How 'spacewalking' underwater made me feel like I was really in space

Astronautas de pecera: el espacio bajo el agua

ciencia Una ilustración conceptual y surrealista que fusiona el fondo del océano con el espacio profundo. Un buzo con equipo de buceo antiguo y moderno mezclados, flotando entre corales que parecen nebulosas espaciales y peces que parecen estrellas brillantes. Estilo artístico digital, colores azul profundo, violeta y dorado, atmósfera onírica y cinematográfica.

Hay gente que paga miles de euros por un hotel con vistas al mar y hay otros, como la doctora Michaela Musilova, que deciden mudarse a 7 metros de profundidad en el Jules’ Undersea Lab de Florida para jugar a que están en Marte. La misión SEA STAR es, básicamente, el simulador de vuelo más húmedo de la historia.

Musilova, que ya lleva 40 misiones análogas al hombro, nos cuenta que cambiar el vacío del espacio por el agua salada tiene un truco: si el equipo falla, no puedes simplemente 'abrir la ventana' para tomar aire. Es el equivalente a que se te apague el móvil en mitad de un bosque sin GPS, pero con la presión del océano intentando aplastarte los pulmones. La diferencia técnica es un chiste comparativo.

Mientras que un traje espacial real pesa unos 141 kilos —más que un frigorífico americano lleno de comida—, los trajes análogos terrestres apenas rozan los 14 kilos. Pero en el fondo del mar, el peso es lo de menos; lo que importa es la 'saturación', ese estado donde tus tejidos absorben gas inerte como una esponja absorbe agua, dejándote encadenado al fondo durante cinco días.

Para darle realismo al asunto, Musilova y su equipo usaron guantes y linternas, transformando la destreza humana en la de alguien que intenta pelar una naranja con guantes de cocina. Entre la visibilidad nula y el riesgo de decompression sickness, la misión se convirtió en un ejercicio de paranoia controlada.

Al final, resulta que para sentirse como un astronauta no hace falta gastar miles de millones en cohetes que explotan en la plataforma de lanzamiento; basta con encerrarse en un tubo de metal bajo el agua, rezar para que no haya fugas y fingir que los percebes son rocas lunares.

Crítica:

El texto original es una pieza de relaciones públicas disfrazada de diario personal. Le sobra romanticismo y le falta profundizar en el coste real de estas simulaciones.

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