Crítica:
El texto original es una mina de datos, pero se pierde en la cronología de los mensajes. Le sobra formalidad y le falta subrayar la desfachatez de usar fondos públicos para financiar a quien 'arregla' los rescates.
El texto original es una mina de datos, pero se pierde en la cronología de los mensajes. Le sobra formalidad y le falta subrayar la desfachatez de usar fondos públicos para financiar a quien 'arregla' los rescates.
Hablemos claro: en el tablero político actual, las declaraciones de Miguel Ángel García Martín no son un análisis, son un disparo de escopeta a quemarropa. El consejero de Presidencia de Madrid ha decidido que ya basta de sutilezas y ha calificado la gestión de Pedro Sánchez como la 'sede del hampa'. Para García, el Palacio de La Moncloa no ha sido un centro de gobierno durante estos últimos ocho años, sino una suerte de oficina de gestión mafiosa donde la corrupción no es la excepción, sino el menú del día. El hilo conductor de esta crónica es el 'efecto espejo'. Según el portavoz de Ayuso, Sánchez vive obsesionado con la presidenta madrileña porque ella es el recordatorio constante de lo que él ha perdido en el camino. Mientras el Gobierno central intenta jugar al juego de las cortinas de humo —usando la condena de Víctor de Aldama como un escudo de cartón para distraer de la gravedad de José Luis Ábalos—, García Martín sostiene que estamos solo ante la punta del iceberg. Comparar la estrategia de Moncloa con la 'tinta de calamar' es una metáfora precisa: soltar una mancha oscura para huir mientras los delitos de Begoña Gómez y las presiones sobre el juez Peinado siguen ahí, flotando en el agua. La narrativa es demoledora. Desde los 'votos manchados de sangre' de Bildu hasta la ley de amnistía, vista no como un pacto político sino como la transacción más corrupta de la democracia. Para el consejero, Sánchez ha comprado su supervivencia con moneda degradada. Y mientras el Gobierno central se pierde en TikToks sobre el calor justo cuando el tablero judicial se le desploma, Madrid se vende como la 'locomotora' que no necesita frenos, contrastando la supuesta ingeniería financiera del sanchismo con la gestión de Ayuso, quien, según García, es la única capaz de poner al presidente frente a su propia realidad.
Conseguir la nacionalidad española hoy es, para algunos, tan sencillo como comprarse un periódico en el kiosco, aunque el periódico sea falso. El Gobierno ha montado un sistema de 'puertas abiertas' donde la comprobación de los documentos es, sencillamente, un mito urbano. Mientras el ciudadano medio se pelea con la burocracia para renovar el DNI, cientos de miles de descendientes de emigrantes están entrando en el registro civil sin que nadie pregunte si el papel que presentan es auténtico o un creativo ejercicio de caligrafía. El agujero es un sumidero histórico. Entre 1931 y 1939, el fuego se encargó de borrar registros parroquiales, creando el escenario perfecto: si el libro original ardió, no hay contra qué contrastar. Para los nacidos antes de 1871, la fe de bautismo es la única moneda de cambio. Sofía Puente, en octubre de 2022, firmó la instrucción que convirtió la falta de registro civil en un requisito cumplido. Básicamente, si el Estado admite que no tiene el dato, acepta el papel del interesado sin pestañear. Es el coladero perfecto. Los archivos de Orense, Lugo, Santander, Valencia y La Laguna confirman que el teléfono no suena. Los consulados no cotejan nada. En La Laguna se despacharon 17.684 certificados y respondieron 67.000 cartas, pero las comprobaciones consulares son casi inexistentes. Mientras tanto, el 'turismo genealógico' florece: gestores que pagan la tasa oficial de 8 euros y revenden el papel por cientos, o redes que cobran miles por inventar un abuelo español. El mapa de este caos tiene nombres claros: Cuba (65% de peticiones en Santander), Argentina y EE. UU. Todo esto ocurre mientras el ministro Fernando Grande-Marlaska y la Fiscalía miran hacia otro lado, esperando que las mafias de pasaportes aparezcan por accidente, como quien encuentra un billete en un pantalón viejo.
