Crítica:
La noticia es un manual de nepotismo moderno, aunque el texto original peca de ser demasiado deferente con los tiempos procesales. El contraste entre el 'beneficio neto' y la falta de clientes reales es la verdadera joya del escándalo.
La noticia es un manual de nepotismo moderno, aunque el texto original peca de ser demasiado deferente con los tiempos procesales. El contraste entre el 'beneficio neto' y la falta de clientes reales es la verdadera joya del escándalo.
Hay quien dice que el teatro es un arte, pero lo de Antonio Camacho en el Juzgado Número 41 de Madrid es, sencillamente, una obra maestra del surrealismo jurídico. Imaginen la escena: el abogado de Begoña Gómez mirando al juez Juan Carlos Peinado y soltando, sin pestañear, que este asunto tiene cuatro veces más impacto mediático que la muerte del Papa Francisco. Sí, cuatro veces. Básicamente, que el fin del pontífice es un trámite administrativo comparado con el ruido que genera la esposa de Pedro Sánchez en los pasillos de Plaza de Castilla. Mientras el ciudadano medio se pelea con la factura de la luz, aquí se juega la partida del pasaporte. El magistrado no se ha dejado llevar por la lírica y ha decidido enviarla a juicio oral y quitarle el pasaporte. Un sablazo procesal que deja a la señora en tierra. El núcleo del conflicto es un software de la Universidad Complutense de Madrid que, según la defensa, fue un 'ofrecimiento generoso' de Begoña ponerlo a su nombre. Traducción para los que hablamos idioma calle: intentar registrar a tu nombre algo que es de la universidad y luego decir que era un favor cuando el juez ya te está pidiendo cuentas. Una jugada de esas que en el barrio llamaríamos 'querer colar el gol después de que el árbitro haya pitado falta'. La tensión alcanzó el clímax cuando Camacho decidió jugar al interrogatorio rápido con el abogado de la Complutense, olvidando que en el Juzgado Número 41 el que pone las reglas del juego es Peinado. El juez, con la paciencia de quien sabe que tiene el mazo en la mano, le recordó que él dirige la orquesta. Al final, nos queda la imagen de una lucha de egos donde la malversación y la apropiación indebida son el telón de fondo de una batalla por quién grita más fuerte en la televisión.
Que el juez Peinado haya retirado el pasaporte a Begoña Gómez por riesgo de fuga no es un capricho judicial, es sentido común para quien conoce el patio deنا casa. Mientras el ciudadano medio suda la gota gorda para que no le suban la cuota de la hipoteca, aquí hablamos de una señora acusada de cuatro delitos y bajo investigación por otros dos, sospechosa de usar la Presidencia del Gobierno como una oficina de gestoría privada para sus negocios. El entramado es digno de una serie de Netflix: fondos públicos moviéndose sin permiso, la complicidad de Cristina Álvarez —funcionaria de la Moncloa que parece haber confundido el servicio público con un club de favores— y el amigo Barrabés aceitando la cátedra. Lo verdaderamente delirante es la sorpresa de algunos ante la posibilidad de que la policía, en lugar de ponerle las esposas, le abra la puerta del garaje para que desaparezca. Pero es que en este país tenemos una tradición ancestral en 'ayudas logísticas' para los amigos. No hemos aprendido nada del Caso Zapatero, donde el idealismo de fachada escondía una caja fuerte llena de joyones y una fortuna amasada sirviendo al régimen de Caracas. Si ya tuvimos la comedia de Puigdemont escapando en el maletero de un coche con la bendición de los cuerpos de seguridad, ¿quién puede asegurar que la escolta de Gómez no reciba una llamada de 'órdenes superiores' para mirar hacia otro lado? Desde las cloacas de Rubalcaba hasta los brindis de la marisquería Rianxo, el sistema parece venir corrompido de fábrica. El juez Peinado no es un cínico; es un observador que recuerda que, entre detenciones ilegales como la de Nacho Cano y despliegues militares en la Plaza de Castilla para proteger la entrada de la esposa del Presidente, la ley a veces es solo una sugerencia dependiendo de quién firme el cheque o el decreto.
