España ha empeorado en tres 'rankings' de pobreza de la UE desde que gobierna Sánchez

España: más fibra, pero menos carne

economia Una ilustración conceptual y satírica. Un plato de cerámica blanca vacío sobre una mesa de madera desgastada, pero junto al plato hay un router de internet moderno con luces LED brillantes y cables de fibra óptica que rodean el plato como si fueran cadenas. Estilo artístico de editorial periodístico, colores fríos y contrastados, iluminación dramática.

Mientras el relato oficial nos vende una España blindada y progresista, los datos de Eurostat actúan como un cubo de agua fría en plena calle. Resulta fascinante, casi poético, que hayamos escalado puestos en los rankings de la miseria. No es una promoción laboral, es una carrera hacia el abismo.

En 2018, España estaba en la 19ª posición en cuanto a personas que no pueden permitirse carne o pescado cada dos días; hoy, con una agilidad envidiable, hemos subido al 14º puesto. Hemos pasado de un 3,6% a un 5,3% de ciudadanos que miran el mostrador de la pescadería como quien mira una vitrina de joyería.

Países como Polonia o Bélgica nos han dejado atrás en el arte de pasar hambre. El ocio, ese lujo de quien no tiene que hacer malabares con el alquiler, también es una utopía para más gente. Hemos empeorado una posición, situándonos octavos en la UE, rozando el talonario de Rumanía y Lituania.

Y si hablamos de exclusión social, la cifra es un puñetazo: 12,5 millones de personas (un 25,7% de la población) están en el riesgo de pobreza, catapultándonos al quinto puesto europeo. Es decir, que mientras el Gobierno presume de indicadores, la realidad es que somos la quinta potencia en precariedad. La paradoja es deliciosa: tenemos fibra óptica en cada esquina —bajando del 5,6% al 1,7% de excluidos digitales—, así que ahora podemos leer el precio del aceite en tiempo real y en alta definición mientras la nevera bosteza.

La brecha social es un abismo: desde 2018 hay 1,7 millones de pobres más y, para darle el toque maestro a la ironía, 35.500 millonarios nuevos según el INE y Capgemini. Todo esto mientras Unicef califica de «dramática» la situación de 700.000 niños en carencia material severa.

Una gestión redonda.

Crítica:

El texto original es un despliegue de cifras que asfixia al lector. Le falta el valor añadido de conectar la infraestructura digital con la miseria alimentaria para resaltar la absurda prioridad del Estado.

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