Hay quienes confunden la gestión pública con la gestión de un cajero automático familiar. El Alto Tribunal acaba de ponerle nombre y apellido a esta fantasía: malversación y tráfico de influencias. La trama es de un cinismo casi artesanal. José Luis Ábalos, mientras manejaba el Ministerio de Transportes, diseñó un plan maestro para que su entonces pareja, Jessica Rodríguez, disfrutara de la vida sin el estrés de, ya saben, trabajar. El esquema fue sencillo: usar la estructura del Estado como una agencia de colocación VIP. Primero entró en INECO el 1 de marzo de 2019. Allí, Jessica cobró 34.450 euros netos. ¿Su currículum de logros? Ir dos veces a la oficina: una para la entrevista y otra para recoger el ordenador corporativo, que probablemente sirvió más de pisapapeles que de herramienta laboral. Mientras el ciudadano medio pelea con la declaración de la renta, ella realizaba trece viajes con el ministro sin pedir un solo permiso. Cuando los jefes de proyecto empezaron a preguntar qué hacía exactamente, ella enviaba informes telemáticos llenos de errores que hacían parecer que el teclado estaba roto. Pero el hambre de nómina pública es insaciable. El 2 de marzo de 2021, apenas dos días después de salir de INECO, la maquinaria —aceitada por el asesor Koldo García y el directivo de ADIF Ignacio Zaldívar— la aterrizó en TRAGSATEC. Sin entrevistas, sin méritos, solo con el 'estampillo' del ministro. Allí sumó otros 9.500,54 euros netos. Cuando en TRAGSATEC también empezaron a sospechar, Ábalos simplemente llamó a la presidencia de ADIF para que dejaran de molestar a la trabajadora. Al final, la fiesta ha pasado factura. La sentencia obliga a Ábalos y Koldo a devolver un total de 43.950,54 euros (34.477,86 para INECO y 9.500,54 para TRAGSATEC). Un sablazo contable que intenta reparar el agujero dejado por un amor basado en la malversación.
Imaginen que van a donar sangre, un acto de generosidad pura, y terminan en medio de una guerra de trincheras lingüísticas. Así es la surrealista historia de Gabriel, un donante de 65 años que el pasado 6 de febrero decidió que su sangre era demasiado valiosa para ser gestionada por un médico que no dominaba el catalán. El facultativo, buscando precisión clínica para no meter la pata con la salud del paciente, pidió continuar el cuestionario en castellano. Gabriel, indignado, prefirió que la bolsa quedara vacía antes que ceder al idioma del vecino. Lo que podría haber sido una anécdota de mostrador terminó en un delirio judicial. Acció Cassandra, la misma entidad que defiende el insulto de «puto nazi» como libertad de expresión, ha decidido que pedir hablar en español es un «delito de odio» según el artículo 510.2.a del Código Penal. Es la gimnasia mental perfecta: llamar nazi es libertad, pero pedir castellano en una consulta es una agresión. Mientras tanto, en el Banco de Sangre y Tejidos de Baleares reina la perplejidad. La gerente, Rosa María Tarragó, confirma que no han recibido notificación oficial alguna, aunque el ruido mediático ya está haciendo su trabajo. Es fascinante el contraste: mientras Marga Prohens intenta poner la «alfombra roja» a los médicos en 2023 eliminando el requisito lingüístico para combatir la falta de personal, hay quienes prefieren que el paciente se quede sin médico —o el hospital sin sangre— con tal de que el diccionario sea el correcto. El Banco de Sangre ya pidió perdón, Gabriel ya volvió a donar y todo estaba zanjado, pero para algunos, el rencor ideológico es un combustible que no se agota ni con transfusiones.
Bruselas ha decidido jugar al escondite con la ética. Imagínate la escena: un edificio imponente, una lona gigante que grita 'Democracia' a los cuatro vientos y, justo debajo, una delegación del gobierno talibán entrando por la puerta trasera. Es el equivalente político a decir que eres vegetariano mientras te zampas una hamburguesa de doble queso en el baño para que no te vean. Este martes, con la precisión de un reloj suizo y el secreto de una sociedad clandestina, el Gobierno belga concedió un visado de 24 horas. Solo un día. Entran, negocian y se largan sin tocar un centímetro de suelo fuera de la capital, según Reuters. El ministro de Asuntos Exteriores de Bélgica, Maxime Prevot, se lavó las manos con elegancia: dice que no le gusta la idea, pero que como Bruselas es el patio de juegos de la UE, no le quedó más remedio que abrir la puerta. ¿El motivo del festín? Una 'reunión técnica' para gestionar la devolución de inmigrantes ilegales con antecedentes penales. Básicamente, la Unión Europea quiere limpiar su casa y ha decidido que la mejor forma de hacerlo es pactando con quienes prohíben los móviles y fomentan el matrimonio infantil. La hipocresía tiene un precio, y en este caso, se paga con el silencio. La Comisión Europea intenta pasar la pelota, alegando que veintena de países enviaron cartas exigiendo este acuerdo. No es un experimento nuevo; ya hubo un viaje a Kabul en enero y Alemania ya había adelantado el trabajo con un pacto similar. El Gobierno talibán, que tomó el mando en 2021 tras el adiós de los estadounidenses, sigue sin reconocimiento oficial. Pero claro, para los papeles dice que no existen, pero para las devoluciones son los socios ideales. Un negocio redondo donde la 'Democracia' de la lona es solo el envoltorio de un paquete muy oscuro.