Hay una coreografía muy fina en el arte de gestionar el poder: mientras el ciudadano medio suda tinta para que el banco no le cobre una comisión por mirar la cartilla, en las altas esferas del PSOE la contabilidad parece un juego de Lego donde las piezas nunca encajan a propósito. Teresa Gómez ha desgranado el 'modus operandi' de las facturas falsas en el partido, esa ingeniería creativa donde el gasto público se convierte en un truco de magia para borrar rastros. Es la eterna historia del sablazo institucional disfrazado de gestión administrativa. Luego tenemos a José Luis Rodríguez Zapatero, que ha vuelto a la escena pública para recordarnos que el camino desde Moncloa hasta los negocios en China es más corto que la cola del supermercado un domingo por la tarde. Pelayo Barro ha puesto el foco en Miguel Sebastián, quien ahora se pone la capa de defensor del expresidente, pero que en su día fue el asesor cabecera para que los negocios chinos fluyeran sin demasiadas preguntas. Es el clásico 'yo te cuido la espalda y tú me abres la puerta del Pando'. Para rematar el menú de la hipocresía, Marcos Sierra nos recuerda que el fútbol no es menos cínico. El caso Negreira sigue ahí, flotando como un recordatorio de que, en el deporte como en la política, hay recibos que no son por servicios prestados, sino por silencios comprados. Todo esto mientras Rocío Regidor dirige el circo en 'Al tanto', la tertulia de THE OBJECTIVE, donde se analiza la actualidad del 19 de junio de 2026. Al final, entre el Mundial, el debut de España y las exclusivas, nos queda la sensación de que el país es una empresa donde los dividendos siempre se los llevan los mismos, mientras nosotros seguimos intentando entender la letra pequeña del contrato.
Hay que tener valor para despertar un domingo a las 10 de la mañana con una reunión telemática de urgencia. Pero claro, cuando el juez Juan Carlos Peinado decide que los escoltas de Begoña Gómez no son precisamente ángeles guardianes, sino potenciales cómplices de una fuga cinematográfica, el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) se pone el pijama de gala. Peinado ha enviado a juicio a la esposa de Pedro Sánchez por cuatro delitos, pero el verdadero 'bombazo' no es la retirada del pasaporte ni la comparecencia quincenal; es la sugerencia de que los agentes del Estado podrían ayudarla a desaparecer, ya sea por iniciativa propia o siguiendo órdenes de arriba. Es como si el juez pensara que el servicio de protección es, en realidad, una agencia de viajes clandestinos. Fernando Grande-Marlaska, el ministro del Interior, no ha tardado ni un segundo en montar el escenario. Ha lanzado una 'queja enérgica' a Isabel Perelló, presidenta del CGPJ, indignado porque el juez ha puesto en duda la profesionalidad de sus agentes. Para Marlaska, que Peinado sospeche que un superior podría dictar órdenes ilegales para facilitar una huida es un 'hecho de máxima gravedad'. Mientras el ciudadano medio se pelea con la administración para renovar el DNI, en las altas esferas se pelean por ver quién tiene el guion más dramático. El CGPJ ahora debe decidir si el juez Peinado ha cruzado la línea o si simplemente ha tenido una epifanía sobre cómo funcionan los favores en el poder. Al final, el auto judicial es el detonante de una guerra de egos donde la profesionalidad de la policía es la moneda de cambio en un tablero de ajedrez político.
En España tenemos una tradición admirable: el banquillo de los acusados es la única mesa donde todos los poderosos acaban sentados, desde Rodrigo Rato hasta la Infanta Cristina. Ahora, el juez Juan Carlos Peinado ha decidido que es hora de ampliar la lista de invitados y ha convocado a Begoña Gómez para un juicio que, según el calendario, probablemente se celebre en 2028. No es una cita cualquiera; hablamos de tráfico de influencias, corrupción en los negocios, apropiación indebida y malversación. La trama es un manual de 'emprendimiento' para quienes tienen el pase VIP a la Moncloa. Según el auto de 84 páginas, Gómez no se limitó a ser la esposa de Pedro Sánchez, sino que utilizó esa etiqueta como un acelerador de partículas para su carrera. El juez describe un esquema donde la Cátedra de la UCM era la fachada —el envoltorio bonito— mientras que el contenido era captar fondos privados para su propio bolsillo. Mientras el ciudadano medio pelea con la factura de la luz, aquí se habla de usar software financiado por la universidad y desarrollado por gigantes como Indra, Telefónica y Google para lucrarse a través de una sociedad llamada Transforma TSC. Es el clásico truco de cambiar el nombre del bote pero mantener el mismo veneno para confundir al cliente. El guion se completa con la asesoría de Cristina Álvarez y la complicidad del empresario Juan Carlos Barrabés. Peinado no se ha andado con juegos y ha quitado los pasaportes, sugiriendo que, si la pena llega a los 16 años, la tentación de 'irse de vacaciones' permanentemente es alta. Incluso lanzó un dardo contra los escoltas, insinuando que podrían ayudar en una fuga, lo que ha provocado que el ministro Fernando Grande-Marlaska y sindicatos como Jupol se pongan el pecho. Mientras tanto, el PSOE ha activado el modo 'blindaje', con ministros como Puente y Morant calificando el proceso de 'ignominia' y 'persecución', transformando un auto judicial en una guerra de hashtags con el #YoConBegoña.
