par en par en Ceuta. La cifra es obscena: 60.000 personas intentando entrar en dos días. El Ministerio del Interior dice que 53.000 han vuelto a Marruecos 'voluntariamente', pero en Europa no compran el cuento. Para Meloni y compañía, esto no es un accidente, es una invitación formal. La respuesta de Sánchez ha sido la clásica: sacar la calculadora y decir que somos los buenos. Según Frontex, España ha tenido 234.760 entradas irregulares en cinco años, una cifra que parece calderilla comparada con los 478.600 de Italia o los 259.800 de Grecia. Pero claro, los datos son como el detergente: sirven para limpiar la imagen, pero no quitan la mancha. Mientras el presidente habla de 'empatía' en X, Ursula von der Leyen le ha dado un tirón de orejas llamando 'inaceptables' las imágenes de Ceuta. La broma pesada es que Italia ya ha activado controles aleatorios en puertos y aeropuertos para extracomunitarios que vengan de aquí. Es el equivalente a que tu vecino te ponga una cerradura nueva en el portal porque sospecha que tú dejas entrar a cualquiera. Francia, con Macron y Barnier, ya está reforzando el muro invisible, y Alemania, con Friedrich Merz, pide que recuperemos las fronteras 'lo antes posible'. Incluso Donald Trump ha aprovechado para pescar en río revuelto, usando el caos de Ceuta como un anuncio electoral contra los demócratas. Al final, España se encuentra en el patio del colegio, señalada por todos, mientras el Tribunal Supremo nos prohíbe las devoluciones en caliente y el resto de Europa nos mira como si hubiéramos perdido las llaves de la casa.
Comentarios