Cataluña se plantea prohibir que los camiones puedan adelantar por la autopista

AP-7: Camiones al carril derecho ya

politica Una ilustración satírica de una autopista colapsada donde camiones gigantes están encadenados simbólicamente al carril derecho, mientras coches pequeños intentan avanzar en un caos organizado. Estilo de caricatura editorial de periódico, colores vibrantes pero con un aire de frustración urbana, perspectiva desde arriba.

Hacer un viaje por la AP-7 hoy en día es como intentar avanzar en una cola de Hacienda un lunes por la mañana: lento, desesperante y con la sensación de que alguien se está riendo de ti. Ahora, Salvador Illa y Jéssica Albiach han decidido que la solución al caos es jugar al Tetris con los vehículos.

La propuesta de los Comunes es sencilla: que los camiones de más de 7.500 kilos se queden pegados al carril derecho, prohibiéndoles adelantar. Básicamente, quieren convertir el carril izquierdo en una zona VIP para los mortales que no conducen una mole de acero. Albiach define la autopista como una «sala de espera sobre ruedas», una metáfora brillante para describir una de las vías con más siniestralidad de España.

Mientras tanto, Illa, con la prudencia de quien no quiere mojarse ni en una piscina inflable, se ha comprometido este miércoles en el pleno del Parlament a «estudiar» la medida. El problema es que, aunque el deseo sea genuino, la titularidad es del Estado; es decir, que Illa puede estudiar el manual de instrucciones, pero la llave del coche la tiene Madrid. Lo más jugoso, sin embargo, es la resaca del 'gratis'.

Resulta que liberar los peajes fue como regalar las entradas de un concierto sin haber arreglado el sonido ni la seguridad. Illa ha soltado la bomba de que «quizás nos equivocamos» cuando todos pedían alegremente el fin de los peajes. Es la clásica ironía de la política: primero celebran el banquete y luego se preguntan quién va a pagar la cuenta del mantenimiento.

Entre una Rodalies que funciona a base de fe y un transporte de mercancías por ferrocarril que sigue siendo un sueño futurista, la AP-7 se ha convertido en el monumento al optimismo ingenuo.

Crítica:

La noticia se queda en el 'estudiar' político sin entrar en la viabilidad técnica de la norma. Es un ping-pong de culpas entre la Generalitat y el Estado que oculta la falta de inversión real.

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