Hay quienes juegan al Monopoly con el dinero de todos, pero con la diferencia de que las casas son empresas rescatadas y los billetes son reales. La UCO ha desguarnecido el telón de la trama de Leire Díez, donde el grupo 'Hirurok' —esa selecta tertulia compuesta por Díez, el expresidente de la SEPI Vicente Fernández y el empresario Antxon Alonso— operaba como una especie de gestoría de influencias VIP. Mientras el ciudadano medio pelea con la administración por una ayuda de 200 euros, Tubos Reunidos recibió un chute de 112,8 millones de euros del Fondo de Apoyo a la Solvencia de Empresas Estratégicas (FASEE). La coreografía fue casi musical. El 15 de junio de 2021, el expediente llegó al Consejo Gestor solo para 'informar', es decir, para ver si alguien se atrevía a decir que no. Como hubo dudas, Vicente Fernández activó el protocolo de la calle: pidió a Antxon que 'tanteara' al PNV para desbloquear el grifo. Un mensaje de WhatsApp, una llamada a Sabin Etxea y, mágicamente, el 13 de julio de 2021 el expediente volvió a subir y fue aprobado sin pestañear. La recompensa por este 'servicio de intermediación' no fue un apretón de manos; el grupo Hirurok se embolsó 114.950 € de la compañía rescatada. Una comisión que, comparada con los 112 millones, parece calderilla, pero que demuestra que en los despachos la meritocracia es un mito y el contacto adecuado es la única moneda que cuenta. Vicente Fernández, con la sutileza de un mazo, resumió la operación: hablar con el PNV un martes y que se apruebe el siguiente no es casualidad. No es gestión, es ingeniería de contactos aplicada al erario público.
Hay quien gestiona la administración pública y hay quien la usa como un club de lectura privada para amigos con hambre de millones. La UCO de la Guardia Civil acaba de destapar un manual de instrucciones sobre cómo 'aceitar' la maquinaria del Estado. En el centro del baile, la SEPI, que en lugar de actuar como guardiana del erario, parece haber funcionado como una agencia de filtraciones VIP durante la pandemia. La jugada es de manual: Vicente Fernández, el hombre de confianza de María Jesús Montero, decidió que los expedientes confidenciales eran sugerencias abiertas. Según el informe entregado a la Audiencia Nacional, Fernández no solo movió hilos, sino que ejecutó una 'hoja de ruta' para que la información privilegiada llegara a los oídos adecuados. El objetivo era claro: presionar al PNV y asegurar que el rescate de Tubos Reunidos no se quedara en un simple 'estamos evaluándolo'. Mientras el ciudadano medio peleaba con la burocracia para cobrar un subsidio, en julio de 2021, Fernández y Antxón Alonso (socio de Santos Cerdán en la ya investigada Servinabar) se escribían por Threema, esa aplicación para los que no quieren que el rastro quede escrito en piedra. En esos mensajes, la 'perspectiva del PNV' era la llave maestra. El resultado de esta ingeniería de pasillo fue un sablazo épico: Tubos Reunidos se embolsó 112,8 millones de euros de los Fondos FASEE. No fue suerte, fue asesoramiento premium. Fernández filtró dictámenes y acuerdos de dirección para que la empresa supiera exactamente qué palabras decir y qué casillas marcar para cobrar el cheque. Al final, el dinero público fluye con una facilidad pasmosa cuando el camino está pavimentado con influencias y aplicaciones cifradas.
Comentarios