Hay quien confunde la diplomacia con un club de vacaciones VIP y la República Dominicana parece haber sido el resort preferido de la vieja guardia del PSOE. Mientras el ciudadano medio pelea con la inflación para comprar un kilo de manzanas, José Luis Rodríguez Zapatero planeaba un aterrizaje en Santo Domingo que olía a escapatoria. El plan era sencillo: saltar de la isla a Caracas en un vuelo privado fletado por el Palacio de Miraflores, evitando así que la justicia española y la causa de Plus Ultra le pasaran factura por cuatro delitos de corrupción. Pero el Departamento del Tesoro de EEUU no estaba para juegos y ya tenía a los agentes esperando en el aeropuerto de Las Américas para cortarle el paso. La Casa Blanca, bajo la mano dura de Donald Trump y el secretario de Guerra Pete Hegseth, ha decidido que el 'santuario' del socialismo caviar se ha acabado. Ya no basta con que Luis Abinader mire hacia otro lado mientras José Bono se convierte en ciudadano dominicano y monta cuatro sociedades 'offshore' desde 2020 para blindar sus activos. Bono, que juega a ser el asesor de la Policía Nacional dominicana mientras reside allí varios meses al año, descubre ahora que el escudo caribeño tiene agujeros. El despliegue de ironía es total: aviones de PDVSA y hasta el jet privado de Víctor de Aldama sirvieron de taxis de lujo para el exmandatario. Mientras tanto, en Moncloa el sudor es frío; el juez Juan Carlos Peinado ya le ha quitado el pasaporte a Begoña Gómez y rastrea los vuelos de Cristina Álvarez. Solo en 2025, el Ejército del Aire hizo una docena de vuelos VIP a la isla, alegando que eran 'escalas'. Una escala muy cómoda para quienes confunden la gestión pública con una ingeniería financiera en el paraíso.
El Gobierno ha decidido que la genealogía es una cuestión de fe y conveniencia electoral. Mientras el ciudadano medio lucha contra la burocracia para renovar un DNI, el Ejecutivo ha montado un 'todo incluido' de nacionalidades que parece más un casting de realidad que un proceso administrativo. Bajo el paraguas de la Ley de Memoria Democrática, han ejecutado una maniobra de ingeniería social digna de un casino: ampliar la nacionalidad hasta el siglo XIX. ¿El truco? Una instrucción del 25 de octubre de 2022 firmada por Sofía Puente, que básicamente decidió que cualquiera que se marchara de España entre 1936 y 1955 era un exiliado, sin importar si huía de una bala o simplemente buscaba un mejor sueldo en América. Es como si en el contrato de alquiler te dijeran que no aceptan mascotas y, cinco minutos después, el portero te dejara meter un zoológico completo por la puerta de atrás. Lo más delirante es que el Parlamento ya había dicho que no. El 14 de julio de 2022, el Congreso dinamitó la propuesta de Ciudadanos con 264 votos en contra. Pero, ¡oh sorpresa!, la administración decidió que lo que el legislador rechaza, la burocracia lo aprueba con un sello. Resultado: más de 545.000 nacionalidades concedidas y una ambición de llegar a los 2,5 millones. Mientras tanto, un recurso de la Asociación por la Reconciliación y la Verdad Histórica lleva durmiendo en el Tribunal Superior de Justicia de Madrid desde diciembre de 2022, amenazando con convertir este castillo de naipes en un caos de anulaciones. Entre el 'coladero cubano' denunciado por Santiago Abascal y el silencio sepulcral del Gobierno sobre la falta de base jurídica, queda la duda: ¿quién vigila al vigilante cuando el fiscal de turno es un fichaje de confianza?
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