Sears Sold 75,000 DIY Mail Order Homes Between 1908 and 1939, and Transformed American Life

Sears: Cuando comprar casa era como IKEA

economia Una ilustración conceptual estilo vintage de principios del siglo XX. Se ve un tren de vapor descargando enormes cajas de madera marcadas como 'Kit de Casa' en una estación rural. Al lado, un catálogo abierto muestra el dibujo de una casa colonial, y un grupo de personas con ropa de época miran los planos con asombro. Colores sepia y texturas de papel antiguo.

Imaginen que pedir una casa fuera tan sencillo como pedir una pizza o, mejor dicho, como comprarse una tostadora. Pues bien, entre 1908 y 1939, Sears, Roebuck & Co. convirtió el sueño americano en un juego de LEGO para adultos. No era arquitectura de vanguardia, era logística pura y dura: te mandaban un kit de 25 toneladas por ferrocarril con 30.000 piezas precortadas y unos 340 kilos de clavos.

Básicamente, el 'montaje fácil' antes de que IKEA nos hiciera llorar con una llave Allen. La hipocresía corporativa ya existía entonces; Sears se vendía como el innovador, pero probablemente le robó la idea a Aladdin, una empresa que hoy nadie recuerda. Mientras Montgomery Ward intentaba pillarles el truco en 1921 (y fracasaba en diez años), Sears ya había colocado entre 70.000 y 75.000 casas en 447 estilos diferentes.

Desde el modesto modelo 125 —un bungalow de ocho habitaciones que en 1908 costaba 945 dólares— hasta la ostentosa 'The Magnolia', una mansión neogeorgiana de 6.488 dólares que hoy equivaldría a unos 88.000 dólares. Un chollo, claro, siempre que no te importara pasar los fines de semana martillando madera con los vecinos. Lo más delirante es que el 50% de estas casas las montaron los propios dueños.

Era el 'hazlo tú mismo' llevado al extremo: un manual de 75 páginas y mucha fe. Aunque ofrecían calidades como Honor Bilt o Simplex Sectional, había un detalle divertido: muchas no incluían baño. El retrete exterior se vendía por separado, como quien compra el seguro del coche aparte.

Hoy, con más de 18.000 ejemplares en pie, estas casas son reliquias de una era donde la calidad no era un eslogan de marketing, sino roble y cedro real.

Crítica:

El texto original es una oda nostálgica que olvida mencionar el estrés real de montar una casa sin ser arquitecto. Demasiado romance y poca mención a los desastres constructivos de la época.

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