El tomate marroquí destruye 24.000 empleos en España en cinco años y arrasa con 4.000 hectáreas de cultivo

Tomate marroquí: el sablazo al campo español

economia Una ilustración conceptual y satírica. Un tomate gigante con una bandera de Marruecos aplastando una pequeña planta de tomate española y un calendario que marca el paso de los años. Al fondo, un edificio burocrático estilo europeo con ventanas cerradas. Estilo editorial de revista económica, colores contrastados, atmósfera de decadencia agrícola.

Hacer la compra en el supermercado se ha convertido en un ejercicio de masoquismo para el agricultor español. Mientras nosotros nos peleamos por ahorrar unos céntimos en la bandeja de plástico, en el campo se está librando una guerra donde el enemigo no usa balas, sino precios imposibles.

La matemática es cruel: el tomate marroquí entra en nuestro mercado a 46 céntimos el kilo, mientras que el producto nacional ronda el euro. Es como intentar jugar una partida de póker donde el rival tiene todas las cartas marcadas y nosotros pagamos la entrada. El resultado de este 'descuentazo' institucional es una sangría que no se detiene.

En los últimos cinco años, España ha visto evaporarse 4.000 hectáreas de cultivo. No es un dato cualquiera; es el 33% de la superficie dedicada al tomate en invierno, que ha pasado de 12.000 a unas miserables 8.000 hectáreas. Pero el verdadero sablazo llega cuando traducimos la tierra en personas.

Según Andrés Góngora, secretario general de COAG, cada hectárea sostiene seis puestos de trabajo. Hagan la cuenta: 24.000 familias que se quedan sin el sueldo porque la Unión Europea prefiere el ahorro inmediato que la supervivencia del campo. Y como si el agujero no fuera ya lo bastante profundo, Bruselas prepara el siguiente movimiento.

En octubre se ratifica el Acuerdo de Asociación entre la UE y Marruecos, una joya de la ingeniería diplomática que, tras una sentencia del TJUE, pretende incluir los productos del Sáhara Occidental bajo las mismas preferencias arancelarias. Básicamente, le están abriendo la puerta de casa al competidor que ya nos ha dejado tiritando, asegurándose de que el tomate nacional sea un objeto de lujo mientras el campo español se convierte en un recuerdo nostálgico.

Crítica:

La noticia expone el síntoma pero ignora la patología: no cuestiona por qué la UE firma acuerdos suicidas. Es un reporte de daños que se queda corto en la denuncia política.

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