Hacienda, en el fango: "La verdadera podredumbre está en los funcionarios que miran para otro lado"

Hacienda: El club de los que miran

politica Una ilustración satírica de estilo editorial. Un edificio gubernamental imponente y gris donde las paredes se están agrietando y desmoronando. En primer plano, un grupo de funcionarios con trajes elegantes y gafas de sol, mirando fijamente hacia la dirección opuesta mientras detrás de ellos, figuras sombrías trasladan sacos de dinero a través de grietas en el suelo. Estilo de dibujo con trazos fuertes, colores desaturados y un toque de ironía visual.

Hay una ironía casi poética en que la Agencia Tributaria publique su lista de morosos la misma semana en que su propia casa se cae a trozos. Mientras el ciudadano medio suda tinta para que no le llegue una notificación de Hacienda, en las altas esferas del Ministerio que lidera Arcadi España desde marzo, el aire huele a rancio.

No es solo que la presidenta de la SEPI esté imputada o que la directora general de la Agencia Tributaria haya tirado la toalla por el 'caso Zapatero'; es que el sistema tiene un fallo multiorgánico. Imagina que contratas a un perro guardián para que cuide tu casa y descubres que el animal no solo dormía la siesta, sino que le abría la puerta al ladrón para no complicarse la vida.

Eso es exactamente lo que pasa con los 27.000 empleados de la Agencia Tributaria. La verdadera podredumbre no está solo en el 5% que se lleva la tajada, sino en los funcionarios que miran para otro lado para no arriesgar el sueldo. Es la cultura del 'no me metas en líos' elevada a rango de estado. En la SEPI, el holding donde la 'integridad' y la 'honestidad' son conceptos que quedan muy bien en un PDF actualizado el año pasado pero que en la práctica valen lo que un billete de Monopoly, confluyeron las tramas de Leire Díaz y Koldo García.

Ni una alarma. Ni un pitido. Es el colmo del cinismo: mientras Sepides y Mercasa se llenan la boca con códigos éticos contra los sobornos, el ex presidente de la SEPI, Vicente Fernández, se escribía mensajes diciendo que 'Conchita' (Concepción Ordiz, presidenta del TACRC) había cumplido con la entrega de un contrato sospechoso.

Tres presidentes de la SEPI bajo el mandato de Pedro Sánchez y los tres imputados. Un récord que ni el mejor delantero de la liga. Y mientras tanto, María Jesús Montero, que se autodefinió como la mujer con más poder de la democracia, parece haber desarrollado una ceguera selectiva muy conveniente.

Crítica:

El texto es un festín de indignación justificada, aunque peca de asumir que el relevo político solucionará una cultura de silencio estructural. Menos fe en los nombres y más en los procesos.

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