For Over Four Years, the Hirshhorn Worked to Revitalize Its Sculpture Garden. Today, It's Home to a 'King and Queen,' a 'Wish Tree' and a 55,000-Pound Vertical Swimming Pool Artwork

Piscina vertical y espejos: el nuevo Hirshhorn

cultura Una ilustración conceptual de un jardín hundido de estilo brutalista con un anillo de hormigón. En el centro, destaca una escultura gigante de una piscina de acero inoxidable colocada verticalmente. El entorno combina vegetación moderna, esculturas de bronce abstractas y paneles de acero reflectantes que distorsionan el paisaje. Estilo artístico contemporáneo, luz natural de atardecer, atmósfera serena y vanguardista.

El Hirshhorn Museum ha decidido que su jardín ya no puede ser ese descampado hostil de 1974 donde, según cuenta Marina Isgro, solo sobrevivía un árbol solitario y el optimismo del brutalismo. Tras cuatro años de obras y un inicio formal en 2022, el espacio de 1.3 acres reabre este sábado 31 de octubre, transformándose en un refugio que no solo busca la meditación, sino que se permite el lujo de jugar con el visitante.

El arquitecto Hiroshi Sugimoto, que ya había retocado el lobby en 2018, ha diseñado una entrada donde los espejos de acero inoxidable distorsionan la realidad según la altura: un guiño para que los niños se sientan protagonistas y los adultos recuerden que el arte también es jugar a ser deforme. Pero el verdadero 'sablazo' visual es la obra Eight de Elmgreen & Dragset.

Imaginen una piscina vertical de acero inoxidable de 28 pies de altura y 55.000 libras de peso. Para meter este 'monstruo' en el jardín, hicieron falta una grúa de 300 toneladas y un viaje transoceánico, porque aparentemente, para representar la 'comunidad', hace falta desplazar toneladas de metal desde Berlín.

Mientras tanto, en el lado este, el bronce clásico mantiene el tipo. Tenemos el King and Queen de Henry Moore (1952-1953), que es básicamente el 'American Gothic' británico, y los Burgueses de Calais de Rodin, instalados ahora a ras de suelo, tal como el artista quería antes de que la burocracia del siglo XIX los subiera a un pedestal para que no molestaran. El jardín cierra el círculo con el toque contemporáneo de Yoshitomo Nara y sus niños 'tiernos pero inquietantes', y el regreso del Wish Tree de Yoko Ono.

Un árbol donde cuelgas tus deseos para que luego el personal del museo los recoja y los mande a Islandia. Una logística envidiable para gestionar la esperanza pública.

Crítica:

El texto original es un folleto publicitario disfrazado de noticia. Omite convenientemente el coste económico de mover una grúa de 300 toneladas para instalar una piscina vacía.

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